Paciencia, honor y patria

Versiones hay muchas, pero tomemos la que me parece más ilustrativa: hace muchos, muchos años, un hombre caminaba por un sendero solitario y vio enroscadas a dos serpientes que, sin tomarlo en cuenta, copulaban con pasión salvaje, como debe de ser. Al hombre, solitario y egoísta, le dio ira darse cuenta que hasta los reptiles más detestables tenían una pareja, así que se acercó a un árbol joven y arrancó una rama. Luego, a punta de golpes separó a las dos serpientes y mató a una de ellas. Sin embargo, lo que el hombre no sabía era que ese árbol era el favorito de Zeus y que éste había ordenado que, en su honor, se llevaran a cabo actos de amor y pasión para que el árbol madurara saludablemente. Entonces, el dios, que no se caracterizaba por su tolerancia, castigó al pobre mortal con tremenda paliza y lo dejó ciego. La diosa Diana, que estaba por ahí bañándose, atestiguó la ira de Zeus y le pareció desproporcionada. El hombre había actuado mal, sí, pero no era para tanto. Sabía que éste debió dejar pasar el asunto: era cosa de esperar para que encontrara a su pareja, no había por qué descarrilarse de esa manera y desquitarse con las serpientes. Sin embargo, la diosa, que entendía de abstemia –era una diosa virgen-, decidió compensar al hombre: lo convirtió en mujer, y aparte, mujer sabia. Sin embargo, los golpes lo habían dejado ciego y eso, no se lo quitaría. La convirtió en una mujer que no vería, pero que en su lugar, tendría el don de la clarividencia. Pero la clarividencia no era mágica. El tiempo durante el cual se privaría de ver, lo compensaría con la gracia del análisis en la espera y entonces, al esperar sin ver, podría adivinar con buen tino el futuro. Diana llamó a la nueva mujer, Paciencia.

En cambio, Honos, el dios del Honor, no lleva consigo ningún mito. Junto con Fides, el dios de la fe y Spes, la deidad de la esperanza, personificaban cualidades humanas. El honor implica una cualidad moral que está relacionada con el cumplimiento del deber, el mérito y la virtud. Hacer lo que a uno le toca, apegarse a los valores personales y los de la sociedad en que se vive. Hacer lo correcto y defender lo adecuado. El honor es difícil de conservar porque, diría un amigo, con la edad, se tiende a relajar la moral. Se estira hasta de plano romperla y se hacen cosas que en el pasado hubieran sido impensables por reprobables. Al perder el honor, nace el cinismo. Burlarse, incluso presumir aquello que resulta descaradamente reprobable. Pasearlo en plaza, como si se tratara de una gracia.

La patria es mucho más compleja de explicar, y aun así, tremendamente simple. En mi caso, como José Emilio Pacheco lo escribió, la patria abstracta me es inasible. Pero, como él, daría la vida por dos o tres lugares, un grupo de personas, ciertos árboles y un par de océanos. Mi patria pequeña tiene pisos y muros de cantera, árboles de jacarandas, sabe a café y es el lugar donde decidimos tener una familia y criar a nuestros hijos.

La patria pequeña está en vísperas. Siempre en vísperas de algo: un cambio, un grupo de personas que de la vida por dos lajas de cantera, una sierra de encinos y un manantial en la Huasteca. La patria pequeña está preocupada. Honos parece ausente. Hay pocos que lo siguen, porque actuar con honor parece ahora arcaico, fuera de lugar, pasado de moda. Los salvajes actúan sin honor, porque así es más fácil. Las malditas trabas morales dejan poco espacio para el escenario de los poderosos o la riqueza fácil. Los salvaje actúan así porque les funciona, porque los dejamos todos.

La patria pequeña está en espera. Conoce la historia de la Paciencia. Quizá no vea, pero puedo asegurar que cuando caminamos sus calles se escucha el rumiar de sus ideas. La pequeña patria analiza, prevé y espera. Su paciencia y su memoria son largas. Sin embargo, sabe que la paciencia nació del dolor, del error; pero también de la compasión. La pequeña patria espera. Nos espera. Esperemos que no se canse de esperar.