Otra autobiografía

¡Qué cosa tan entretenida resultan ser las autobiografías! De entrada, me ha parecido siempre fascinante el hecho de que alguien tenga el valor de agarrar una pluma y develar en papel todo aquello que ha vivido. Primero, porque piensan que al resto del mundo le puede interesar y, bueno, a lo mejor en ciertos casos sí, pero en muchos se ha visto que, fuera del morbo que provocan ciertos personajes, no tendrían mucho que aportar, salvo, quizá, ciertas horas de diversión. A lo mejor con eso basta y sobra. Recordemos el exitazo de ventas de Spare, la autobiografía del príncipe Enrique de Inglaterra, que, según Los Ángeles Times, vendió 3.2 millones de ejemplares en inglés en su primera semana. En aquél entonces el Duque de Sussex tenía menos de cuarenta años y la vida esperada de alguien que tuvo la suerte de nacer en una familia con el destino marcado. Eso, sazonado con la tragedia de la orfandad materna y de haberse casado con una estrella de televisión, más su tempestuosa salida de la familia real, fueron suficientes para que plasmara en quien sabe cuántas páginas, chismes suficientes para cautivar a lectores de Hola. 

Supongo que quien escribe una autobiografía pretende, al igual que cualquiera de nosotros, controlar la narrativa de su propia historia. Muchos escritores han logrado hacerlo. Ahí está el ejemplo de García Márquez, Hemingway, Maya Angelou, Hellen Keller, Ernesto Sábato, los dos Obamas… se cuecen aparte todos aquellos que han estado en la vida política, que escriben, en gran medida, buscando reivindicarse o a veces, justificarse. Muchos deciden tomar  con filosofía los errores, como Michael Ignatieff, que en Fire and Ashes, recorre con la ayuda de la distancia, los múltiples momentos de ingenuidad que le llevaron a creer que podía ser un buen político. Logró  ser primer ministro de Canadá, pero no por eso consiguió controlar al país. Otros, más descarados, buscan fomentar su imagen de chicos malos, como Gonzalo N. Santos, que dedica casi mil páginas a pretender demostrar que sólo sus chicharrones tronaban, aunque el contraste con otras fuentes indique lo contrario.

En esta temporada saldrán las memorias de Boris Johnson, el ex primer ministro de Inglaterra en épocas de Covid. De adelantos al texto puede leerse que no se arrepiente de la fiesta que organizó en plena época de restricciones pandémicas, pero que sí lamenta haberse disculpado, ahí nomás. Confiesa que pensó en cierto momento en hacer una incursión militar a los Países Bajos para llevar a su país vacunas contra el virus y que Benjamín Netanyahu lo espió en un baño. 

Cada quien tiene derecho a contar su propia versión de las cosas, así como nosotros tenemos en derecho de creer o no lo que estamos leyendo. Que se sigan escribiendo autobiografías, total…