Pejenomics

El programa económico del proyecto de nación de AMLO circula, para difundir más amplia y concisamente su contenido, en un documento titulado “Pejenomics” (en una imaginativa contracción de “Peje” y “economics”), aludiendo a lo que sería la “política económica del Peje” y tiene el propósito de contrarrestar las opiniones de actores políticos y mediáticos interesados en desvirtuar las propuestas de dicho programa. De entrada, habría que plantear que, aparte del texto en mención, AMLO ha sido enfático en declarar que la política económica que él propone tiene como eje central una separación de la política y la economía, tal y como hasta ahora se ha venido manejando por parte de la clase política gobernante de nuestro país; esto es, como una mezcla de intereses en los que predominan los de una minoría rapaz que utiliza el poder del Estado y sus instituciones para su muy particular beneficio. Es lo que un clásico como Federico Engels calificara, cuando se refería al Estado “moderno”, como el “capitalista colectivo ideal” (en su célebre texto “Del socialismo utópico al socialismo científico”).

Separar la política de la economía como hasta hoy están unidas, implica reformular la política económica estatal sin caer en el extremo que se le ha querido etiquetar al proyecto amloísta, en el sentido de proceder a expropiar bienes de particulares, sino de otorgarle al Estado mexicano un papel de gestor del desarrollo que hasta ahora no ha tenido porque la orientación de los últimos gobiernos se fue al otro extremo, al de un neoliberalismo depredador que ha desmantelado el patrimonio nacional y que ha generado un pobre crecimiento económico que, por supuesto, no se refleja en mejor ingreso de la mayoría de la población ni tampoco en bienestar social duradero. Por el contrario, la riqueza se ha concentrado en unos cuantos que han impedido que se puedan generar condiciones de competitividad porque las exportaciones, que suelen ser el motor económico, no se han diversificado ampliamente ni tampoco se ha fortalecido el mercado interno para unir al país a partir de la potencialidad de sus distintas regiones y no sólo como vía para atraer las inversiones que, por supuesto, son indispensables.

Frente a la insultante riqueza de unos cuantos (en 2014, refiere el documento, 4 magnates concentraban un tercio del ingreso acumulado por casi 20 millones de mexicanos), el proyecto de nación propone: 1.- Fomentar la diversidad de actores en el sector bancario y propiciar condiciones para la competencia. 2.- Crear un fondo mixto de inversión pública y privada para detonar proyectos de infraestructura. 3.- Aumento y diversificación de exportaciones. 4.- Endeudamiento cero y baja inflación. 5.- Consolidar destinos posicionados e incentivar nodos de desarrollo turístico regional. 6.- Favorecer los programas universales que detonan el consumo y las economías regionales. Se trata, pues, de liberar el crédito para sectores socioeconómicos que han estado limitados para mantenerse como unidades productivas, como las Pymes y también del medio rural, donde el abandono oficial ha propiciado un éxodo grave de la fuerza de trabajo, con la consecuente marginación de familias, despoblamiento de comunidades y caída en la producción que termina, en el mejor de los casos, en la mera subsistencia; generar un efecto multiplicador en el empleo y promover la austeridad republicana.

Pero también, como ya lo comentamos en una colaboración anterior, reconociendo que estamos inmersos en la globalización, se requiere generar condiciones de competitividad internacional que posibiliten una menor dependencia del exterior, lo que implica apostar por el impulso al desarrollo científico y tecnológico, así como de la innovación, por lo que en el documento se propone “apoyar cada año a doscientos mil emprendedores que requieran herramientas para desarrollar su plan de negocio e iniciar su empresa”; recordando que ya se han venido creando universidades con carreras que no sólo incentivan el pensamiento crítico, sino la formación técnica en áreas de alto potencial para la economía nacional. En suma, se trata de un proyecto que se orienta “hacia una economía para todos”, buscando “eliminar las causas que ahuyentan la inversión, la corrupción y la inseguridad”.

Finalmente, como muestra de que al actual gobierno le irrita una propuesta económica alterna que puede ser deseable y viable, no tarda mucho en descalificarla, como cuando Peña Nieto afirma que la autosuficiencia alimentaria que se propone es imposible porque no hay un país que lo pueda hacer al cien por ciento, cuando evidentemente no se trata de eso, sino de lograrlo en los insumos de la dieta básica de la mayoría de los mexicanos, donde basta citar el caso de nuestro emblemático maíz, que importamos por más de 13 millones de toneladas al año, teniendo siempre presente que “el hambre es canija, pero más el que la aguanta”.