¿Nos hacemos pendejos?

Luego de la detención del alcalde panista de Matehuala se han sucedido una serie de hechos y declaraciones que lejos de clarificar el asunto por los presuntos delitos imputados, que de entrada resultan bastante inciertos, contribuye a incrementar la duda sobre la probable responsabilidad de Iván Estrada e incluso sobre las pruebas que sobre el caso dice tener la Fiscalía.     

Los señalamientos y persecución contra este alcalde no son cosa nueva, comenzaron a principios del mes de mayo en un contexto cercano y vinculado con la desaparición de migrantes el mes anterior. En aquellos días mucho se especuló sobre el control que grupos del crimen organizado mantenían sobre el municipio norteño, donde contaban con el apoyo del propio alcalde, en razón de ciertas grabaciones con origen incierto (algo así como lo que en la Ciudad de México acostumbraba Héctor Serrano Cortés, nuestro vecino desde hace algún tiempo) que comenzaron  a circular en redes sociales. Tras aquello vino una detención breve y después se le obligó a un registro de voz, a efecto de compararla con las grabaciones. 

Hace unos días fue detenido de nueva cuenta por un asunto distinto de aquel, ejercicio abusivo de la función pública, dijo la Fiscalía; luego se aprovecharía para (ya entrados en gastos, escándalos, montajes) afirmar que según las periciales practicadas, las grabaciones coincidían con su voz.  

Esta fue la señal que esperaba el gobernador para externar, en un tono más solemne que el de la cátedra pontifical, lo preocupante del caso que se vive en Matehuala. Curiosos señalamientos ya que parece olvidar que él mismo, y en una situación similar, que por cierto aún se mantiene vigente, estuvo en un penal federal de máxima seguridad. Bajo esa lógica es preocupante lo de Matehuala, sí, como también fue  preocupante lo de Soledad y, más preocupante todavía, su llegada a la gubernatura.

Pero también, fiel en el empleo de adjetivos vulgares, el gobernador aprovechó para señalar que “se hacen pendejos” los que cuestionan y critican la detención del alcalde, argumentando que ignoran el asunto y desconocen la magnitud de los boquetes en las arcas de aquel municipio. 

Las pruebas al parecer son irrefutables: como que el acusado ha recibido ingresos superiores a sus percepciones por el cargo y ha llenado la estructura municipal de aviadores;  ¿de nueva cuenta no se percatará el gobernador que escupe para arriba? Quedan, además, las grabaciones de voz que, en caso de ser auténticas, fueron obtenidas de manera ilegal.  Así las cosas. 

Más allá de la posible culpabilidad y con todo y el original descalificativo que nos toca a quienes dudamos y cuestionamos, es más que válido  suponer dos posibilidades en el asunto: primero, se utiliza como un distractor luego de las críticas y burlas surgidas en torno a la charreada del gobernador, que resultó un estridente  fracaso y, segundo, es también evidente que busca apropiarse de la alcaldía matehualense la cual es una de las pocas que aún conserva eso que llaman oposición. Algo así como un “quinazo”, pero en burdo. 

En este panorama resultan curiosas las tibias declaraciones, primero del panismo en pleno, o bueno de su propietario y sus asistentes más notables, y luego las del diputado Rubén Guajardo que por primera vez cuestiona el actuar de la Fiscalía. ¡Ternurita!, ¿no se habría dado cuenta, en tantos años viviendo del sistema, que en otras ocasiones también ha actuado de manera viciada?, ¿o le gusta hacerle al misterio del conejo?, ¿o sólo les preocupa cuando los afecta a ellos?, ¿o será que hacen como que protestan pero no le mueven más porque después no vaya siendo? 

Como quiera, parece ser que el caso va para largo y ya tendrán oportunidad los panistas de demostrar si realmente son amigos de pala del alcalde caído en desgracia o sólo es ficción literaria. Digo, ya era para que Xavier Azuara hubiera puesto a trabajar en la defensa a su candidato a magistrado o ¿será que sólo sirve para andar apuntalándole a la gallardía asuntos de puentes en terrenos ejidales?      

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A propósito de represores y testaferros, sería importante preguntar al general en funciones de policía, Guzmar González, ¿cuáles son los momentos propios para una protesta pacífica? Quizá el gobernador debería comisionarlo para escribir y publicar un Manual de protocolos para el perfecto manifestante. Y uno que piensa que los militares son personas dignas.