Pausa Navideña

Pensar qué vale la pena escribir hoy no es un ejercicio sencillo. Vivimos inmersos en una conversación pública dominada por temas político-sociales que se filtran en la vida cotidiana, en la mesa, en las conversaciones familiares y en el silencio personal. Elegir un ángulo distinto parece, a veces, ir contracorriente.

Con frecuencia imagino a la sociedad dentro de un frasco de cristal que se va llenando poco a poco. Cada gota representa una noticia más: corrupción, violencia, accidentes, tragedias que erosionan la sensación de estabilidad y futuro. Lo inquietante no es solo el encierro, sino la forma en que llegamos ahí: por decisión propia, por engaño o desde una ingenuidad que ya no debería acompañarnos en un siglo que perdió la inocencia hace tiempo.

Mientras tanto, los relatos sobre utopías posibles, proyectos de mejora humana o avances colectivos rara vez ocupan un lugar central. Parecen quedar fuera de las preferencias, aun cuando estas fechas suelen invitarnos —al menos en el discurso— a pensar en reconciliación, propósito y renovación.

Tal vez por eso una de las mejores noticias de este momento sea la posibilidad de hacer una pausa. No todos podrán hacerlo, es cierto, pero algunos tendremos la oportunidad de tomar distancia, aunque sea brevemente, de la agenda que marca el ritmo de los días. De volver la mirada hacia lo cercano: el aroma de la comida recién hecha, la visita de hijos y abuelos, las travesuras de los niños, el valor del silencio propio, un libro leído sin prisa. Pequeños actos que el vértigo de casi todo el año no siempre nos permitió habitar.

Cerramos así el año dentro de este ritual judeocristiano que nos conecta con la memoria de la infancia y con la vida en familia. Una vida que heredamos, pero que también construimos día a día, con gestos simples y decisiones silenciosas, pensando en el recuerdo que dejaremos y en el mundo que queremos seguir habitando.

Que este cierre de año nos encuentre más atentos, más presentes y un poco más amables con nosotros mismos y con los demás. Que sepamos cuidar lo que importa, agradecer lo que sostiene y abrir espacio a la esperanza —aunque sea pequeña— de que lo que viene puede ser mejor si lo construimos juntos.