OTRAS VOCES

En mis cotidianos recorridos por la prensa local, nacional y de otros países, ocasionalmente encuentro textos que decido conservar. Algunos, para tener la oportunidad de releerlos sea por su alta calidad literaria, por lo valioso de sus ideas o por lo novedoso de sus enfoques. Hay otros que me llaman la atención porque aún escritos en otras latitudes y para otras audiencias dicen cosas que tienen resonancias potosinas; es decir, su contenido pareciera escrito para que lo conociéramos las y los potosinos, invitándonos a la reflexión.

Hoy este espacio, con su permiso, lo van a llenar otras voces. Voy a reproducir partes sustantivas, que son las que me parece tienen más sentido para nuestros actuales tiempos de vida pública, de tres artículos periodísticos que de repente han cobrado valor de oportunidad. 

El primero, de José Woldenberg, lo publicó El Universal hace cinco semanas, con el título “Causas psicológicas del liderazgo”. En su texto, el expresidente del desaparecido IFE cita el libro Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de las democracias modernas, del sociólogo y politólogo alemán Robert Michels (1876-1936) No obstante haber sido escrito hace poco más de cien años, ésta sigue siendo una obra influyente. Reproduzco a continuación algunos párrafos en los que se entremezclan extractos del citado libro y juicios de Woldenberg. 

“Entre los ciudadanos que gozan de derechos políticos, el número de los que tienen un interés vital por las cuestiones públicas es insignificante. La mayoría -lo sabemos- están preocupados por sus asuntos, recluidos y enfrentados a sus retos privados. La mayoría está en realidad encantada de que haya personas que se tomen la molestia de atender las cuestiones… Existe una necesidad inmensa de dirección y guía. Esta necesidad va acompañada de un genuino culto a los líderes, considerados héroes.

Existía -decía Michels- “una predisposición psíquica a la subordinación… Una confianza en la autoridad que linda con la ausencia completa de facultades críticas. Se trata de una fe ciega que descarga de responsabilidad al creyente e inyecta potencia al liderazgo. El seguidor es relevado de la ingrata y complicada tarea de pensar y deposita en su líder esa labor (¿Y qué sucede, pregunto yo, si ese líder piensa de manera defectuosa, se guía más por sus ocurrencias que por la realidad y va dejando de sentirse líder para asumirse dueño?). 

Para Michels, nos dice Woldenberg, los gobernados “a menudo se comportan con sus líderes de la misma manera que el escultor de la antigua Grecia, quien después de modelar a Júpiter Tronante se arrodillaba en adoración ante la obra de sus propias manos”. Se genera, añade JW “una atmósfera de servidumbre y adulación que alimenta la megalomanía del dirigente y la sugestión colectiva no hace sino aumentar el poder del líder”.

LOS NARCISISTAS

Hace justo dos semanas, el diario español El País publicó un trabajo del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez Velandía, en el que aborda con extensión el tema del narcisismo y los narcisistas. Narra que recién se encontró un ejemplar del 2015 de la revista Vanity Fair en el que aparece un artículo dedicado a esa falla de conducta, a raíz de que Donald Trump había anunciado su intención de ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Este texto fue producido por varios psicólogos y psiquiatras especialistas. Hay en su contenido pasajes que, en mi modesta opinión, conservan una gran actualidad para los potosinos de estos días.

El psicólogo clínico Ben Michaelis hace un diagnóstico preciso: “El narcisismo es una defensa extrema contra los propios sentimientos de inutilidad”.

En otro párrafo, la psicóloga Wendy Behary, autora de un estudio titulado Desarmar al narcisista, habla de la relación que tienen los narcisistas con la verdad: “Los narcisistas no son necesariamente mentirosos, pero se sienten notoriamente incómodos con la verdad. La verdad significa la posibilidad de sentirse avergonzado”. La vergüenza que les causan sus carencias o sus fracasos -añade Behary- es lo que los especialistas llaman la herida narcisista. En algunos casos, “la herida es del tamaño del ego”.

Luego de algunas citas más de los especialistas, Vásquez Velandía sostiene “el narcisista es una persona tóxica que hace daño a quienes la rodean”.

Más adelante, el novelista colombiano hace una interesante vinculación entre el narcisismo y el auge de las redes sociales, producto de lo cual es la aparición de “la hipertrofia de identidades”, que está detrás de muchos de nuestros enredos contemporáneos (a escala mundial). Apoyado en opiniones de expertos en redes y las más nuevas formas de comunicación e interacción, Vásquez concluye que “Son esas identidades demasiado frágiles e inciertas las que han desterrado de tantos lugares el debate serio” (informado y veraz, añadiría un servidor). 

Son justamente los poseedores de ese tipo de personalidades inseguras, frágiles, refugiadas en el narcisismo, las que desde el poder buscan el silenciamiento de contradictor, que en su mente deja de ser contradictor para convertirse en amenaza y enemigos. “Estos individuos -los narcisistas con sus identidades atrofiadas-, exigen al mundo entero que los vea como quieren ser vistos, aunque para ello sea necesario que el mundo cambie su comportamiento, sus opiniones y su lenguaje”. 

