Los partidos están hoy en medio de una profunda crisis de credibilidad y representatividad.
¿Por cuál partido votaré el próximo 6 de junio? ¿Qué partido representa mejor mis aspiraciones como ciudadano de San Luis Potosí, capital? ¿Qué partido ofrece los mejores candidatos, respon sables y capaces de cumplir sus promesas de campaña? En los hechos ¿Qué partido es el que me puede garantizar trabajar en serio y eficazmente para reducir la violencia, mejorar los servicios públicos y administrar con probidad mis impuestos? ¿Cuál será el más idóneo, el más confiable que velará por la seguridad de mi familia, la mía propia y la de mis vecinos y amigos? ¿Cuál será el que en su experiencia de gobierno ha generado confianza y certeza como para promover la inversión y la generación de empleo?
Son solo algunas de las interrogantes que muchos ciudadanos nos planteamos, porque ahora con tanto cambio de partido, chapulineo, coaliciones y alianzas de partidos antes irreconciliables, el elector queda en medio de la duda, indeciso, para decidir su voto, al grado de optar eventualmente por no asistir a la urna a votar.
Los partidos políticos, en cualquier país que se diga democrático, sin duda alguna son necesarios. Deben ser organismos claramente apartados del interés y del control de los más poderosos y en su lugar, desde la civilidad, responder puntualmente a las aspiraciones y opiniones de los ciudadanos y de sus militantes, con una estructura interna jurídica, con estatutos y reglas claras estrictamente democráticas, para elegir o designar a sus dirigentes y a sus candidatos, con órganos de gobierno interior, con principios y valores democráticos sólidos y respetados.
Desde hace varias décadas, se ha venido observando un claro proceso de descomposición y severa crisis de todos los partidos políticos como organizaciones ciudadanas capaces de organizar y representar a grupos de ciudadanos con distintas ideologías y criterios de integración social, que, a pocos días de los comicios más importantes en la historia del país, por el número de cargos de elección popular que están en juego, de sus resultados, dependerá que nuestra nación se convierta en la dictadura oprobiosa de un solo hombre, o que retomemos el camino complejo, pero el mejor que se conoce, para consolidar a México como una Democracia moderna y con plena vigencia de nuestras libertades, División de Poderes y Estado de Derecho.
Actualmente, los partidos políticos, que son o debieran ser elementos fundamentales de la vida democrática de la nación, están en una profunda crisis de credibilidad y de representatividad. Solo uno de cada 10 mexicanos confía en los partidos, porque todos ellos, sin excepción se conducen con una lógica oportunista y pragmática que los ha desdibujado como entes políticos capaces de llevar a los cargos públicos a los mejores hombres y mujeres del país y de representar a los grupos sociales que los integran o apoyan.
En reciente entrevista el Lic. Genaro Góngora Pimentel, ex presidente de la Suprema Corte de Justi cia, afirmó que “la crisis de representación de los partidos políticos, es una realidad innegable”. “Su débil estructura, sus conflictos internos, su falta de identidad paritaria y sus prácticas no democráticas han generado la desconfianza ciudadana”.
Nosotros decimos que los pobres resultados de su gestión en los cargos públicos, además de la carga que representan para los ciudadanos que pagamos impuestos, (casi 8,000 millones de pesos al año), los “arreglos” y coaliciones antinaturales y de simple coyuntura, los cambios de un partido a otro, en cualquier momento, según sus conveniencias, más conocidos como “chapulineo”, los ha hecho perder su identidad y naturaleza política, que ponen al votante en la difícil situación de entender claramente por quién y a favor de qué están emitiendo su voto. Todo ello y otras razones más, es lo que está causando la indiferencia de muchos ciudadanos a la actividad que resulta ser de la mayor importancia en la sociedad, como es la política.
En consecuencia, parece que el camino más transitable y seguro para decidir el voto, no es otro más que el de votar por la persona, por el candidato, haciendo caso omiso del partido que lo postule porque ya no es referente digno de credibilidad. A la persona en cambio, la hemos conocido, hemos observado su conducta en puestos anteriores, hemos conocido su vida de familia y su carácter y fortaleza moral.
Me permito compartir con usted, estimado lector, aquí entre nos, que votaré para la alcaldía de la capital, por el único candidato independiente en la contienda municipal, que solo tiene compromiso con los ciudadanos potosinos y con la Ley, no con algún partido, el Lic. Xavier Nava P. quién cuando fue diputado, donó el 75% de su ingreso para becar a estudiantes de familias en condición de pobreza. ¿Quién otro ha hecho algo parecido?
Para gobernador y diputados, aún no decido, pero igualmente votaré por los mejores perfiles, sin importar el partido. ¡Muchas gracias por su lectura!
lujambio06@hotmail.com