Faltan pocos días para que se evalúe si se impondrán aranceles del 25% a los productos mexicanos que se exporten a Estados Unidos o si se mantendrá la prórroga en la implementación.
La negociación entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prevé que en unos días se evalúen las acciones que el gobierno mexicano llevaría a cabo para reducir el cruce de migrantes y el combate al narcotráfico —particularmente el de fentanilo— hacia nuestro vecino del norte.
El problema de origen de tal acuerdo es que nunca se aclaró cuáles serían los indicadores para definir qué tan satisfactorio es el desempeño de las autoridades mexicanas en estos dos rubros.
Si bien a lo largo del último mes fue evidente el conjunto de acciones de las fuerzas federales para detener a integrantes de la delincuencia organizada, así como para inhibir los cruces de personas indocumentadas, nada garantiza que Trump se sienta satisfecho y mantenga el aplazamiento de dichos aranceles.
¿Aprovechará Trump el fin de este plazo para someter a México a su voluntad? Muy probablemente. Lo más seguro es que amenace a nuestro gobierno con tales impuestos extra, con el fin de obtener más resultado y más evidencia de que en la relación entre los dos países, él manda y nosotros obedecemos.
En dicho contexto, la petición del “Mayo” Zambada quien solicitó —a través de los canales diplomáticos— que se le regrese a México para enfrentar a la justicia desde acá, representa un riesgo significativo: ¿cómo sería recibido en Washington que el gobierno mexicano intente interceder en favor de uno de los principales narcotraficantes de nuestro país?
¿Vale la pena arriesgar la imposición de aranceles al tratar de regresar a México al «Mayo»? Aparentemente no, a menos que las amenazas del narcotraficante representen un riesgo para la presidenta y su partido.
No debemos olvidar que ya es oficial que seis cárteles mexicanos han sido designados organizaciones terroristas internacionales por el Departamento de Estado, el Cártel de Sinaloa —del cual “El Mayo” fue uno de sus principales líderes—, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel del Golfo, el Cártel del Noreste, Cárteles Unidos y La Nueva Familia Michoacana.
Interceder por “El Mayo” significa interceder por el líder de un grupo terrorista, algo difícilmente justificable.
Un reto complejo para la presidenta, quien por un lado está obligada a combatir los delitos y hacer respetar la ley, por otro mantiene una narrativa adversa a la confrontación con los criminales —la continuidad de la estrategia de abrazos, no balazos— y al sometimiento hacia Estados Unidos.
Esperemos que a nadie se le ocurra que es más importante pelearse con la justicia de Estados Unidos para traer al “Mayo” a México, en vez de mantener la paz en la relación diplomática entre ambos países.
(Director del Observatorio Nacional Ciudadano)