Otra lógica

A veces creo que la vida es un continuo ejercicio, un entrenamiento o una cadena de aprendizajes.

A veces no creo nada de esto

A veces quiero creer que hay una fuerza divina, una inteligencia superior, un poder amoroso que está detrás de la creación en la tierra.

A veces esta teoría no me convence

Otras veces me da por pensar que somos unas criaturas como cualquier otra; la diferencia es que creemos que somos los únicos con lenguaje de símbolos, inteligencia y alfabeto abstracto.

Esas veces esta idea se sobrepone a las anteriores y entonces la realidad social-humana cobra lógica: Nuestros instintos parecen dominar y las virtudes espirituales -que algunos aprendimos en colegios privados, catecismos y patios particulares- , simplemente son esbozos de una fantasía que a ratos nos narcotiza y a ratos se esfuma de forma total.

49 personas muertas en un tráiler en territorio texano

2 sacerdotes y 5 muertos más en un solo día a manos de lo que antes consideraríamos un retrasado mental. Ahora se le llama sicario, jefe de plaza, narco-jefe, pero quizá el presidente de este país lo señale simplemente como una “buena persona” o “alguien del pueblo”.

“Los abrazos ya no alcanzan para detener los balazos” dicen representantes de la Compañía de Jesús, pero a este señor solo se le ocurre decir que la iglesia no tiene memoria. Me pregunto a quién le falla la parte de la cabeza que registra lo importante y trascendente y aquella en donde los juicios y los valores universales como la vida, se elaboran y se conectan al discurso, en este caso uno de tantos de las mañaneras.

Me pregunto quién tiene que morir, cómo deben de morir o qué debe pasar para que exista una postura oficial que detenga la escalada violenta que no nos deja respiro, y que leemos renglón tras renglón o clip tras clip en videos caseros en donde vemos como se atacan penales o se ultima a balazos a mujeres, algunas dentro de suntuosos espacios sociales y otras en la clandestinidad del monte o la milpa.

Creo que muchos nos estamos equivocando, esperando que se declare una estrategia coherente bajo los marcos de una lógica institucional y que la máxima autoridad no está considerando ni por error. Es evidente que hay una ruta trazada para unos fines completamente diferentes a lo que pensaríamos de un hombre de Estado. Esto va más allá de un populismo per se y creo que una gran mayoría no alcanzamos a distinguir la perversidad soterrada con la que somos gobernados.

Rendimos tributo financieramente hablando para vivir en una república con servicios de un país que ya no somos desde hace ya más de un siglo. Un país en donde la vía pública, las carreteras y las casas están tomados por la delincuencia y la narco industria. Un país de emprendedores que tiene que pagar derecho de piso, en donde los locatarios de pollerías y carnicerías no escapan de tener que pagar “seguridad” a cuadrillas de jovenzuelos para no ser aporreados o despojados, sin tener que pertenecer a la clasificación de empresarios pudientes. Hoy no hay quien esté a salvo, o más bien son pocos quienes pueden presumir de tener seguridad o confianza en las autoridades y en otros ciudadanos.

Hemos convertido nuestras ciudades en cruceros para pedir limosna, en donde hay que hacer un video de nuestras enfermedades para solicitar la ayuda de los ciudadanos, de amigos y familiares para pagar una cirugía, un trasplante o un tratamiento porque simplemente es imposible acceder a servicios de salud pública de calidad. Si creíamos que el Seguro Social daba un servicio fatal, creo que ahora lo extrañamos.

Me duele la gente sin trabajo, me duelen las personas que tienen que renunciar a sus aspiraciones por decreto, me duelen los niños pero también los jóvenes y adultos enfermos sin posibilidad de ser atendidos al menos como en otros momentos de nuestra historia. Me duele la sociedad que nos hemos dejado engañar por una promesa de bienestar general o por una vendeta o resentimiento social tatuado en la médula de muchos de los que detentan el poder. 

Me duele el fraude social, el desmantelamiento de instituciones, el erario público utilizado en mantener partidos políticos que se rinden ante el gobernante en turno. Me lastima la trampa de los programas sociales como moneda de cambio de un voto por un paquete de libros o una despensa. Me dan nausea los discursos falsos, los templetes y los festivales que marean y atontan a los que se dejan y a otros tantos también. Me atemoriza la apatía de los que pudiéramos hacer algo y no nos organizamos; me indigna el alcance de una doctrina de pobreza en lugar de una prédica de abundancia. 

Me avergüenza nuestra circunstancia y la falta de acción eficaz de ciudadanos y autoridades que nos lleve a un lugar mejor; que nos permita evolucionar y no retroceder o esconder la cabeza bajo la tierra en la lógica de un sometimiento que debimos de haber desterrado desde que somos una nación independiente.

No necesitamos un “pastor” ni necesitamos renunciar a vivir como cada quien aspire. Necesitamos educación, trabajo y compromiso, así como una moral social que emana no del mandatario en turno sino de los individuos y sus clanes, aspirando al bien común no por la vía del sometimiento o del miedo, sino del empeño, la ciencia y el conocimiento.

Ojalá nos caiga el veinte de otra lógica antes de que sea éste un país más en América Latina.