LA SALUD DE LAS PALABRAS

Irene Vallejo, la excepcional filóloga y ensayista aragonesa que alcanzara fama mundial hace tres años con su libro El infinito en un junco, escribe algunas colaboraciones breves para distintos Diarios. En nuestro país los publica cada dos semanas Milenio. Tengo guardado uno de ellos desde el 30 de julio del año pasado. Originalmente lo conservé como lo hago prácticamente con todos los de su autoría por el puro placer de compartirlos y de la relectura.

Por razones que no son tan difíciles de descifrar, al paso de los días me fue pareciendo que, igual que en los casos de líneas arriba, su contenido iba adquiriendo notas de interés potosino. Espero que mis amables lectores compartan esta opinión para así captar mejor esos ecos tan actuales.

Dice Irene: “Entender el mundo es un placer. Mirar alrededor y reconocer las causas, las consecuencias, los secretos mecanismos que deciden los acontecimientos, nos protege de engaños y manipulaciones…”.

Agrega que “Los historiadores pueden explicarnos, desde su análisis del pasado, muchas claves del presente. Testigo del desmoronamiento de la democracia en Atenas, Tucídides advirtió el síntoma de una crisis latente en el cambio del significado de las palabras. Pensaba que la política se deteriora si el servilismo dentro de las facciones se empieza a llamar lealtad. Si el bien común se trata como botín. Si llamamos listo al que mejor conspira y cobarde a quien se detiene a reflexionar; si hablamos de pactos solo para encubrir fugaces transacciones de intereses”. 

Esto no lo dice Tucídides ni Vallejo. Lo añado yo: La vida en común también se deteriora cuando a la alabanza perenne se le llama crónica y a las loas se les moteja de justos reconocimientos. Pero sobre todo, la vida se ensombrece si la pauta de conducta dominante es el miedo. 

Concluye doña Irene: “La salud de una sociedad se puede diagnosticar auscultando sus palabras”. Cuánta razón tiene.

Dos breves adiciones que me parece embonan bien en el sentido general de esta colaboración. La primera la publiqué aquí en mayo anterior, pero mantiene su vigencia pese a que su origen sea de hace medio siglo. Dijo Octavio Paz: “El espíritu cortesano ha invadido toda la vida pública de México”. Nada más cámbiele México por San Luis Potosí, por favor. Por último, una frase de José Vasconcelos, pronunciada cuando arribó a la rectoría de la UNAM, pero igual sirve su traslación en tiempo y lugar. Dijo: “La más estupenda de las ignorancias ha pasado por aquí asolando y destruyendo, corrompiendo y deformando…”.

COMPRIMIDOS

Sigue la racha afortunada de Ricardo Gallardo Cardona y ésta será otra buena semana. Para comenzar, ante el planteamiento del periodista potosino Omar Niño sobre los incrementos en la deuda pública estatal en los 16 meses de esta administración, el presidente Andrés Manuel López Obrador respondió el lunes en Palacio Nacional que no hay de qué preocuparse, que la deuda es todavía manejable, que Gallardo está gobernando bien y que la Federación lo apoyará en todo lo necesario. Ante tanta protección y hasta apapacho sigue resultando difícil entender por qué en casi año y medio la de mañana será la primera visita presidencial a esta capital, y según parece de entrada por salida, y también por qué el mandatario potosino no ha conseguido una audiencia privada con AMLO en todo este tiempo. Raro.

En la Mañanera del lunes a la que asistió Omar, hubo dos detalles adicionales interesantes. Uno, que luego de defender a Gallardo, López Obrador le dijo al comunicador potosino “Y qué bien que tú estes haciendo tu trabajo; de no aplaudir ni de quemar incienso al gobernador”. Si fuera uno mal pensado, suena a algo así como “yo te digo que es un buen gobernador pero si quieres seguirle surtiendo, harás bien”. El otro punto que llama la atención es que también en reacción a una denuncia de Niño, Andrés Manuel instruyó a la secretaria de Seguridad, la potosina Rosa Icela Rodríguez, que investigara a fondo una serie de muertes sospechosas en San Luis Potosí. Sabido es que, sobre todo por su pertenencia al círculo más cercano de Claudia Sheinbaum, doña Rosa Icela no quiere mucho que digamos a Gallardo Cardona.

No hay manera de saber si fue un simple lapsus linguae o una brutal traición del subconsciente, pero la semana pasada, entrevistado por el periodista Ricardo Rocha, Gallardo Cardona dijo y repitió varias veces que la exsecretaria de Salud Mónica Liliana Rangel devolvió “en cajas de huevo, ¡imagínate! en cajas de huevo” más de 50 millones de pesos. Hasta el día de hoy, la versión oficial y los términos del acuerdo reparatorio que le permitió a la doctora recuperar su libertad es que reintegró 22 millones de pesos. ¿Y los otros 28? ¿Fueron por debajo de la mesa? Y ya nomás por no dejar, lo de las cajas de huevo consta en el expediente como la forma encubierta en que Mónica Liliana recibía los moches en su oficina. Jamás nadie ha dicho que así devolvió el dinero mal habido; al contrario, se sabe del uso de cheques de cuentas en Guatemala y otros lugares del extranjero. ¿Deveras ya no tendrá compostura?

¿Será tan difícil encontrar un buen técnico-administrador, o a la inversa, para que se haga cargo del Interapas? Aunque ya sabemos que la empresa que opera el acueducto de El Realito no pela al organismo operador, se ve mal que la continua falla en el suministro comience a provocar amenazas de bloqueos viales y la cara visible del problema esté acéfala.

Hasta el próximo jueves.