Hoy que leen es Nochebuena, todo junto o separado pero así nos entendemos.
Este año llega desde septiembre porque las tiendas se encargaron de anticiparlo para que todos corriéramos a comprar arbolitos, inflables, luces y esferas para adornar casas, calles, edificios e interiores.
La Navidad nos viene llegando desde el Halloween, el día de muertos, la virgen de Guadalupe y los cuatro domingos de adviento, del que no sé cuánta gente recuerda hacer el memorial de una preparación espiritual que va cayendo poco a poco en el olvido o el desconocimiento de la generalidad.
La ciencia o los avances de investigaciones nos recuerdan que el 24 de diciembre como fecha en la que el mundo católico y cristiano, celebra la venida de Jesús, el Salvador de la Humanidad, tiene sus antecedentes en el mundo pagano, en el final o el cierre de cosechas y del trabajo del campo y de las últimas lunas de las que no seguramente han leído.
El punto es que la verdad cambia conforme “se sabe más”, pero lo que vale la pena conservar es, desde mi manera de sentir esta época, la sensación de haber recorrido los 365 días del año como mejor pudimos, con nuestras propias capacidades sin intentar imitar o competir; sientiendo que “el otro” es importante y que siempre es mejor el diálogo que el monólogo para demostrar que se tiene la razón. Que es mejor perder una discusión que perder la cabeza o el respeto por uno mismo y por los demás. Que los prejuicios y las historias que nos contamos sobre nosotros o sobre los demás nos alejan de la realidad y entorpecen nuestras relaciones. Y que es mejor dejar que la vida suspire a sus anchas que empujarla hacia nosotros o lejos de nosotros.
Deseo que cada lector encienda una luz y dedique un minuto a pensar en los que no tienen la vida que gozamos muchos y que esa reflexión nos lleve a movernos en favor de aquellos que nos necesitan; que seamos un hombro en donde alguien se recarga, una escucha para el que lo necesita, que demos una oportunidad a quien la busca honestamente y que en nuestro día a día seamos conscientes de que habitamos el mismo mundo, respiramos el mismo aire, nos bastecen los mismos ríos y nos calienta el mismo sol. Que nadie es dueño del planeta y que nos corresponde cuidarlo y protegerlo de la escalada humana.
Demos gracias por habitarlo y porque se nos permite esta gran experiencia que es la de vivir en él. Y que la Navidad sea una oportunidad para iniciar un ciclo más con una visión más amplia y humana.
¡Lo mejor!