Parresía o Disentir como condición necesaria del equilibrio institucional

Existe un término del periodo clásico de la cultura occidental: Parresía; la cual significa hablar todo con libertad. Siendo de muy poco uso, en nuestro contexto se dice que “disienten” quienes expresan con sinceridad sus ideas sobre nuestra realidad más allá del discurso del poder en turno.

Siendo de mayor peso significativo la palabra disentir, nos inclinamos por este segundo termino para enmarcar nuestra opinión sobre el discurso de los protagonistas políticos en el contexto nacional.

Ubicados en el umbral del proceso para la sucesión del poder ejecutivo en nuestro país, los focos de atención se posan, principalmente, en las declaraciones y/o actos mediáticos del secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Luis Ebrard Casaubón y de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum Pardo. 

Así mismo, se hace notar el discurso de quienes representan formal y abiertamente la oposición al gobierno actual, como lo es el caso de los representantes de los partidos políticos del PRI, PAN, PRD y en la indefinición por conveniencia del MC.

Lo que nos ocupa es hacer notar la pertinencia de quienes, apoyando políticamente al gobierno en turno disienten del Ejecutivo Federal de manera franca a través de los medios como lo es el caso del presidente de la Junta de Coordinación Política en el Poder Legislativo y líder de Morena en el Senado, Ricardo Monreal Ávila.

Más allá de la posibilidad de que las declaraciones del senador respondan a una estrategia política para mantener presencia en los medios, lo que nos motiva a destacar de su discurso, es la necesidad nuestra de mantener el modelo de gobierno representativo que descanse en el equilibrio de sus tres poderes pues, sin duda, es condición para el juego político en la lucha por los poderes en la nación.

Por alguna razón que aún no es nítida a la opinión pública, el senador no aparece en el discurso del ejecutivo federal, no obstante que, al inicio del actual periodo, su interlocución y referencia mutua era evidente. Hoy no es más así y es parte del mismo juego por el poder. Eso es, en nuestro entender, lo relevante: las diferencias.

Un orden político, es decir, del estado de normas que rigen la vida pública, no puede satisfacer a todos quienes formamos parte de una comunidad. Los intereses son diversos e incluso, los hay contrapuestos; eso es lo normal. En consecuencia, lo lógico es que haya quienes disientan.

Una expresión de la madurez de una sociedad es el camino de la política para dirimir las diferencias; así, entendemos que, a más política mayor madurez social y, sin embargo, el silencio de las ideas que disienten permea el discurso público reservándonos en el “todo o nada”, en mirar como adversarios en todo, a quienes disienten de nosotros en algo.

Los procesos de elección deben estar llamados a poner sobre la mesa los problemas que se observan y las ideas de solución para que, quienes eligen, decidan qué problemas son prioridad y que soluciones nos parecen mejor.

Así pues, bienaventuradas sean las palabras que disienten formalmente porque de ellas surge el reino de la democracia.

joseramonuhm@hotmail.com