Tras la operación militar de EE.UU. contra Venezuela para llevar a cabo la captura de Nicolás Maduro, ha generado una fuerte incertidumbre geopolítica y energética a nivel global. Aunque la discusión se ha centrado en cómo puede cambiar el mercado petrolero en general (precios del crudo, riesgos de oferta, flujos comerciales, alianzas internacionales, etc.), también es importante hacer un análisis sobre el impacto directo que esta situación podría tener en empresas petroleras de otros países, como PEMEX y sus filiales en México.
Recordemos que Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo en el mundo, aunque su producción de crudo es limitada, representando menos del 1% del suministro global en 2025; derivado de la falta de inversión, sanciones internacionales, deterioro de infraestructura y problemas operativos en la empresa estatal Petróleos de Venezuela Empresa S.A. (PDVSA). De acuerdo con datos del Instituto de Energía en Londres, Venezuela posee alrededor del 17% de las reservas mundiales, lo que equivale a 303,000 millones de barriles, por delante del líder de facto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Arabia Saudita. Las tensiones en Venezuela han generado una volatilidad en el corto plazo en precios y expectativas de inversión, pero el impacto real sobre la oferta global sigue siendo incierta, por lo que, en 2026, la sobresaturación del mercado y la oferta elevada seguirán dominando los precios del mercado petrolero.
En el contexto mexicano, alrededor del 41% de los ingresos de PEMEX dependen de la venta de gasolinas y diésel en el mercado local, mientras que las exportaciones de crudo aportan menos del 20% de los ingresos. La producción de crudo ha mostrado caídas anuales debido al declive natural de campos y ausencia de nuevas inversiones, mientras que la participación privada es limitada en exploración y producción. Por su parte, PEMEX sigue siendo clave, pero con una alta dependencia fiscal y fuertes presiones financieras.
Por tanto, el panorama actual podría traer consigo efectos potenciales para la empresa estatal PEMEX, como una mayor competencia por inversiones; la apertura de Venezuela hacia un entorno político y económico más alineado con EE.UU., las grandes petroleras estadounidenses podrían preferir invertir en Venezuela, lo que reduce oportunidades en proyectos de PEMEX y empresas asociadas. Si la situación de Venezuela altera de manera significativa la oferta petrolera mundial o regional, podría haber una afectación en los precios internacionales del crudo. La intervención estadounidense en Venezuela y la consiguiente inestabilidad podrían poner en riesgo la posición energética de México y complicar la estrategia de contratos mixtos e inversiones en PEMEX frente a nuevos competidores. Finalmente, la tensión en los mercados petroleros podría traducirse en volatilidad en los precios de los combustibles importados o derivados, lo que afecta el costo de operación de PEMEX y empresas vinculadas, lo que podría incrementar los costos de combustible y encarecer tanto la producción como el consumo interno.
El control del mercado petrolero venezolano será clave para EE.UU. en el futuro, ya que eso le permitirá ofrecer combustibles baratos en su país; controlar la inflación, y reducir las tasas de interés. México por su parte, deberá fortalecer su soberanía energética, protegerse con coberturas ante la volatilidad de precios, ajustar el presupuesto a escenarios de precios bajos, priorizar contratos de suministro estables con EE.UU. y Asia, optimizar costos operativos y enfocarse en campos rentables. En el mediano plazo, operar refinerías que sean rentables y la reapertura de inversión privada en aguas profundas y campos maduros. En el largo plazo, reducir la dependencia petrolera a través de la diversificación de gas natural, petroquímica y energías limpias, fortalecer su gobernanza y transparencia y reducir riesgos geopolíticos indirectos mediante una diplomacia energética como actor estabilizador regional.
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