ONG y empresas, un futuro de colaboración

Héctor Fernando Dávila Villa, estudiante de la Escuela de Negocios 

en el Tecnológico de Monterrey en San Luis Potosí

Dra. Mariana Cordova Contreras, profesora de la Escuela 

de Negocios en el Tecnológico de Monterrey en San Luis Potosí

Durante décadas los problemas sociales se han visto como una de las principales amenazas al desarrollo y crecimiento de miles de comunidades a lo largo del país, problemas como la contaminación, discriminación, pobreza, escasez de agua, sistemas de salud entre otros, son el foco de atención a resolver para mejorar la calidad de vida en el país. En México existen más de 40,000 Organizaciones no Gubernamentales (ONG), estas tienen el objetivo de atender y mitigar aquellas problemáticas sociales y ambientales presentes a lo largo del país de la mano de las entidades gubernamentales correspondientes, sin embargo, por más esfuerzos que existen, los avances que se tienen son pocos o nulos. Es de aquí la importancia del trabajo en conjunto de las empresas con las organizaciones No Gubernamentales, pues parece ser el camino para combatir estos problemas sociales, además del beneficio que este le generara a las empresas que se unen a la causa.

A diferencia de las ONG, las empresas suelen ser percibidas más como parte del problema que como una solución. Industrias específicas como la farmacéutica, alimentaria, textil y de la moda han contribuido, de manera directa o indirecta, al desperdicio y sobreexplotación de recursos naturales, a problemas de salud relacionados con productos ultra procesados y poco saludables, a la explotación laboral en condiciones deficientes, y a la limitación de acceso a medicamentos debido a sus altos costos entre otros.

Ante estas situaciones, los problemas sociales han tenido un avance bajo o nulo derivado en gran medida por la insuficiencia de recursos y es que, por ejemplo, la implementación de becas, apoyos sociales para mitigar la desigualdad social no han tenido el impacto o la capacidad suficiente para revertir esta problemática. Las organizaciones no lucrativas solo representaban el 2.9 del PIB nacional en 2022 y la situación al día de hoy es muy similar, por lo que la única solución de obtener los recursos necesarios para hacer frente a estos problemas son las empresas.

Si bien desde hace ya varios años empresas de talla nacional y mundial como Grupo Bimbo, CEMEX, FEMSA o Nestlé, ya han colaborado con ONG para apoyar a las comunidades mexicanas con prácticas e iniciativas de nutrición, infraestructura o sostenibilidad, es fundamental e involucramiento de empresas de menor tamaño es crucial para llegar a aquellas comunidades que no son abarcadas por los grandes corporativos y por ende generar un desarrollo más equilibrado a lo largo del país.

En los últimos años la relación entre las ONG y empresas ha estado tomando fuerza y han contribuido  a la sociedad de una manera que no sea monetaria, a través de  aportaciones de conocimiento y capacitación en áreas como marketing, gestión de proyectos o tecnología tomando un papel relevante para operar de una manera más efectiva y expandir el alcance de estas organizaciones sin fines de lucro. Es así como el empoderamiento de las comunidades a través de la oferta de recursos y oportunidades que antes no tenían se vislumbra como una esperanza hacia un desarrollo sostenible y una reducción en la desigualdad social.

El apoyo e involucramiento de las empresas en la resolución de estos problemas sociales puede generarles mayores beneficios de los esperados tanto de manera directa como indirecta. La mejora de la imagen y reputación es una de las razones principales por las que cada vez más empresas se unen al movimiento y es que, el ser reconocido como una empresa socialmente responsable (ESR) genera una ventaja competitiva en un mercado en donde los consumidores cada vez se encuentran más comprometidos con su entorno. Aunado a esto, beneficios en el ámbito financiero también suelen ser notables sobre todo en el aumento de la productividad y en la reducción de costos. El tener comunidades más seguras y saludables tiene como resultado un mejor rendimiento laboral al tener empleados motivados y comprometidos y una reducción en su ausentismo mientras que a su vez se pueden reducir en cierta medida la necesidad de inversión en seguridad y protección, así como costos asociados a la atención médica y ausentismo laboral.

Por estas razones es fundamental que todas las empresas den un paso adelante y comiencen a implementar acciones de compromiso e integración con las comunidades en las que pertenecen, para que se  promueve un crecimiento y desarrollo conjunto, creando una colaboración en donde todos los actores salgan beneficiados en pro del crecimiento y desarrollo social.