Nos íbamos

Tras décadas de vida y trabajo, creo que sigo aprendiendo más cosas que las que alcanzo a utilizar. A veces lo lamento, ya que a la mejor he acumulado más experiencia que la que me pudiera servir.

Bueno, en otras palabras, me siento un poco desaprovechado. Pero ni modo, y acaso me queda pensar en voz alta o escribir para quien quiera escuchar o leer. En eso ando aquí y ahora.

Al regreso de unos días de descanso, como que apenas empezamos a abrir los ojos e incluso a checar párrafos en el periódico o en internet. Si esto nos da flojera, va a ser peor el torrente de spots y similares en la tele, pues estamos en plena campaña presidencial y ya vendrán las otras, que van a acabar de saturarnos.

Lo ideal sería evadir eso, pero no es fácil entre el constante cambio de canales o el uso de las rutas citadinas con menos anuncios espectaculares o pendones en los postes. Miren, no se trata de ser apolítico o anti-político, ni de desentendernos del futuro del país o nuestra comunidad. Inclusive ciertas broncas actuales se pueden asociar a rechazos o desdenes del pasado.

Pero, ojo, los candidatos van a insistir en mentiras y estupideces. Igual y varios ya tenemos decidido por quién votar o, al menos, por qué partido hacerlo, digan lo que digan unos y otros. Seríamos parte del voto leal o duro (34%) por costumbre familiar o personal e incluso por convencimiento. También, claro, es posible que aún no hayamos tomado una decisión definitiva. Pero, oigan, lo que ofrezcan difícilmente nos va a orientar: Cada aspirante se presenta como una generosa maravilla, y todos los demás vendrían a ser un verdadero desastre.

Entonces, habrá que escoger y valorar algunos puntos de fondo o muy relevantes para nosotros… Digo, más allá de si me cae bien o habla bonito o lo veo cercano o no es priista.

Y, hacia el final de las campañas, quizá sea viable una mejor decisión a favor de alguien, o hasta en contra de un candidato y su partido (el voto útil) al impulsar la alternativa que en las encuestas le siga a la que no queremos; en fin, se trataría de movernos entre la necesidad de un cambio histórico, y el temor a que todo pueda empeorar.

De tal manera, ellos podrían proponer y prometer lo que gusten estos meses, pero nosotros intentaríamos considerar sólo unas cuantas realidades comprobadas, en lugar de morder sus anzuelos, digamos… En lo posible, lo haríamos a partir de datos duros que no nos alejen de las urnas el día de la elección, sino que incluso nos animen a acudir con más idea.

Hoy domina el enojo contra los partidos (notablemente el PRI), sin importar tanto lo que traen todos los candidatos que fueron escogidos por dedazo. A su vez, con la excepción priista, más que el partido interesa la persona, aunque se piensa castigar a quienes han gobernado antes que checar el programa de cada uno.

En mi opinión, Meade sería mejor presidente que candidato, y resulta mucho menos cuestionable que el propio PRI (salvo por lealtades o complicidades) e inclusive menos que Anaya o Amlo (si vemos el origen de sus fortunas o de qué han vivido). Aun así, por su “decencia”, a JAM le podrá doler la corrupción de gobiernos priistas pero eso no lo salva ni lo deslinda. De Anaya queda claro que es un muchacho muy rico, que incluso ha preferido que su familia viva fuera de México, en Estados Unidos, y parece capaz de negar 3 veces a un compadre o hasta vender a su mamá. Él ve un futuro optimista pero lo hace desde lo alto y con las maravillas tecnológicas del primer mundo, cuando nuestros problemas son otros.

Aunque don Andrés pueda ser un peligroso megalómano de tendencias mesiánicas entre el bien y el mal, ha resultado más austero y menos ladino en los hechos. Su ingenuidad lo lleva a pensar que con un presidente honesto, los gobernadores van a ser honestos (eso sí, ojo, habrá que empezar por arriba), o también que conseguiremos dinero para todo lo que se le ocurra.

El puntero hace declaraciones aterradoras, pero uno tiene la esperanza de que como con Trump sean sólo rollos políticos para atraer multitudes. Algunos, sin embargo, dicen que es en serio eso de consultar al pueblo sobre las reformas especializadas y hasta el aeropuerto en construcción.

En fin, pase lo que pase, México no se va a acabar. Ya varias veces nos íbamos al carajo, o nos seguimos yendo, pero nuestro país es eterno y siempre tendremos lados buenos.

Todo ello lo trataré de ampliar y actualizar conforme se acerque la fecha de la elección. Apenas al arranque de las campañas podrán decir que, nos guste o no, Amlo será presidente como decisión —sobre todo— de las grandes mayorías agraviadas, si bien este escribano no puede confirmar eso todavía.

* DE SAN LUIS POTOSÍ hay algo que inquieta: El desalentador desempeño del gobierno del estado hacia la mitad del sexenio, que me ha sorprendido y me confirman diversos observadores. No me lo explico con la imagen que yo tenía del actual gobernador, pues.

La verdad, nunca pensé que JMCL pudiera avalar así la continuidad de la fallida administración de su predecesor, quien a estas alturas de su período ya empezaba a implorar que su tormento finalizara. No era cosa de prolongar o reproducir ahora aquel drama, y menos la corrupción que hoy se traduce en impunidad.

Hace una o dos décadas veía yo liderazgo y capacidad pero no detecto esos atributos al contemplar esta involución. Si nos fijamos, con algo que intento recordar y lo que me comentan estos días, tal vez podamos derivar aquí una pista.

Por allá en 2008, mi atento y buen amigo me invitó a comer en la CdMx. Platicamos de su trabajo y yo le comentaba de las preocupaciones en mis artículos sobre la situación política del país. Él, prudente como siempre, escuchaba y no objetaba ni asentía.

Al terminar y despedirnos, le pedí su opinión y me dijo: Eso es parte de una tendencia a largo plazo, un “gran ciclo” que incluye crisis de menor duración, pero todo tiene una lógica e irá cayendo en su lugar. Fue, pues, lo que alcancé a entender.

Con elementos recientes sobre su gobierno, trato así de unir cabos en un esquema en el que los problemas se irían corrigiendo casi solos. Me explican que es un gobernante de “dejar hacer, dejar pasar”. Esto, claro, encierra mayores peligros en política, si bien más adelante algunas cosas se podrían ir arreglando al caer por su propio peso. Ojalá no vayan tan mal.

* LE DESEO LO MEJOR a mi querido y respetado amigo

Lalo Izar Robles.

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