Novela negra para veranear

“El infierno se ha vaciado, y todos

los demonios andan sueltos…”

W.S. La tempestad.

Las vacaciones llegaron, para unos pocos bien merecidas, para otros, más necesitadas y para la gran mayoría porque así lo oferta el calendario laboral burocrático. Tiempos de ocio, pero con lectura, siempre he apreciado que lo mejor para pasar unos días de descanso es una novela negra, la novela policial. Digo, para no perder el hábito al delito y a la violencia cotidiana, o será que tal vez la novela negra conforme pasan los años, se está convirtiendo en el ácido desoxirribonucleico del entorno de varios lugares de México.

Hace once años escribía en este mismo espacio una trilogía llamada: Una pequeña novela ¿Seguridad mexicana, una novela policial? Hoy está más de moda que lo que pudiera pensarse, está acaparando la curiosidad tanto en Latinoamérica como en los Estados Unidos y en Europa, no se diga. En la que personajes, victimas y depredadores, así como detectives y psicópatas se adhieren en una magistral narrativa de los escritores de este género.

Algunos somos fanáticos del personaje central, que las más de las veces suele ser un investigador, un detective, un ex policía o un justiciero, ya sea hombre o mujer que se encarga de seguir pistas y perseguir al criminal, otros a este último lo consideran el elemento imprescindible en la novela, es de quien todos recuerdan su nombre y les intimida y quien últimamente se ha adueñado en superioridad como un gran hijo de puta de la novela criminal, como el personaje esencial. La lucha entre estos dos protagonista es cruel, y no siempre existe una clara visión de quien gana y de quien pierde.

Recomiendo un verano negro con la escritora recién fallecida, Sue Grafton, que por cierto vivió, escribió y murió en la preciosa ciudad de Santa Bárbara Cal., ciudad a la cual le tengo un recuerdo y cariño muy especial. Hace algunos años se puso como objetivo escribir una novela criminal por cada letra del alfabeto, le llamó “El Alfabeto Criminal”, una saga criminal que llevaba como personaje principal a una detective mujer llamada Kinsey Millhone, así empezó su primera novela con la letra A de Adulterio y llegó a la letra Y de Yesterday, no pudo concluir el alfabeto desgraciadamente.

Del mismo modo a Sergio Ramírez, premio Cervantes 2017, y con lo que acontece actualmente en Nicaragua gobernado e incendiado por “La chamuca”, vale la pena leerlo en estos días. Regresa con una nueva novela “Ya nadie llora por mí”, que retoma a la vida al ex guerrillero y ex policía nacional Dolores Morales que aparece hace diez años en “El cielo llora por mí”, novela enteramente policial en el mundo de la corrupción, el narcotráfico y junto con el subinspector Dixon (aún con vida) se enfrentan al Cartel de Cali y al de Sinaloa.

En esta nueva novela Morales está viejo y es investigador privado, con su fantasma a cuestas “Lord Dixon” (murió ametrallado por narcotraficantes), analítico, táctico y operativo que lo sigue a todas partes y le asesora; lo contratan para encontrar a la hijastra de un hombre millonario y poderoso quien ha desaparecido sin dejar rastro aparentemente. Junto con Sofía, Ovidio, Apolonio y el Dr. Vademécum, dejan de lado las investigaciones de adulterio de baja monta, para introducirse en el submundo de la política y las clases sociales de un país bananero.

TAPANCO: Y para los que ya conocen a Jorge Zepeda Patterson y tienen a “Los Azules” como sus héroes con “Los corruptores” y “Los usurpadores”, vale releerlos para terminar con el “Milena o el fémur más bello…”, ya de Usted depende estimado lector con que muslo gusta terminar estas vacaciones.

P.D. A propósito, los dejo descansar dos semanas, nos vemos el 16 de agosto.

Francisco.soni@uaslp.mx