Percepción contra razón

Hace ya muchos años escribí un breve texto sobre la percepción de la obra artística, en el que daba algunas ideas que hoy quiero retomar y ya justificaré el por qué.

Somos dados a juzgar por aquello que nos parece, dejando de lado la objetividad. No nos detenemos, en lo general, respecto de lo que la racionalidad indica y nos centramos en emitir juicios, algunas veces duros y lapidarios, solo por aquello que nos mueve las fibras personales, que no las neuronas. Y se vale.

En el arte esto es de lo más común: calificamos una obra de arte como buena o mala, dependiendo de si nos gusta o no, sin detenernos a reflexionar sobre sus valores técnicos; haya o no un dominio de la técnica, de la forma de concebirla o de su importancia conceptual, nuestra valoración pasa por el sentimiento, que se defiende a capa y espada frente a las explicaciones o evidencias objetivas.

Incluso, en muchas ocasiones a esa forma de evaluar la bondad de una obra la lleva la corriente de la cultura y opinión de masas: algo me parece bueno porque todo mundo dice que lo es. Es como el traje nuevo del emperador.

Trasladando estas ideas a otros ámbitos, nos ocurre lo mismo. Es consustancial a nuestra naturaleza inclinarnos por lo afectivo más que por lo reflexivo, como regla general.

Así, frases como “pero el PRI robó más” son bandera justificativa de quienes defienden el encubrimiento que el señor López hace de las corruptelas evidenciadas de sus parientes y colaboradores, solo como un ejemplo.

El nueve de octubre pasado la periodista Lourdes Mendoza publicó en su cuenta de Twitter (@lumendoz) unas fotografías de Emilio Lozoya, supuestamente arraigado domiciliariamente, cenando en un restaurante de lujo en la Ciudad de México. Esto ha desatado una gran polémica en la red social, retomada por medios de comunicación, identificándose dos grandes bandos (hay más, pero de menor dimensión): uno que defiende al gobierno de López, atacando a la periodista y tratando de descalificar las fotografías y la publicación; la otra, cuestionando a las autoridades mexicanas por permitir que un presunto delincuente (aun no ha sido juzgado, según dicen, están en eso) cene y departa con sus amigos en un restaurante.

¿Qué tenemos en realidad, según la información que se puede reconstruir de todo lo dicho en este debate?

¿Emilio Lozoya cenó con sus amigos en un restaurante? Sí. ¿Las fotos son reales? Todo indica que sí. ¿Esto viola la ley? Depende: si el señor Lozoya está arraigado, como el mismo lo hizo saber a un juez en el litigio que sostiene en su contra Lourdes Mendoza, para no asistir a una diligencia el mes pasado, estas fotos podrían significar el cambio de medida de seguridad y ampliarse las restricciones que pudiera imponerle el juez de control; si de esa fecha al día de hoy la medida fue variada por la autoridad judicial, no pasa nada y el señor Lozoya puede ir a donde quiera; si es mentira lo del arraigo, entonces don Emilio le mintió a un juez civil y ya dará cuenta de eso.

¿Es Emilio Lozoya un delincuente? Sí y no, dependiendo la perspectiva. Como ser humano tiene derecho a la presunción de inocencia y, por lo mismo, en tanto no lo declare culpable un tribunal, es inocente; sin embargo, está confeso de los hechos que se le imputan y, en consecuencia, no para la ley pero sí en los hechos, llevo a cabo conductas ilícitas que quizá no sean sancionadas. Justamente esta confesión le ha dado la cómoda posición de testigo colaborador, institución jurídica reconocida en nuestras leyes de enjuiciamiento criminal y, por tanto, perfectamente válida.

Sin embargo, nada de esto importa. En la sociedad escindida que el señor López ha tratado de convertir al país con sus tempraneros discursos de desprecio y descalificación (y esto es claramente objetivo, pues basta ver las mañaneras), solo hay buenos y malos, o con él o contra él.

Así, la realidad pasa a segundo término y las fotos del comensal en proceso judicial son lo que menos importa ya, sino solo cuestionar a la autora de las imágenes o hablar de complicidades obscuras del Poder con delincuentes presuntos. Lo cierto es que, mientras tanto, muchos otros, con más merecimientos de honestidad que Lozoya, están en prisión preventiva forzada y no cenan igual.

@jchessal