“El respeto entre las
naciones es la paz”
Benito Juárez
Esta semana entre sus sucesos más determinantes, sin duda, se ubican la visita del Papa Francisco a Panamá, y, los sucesos políticos en Venezuela. Aunque, ambos acontecimientos van por senderos distintos (cuando menos hasta ahora), la declaración del pontífice, durante su recepción de Estado, marca la atención por el reconocimiento de que las personas poseen el derecho humano al “futuro”.
Desde luego, que el derecho a un desarrollo de la personalidad, es un tema bien discutido desde la disciplina de los DDHH, no obstante, su análisis implica ir más allá de la individualidad de la persona, reconociéndose la enorme importancia que el ambiente y el contexto juegan, es decir, el derecho al futuro sólo es posible si están dadas las condiciones en la colectividad.
Cuando los grandes contractualistas desarrollaban la teoría del pacto social, bien entendían las limitaciones de una individualidad para sobrevivir en un clima de caos y desorden, una jungla, en donde priva la ley del más fuerte o de la selva, de ahí, la necesidad de crear un ente llamado el Estado, cuya principal función era garantizar que la personas se desarrollaran dignamente. De aquí surge la paradoja de un Estado fallido en donde priva la violencia y la pobreza.
No pretendo analizar los hechos en Venezuela (sobre todo la legitimidad de la reelección presidencial, digamos, que aquí aplicaría la Doctrina Estrada), lo que sí vale resaltar, es que las personas estaban sufriendo algo similar a una crisis humanitaria, con escases de alimentos y éxodos masivos a países vecinos (derivado de un híper inflación económica).
Como se verá, ahora tenemos en rejuego dos conceptos de la Teoría del Estado, el contractualismo que explica su origen, y, el de soberanía (referenciada en la doctrina Estrada); con respecto a este último, merece un comentario, el conocimiento social no es estático, es verdad, que la soberanía durante mucho tiempo fue entendida como un dominio o imperium entre naciones, ósea, era una connotación horizontal, pues, el trato entre naciones es de iguales.
Empero, hoy en día desde el enfoque de los derechos humanos se está replanteando su significación, en virtud, de que cuando menos desde mitades del siglo XX, con la consolidación de las Naciones Unidas como un organismo internacional cuyas principales funciones son las de garantizar la paz mundial, al mismo tiempo, proteger los derechos humanos. De ahí, la mayoría de los países del mundo han signado convenios o tratados internacionales al respecto, y, es más, se han creado mecanismos internacionales de supervisión (la mayoría opera bajo un principio de “denuncia” por parte de otras naciones, o sus iguales, es decir, muchos informes en Naciones Unidas se producen, a partir, de la percepción de otros países).
Es por ello, que decía que el concepto de soberanía está siendo fuertemente cuestionado y replanteado por la disciplina de los derechos humanos, todo esto, nos invita a revalorar la doctrina estrada, como política de la diplomacia mexicana basada en la no intervención en los asuntos internos de otras naciones, dado que, si bien es cierto fue de gran utilidad este enfoque en el siglo XX plagado de guerras y altas tensiones entre bloques de países, dándolo prestigio internacional a nuestra nación por su neutralidad.
Sin embargo, a lo anterior, hoy los tiempos exigen conjugar, la riqueza de neutralidad de la doctrina Estrada, con la responsabilidad universal que conllevan los derechos humanos, sería imposible, pensar hoy en día en no condenar el golpe de Estado del dictador Augusto Pinochet, al Presidente socialista chileno Salvador Allende, en la década de los 70´s.
Las y los espero con el gusto de siempre el próximo viernes.
carloshernandezyabogados@hotmail.com