Ódiame, por piedad…

Lo cortés no quita lo valiente

Proverbio popular

En el romanticismo del peruano Rafael Otero (1921-1997), la canción Ódiame, que hiciera famosa el cantante Julio Jaramillo, refleja el deseo de un hombre enamorado de ser tomado en cuenta por la mujer amada. Expresa el deseo de ser tomado en cuenta frente a la posibilidad, dolorosa, de ser ignorado.

Sin embargo, esta versión poética del odio dista mucho del discurso de odio que tiende a la violencia y del cual es importante llamar a su atención y consideración.

El 3 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum publicó en redes un mensaje e imágenes sobre la afluencia de pasajeros en el aeropuerto internacional Felipe Ángeles (AIFA) que, el diputado federal del Partido Acción Nacional Federico Döring cuestionó; señalando que la presidenta publicó imágenes creadas con inteligencia artificial encubriendo una baja afluencia en dicho aeropuerto durante el periodo vacacional.

El día lunes 6, la presidenta expresó que la aseveración de que su publicación sobre la afluencia de pasajeros en el AIFA era creada y no real, “es utilizar la calumnia y la mentira como forma de comunicación, es el odio y el enojo llevados al máximo extremo”.

En voz de la presidenta, tal señalamiento representa una advertencia importante que nos hace pensar en el riesgo de que las diferencias políticas entre los actores políticos conlleven a la violencia. Veamos:

En el portal de la Organización de las Naciones Unidas definen el discurso de odio como un discurso ofensivo que puede poner en peligro la paz social, señalando que corresponde a “cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, —o también comportamiento—, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad”; lo que, en este caso, nos remite a la identidad política.

Por otra parte, en su libro: El odio; de Carlos Castillo (2002) cita que “el odio nace de percibir al objeto odiado como algo dañino” al cual… “idealmente, se desea acabar”.

Respecto del potencial riesgo que representa para la paz social el discurso de odio, en México, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación sólo lo considera como una conducta discriminatoria que se promueve a través de mensajes y/o imágenes en medios de comunicación (Art 9). En nuestro marco jurídico no hay una tipificación como delito del discurso de odio.

Frente a la noción del discurso de odio existe el argumento de la libertad de expresión y que una acusación de este tipo sobre la opinión pública tiende a coartar la libertad de expresión. 

Así pues, nos encontramos en el borde entre una noción y otra, entre discurso de odio y libertad de expresión, que ya ha sido debatido y que, por su extensión, nos es imposible citar.

No obstante, situados en este borde, la posibilidad de encrespar (en el sentido de polarizar) las emociones sociales, es un riesgo latente cuando se llevan las expresiones públicas a confrontaciones radicalmente inconsistentes.  

El mundo que hoy vivimos nos constriñe ante tantas expresiones de violencia fuera de nuestra voluntad, lejos de nuestra capacidad de contención; ante tal absurdo, recordemos que, trascendiendo las identidades políticas, “en el fondo de la fosa, llevaremos la misma vestidura”

joseramonuhm@hotmail.com