Votar es importante, pero tener consciencia de lo que se vota, por qué se vota y qué ocurre después del voto lo es más.
Quiero compartirle una preocupación -como si no tuviéramos demasiadas ya- sobre un fenómeno que puede constituir un problema de deterioro de la calidad de la comprensión pública de lo político. Déjeme deshebrar un poco esta idea: la construcción de los estados democráticos -y mayoritariamente republicanos- parten de la noción liberal de la igualdad entre individuos libres, conscientes y racionales. Los gobiernos democráticos encuentran su origen en un acuerdo civil y pacífico de designación de autoridades a través de elecciones periódicas donde todas las personas reconocidas con la calidad de ciudadanía pueden votar. La ley es una manifestación pública de la voluntad popular y del orden que así se ha determinado. Esos elementos, entre otros, son los que nos distinguen de los estados premodernos. Hasta ahí, todo bien.
El problema viene cuando nos preguntamos sobre las condiciones a través de la cual las personas libres, conscientes y racionales, se hacen de información para entender los procesos políticos que les afectan, para asumir una postura sobre los mismos y para actuar -o no- en consecuencia. Como el voto, por ejemplo.
Recordará que en algunas ocasiones le he hablado sobre el sesgo de confirmación. Es decir, esta tendencia que tenemos algunas personas para identificar, seleccionar y favorecer información que confirma o refuerza nuestras propias creencias. Hacemos sesgo de confirmación cuando de entre distintas opciones de medios de comunicación y/o de personas que desarrollan opiniones, optamos por aquellas que mantienen una línea editorial que consideramos válida. Lo hemos ejemplificado antes: si Usted simpatiza con el movimiento dirigido por el Presidente de la República, probablemente optará por consumir información de algunos medios y personas. Pero si Usted se distancia de los discursos, valores y creencias de ese movimiento, seguramente favorecerá la lectura de voces críticas que afiancen las posiciones que Usted tiene al respecto. Uno no se siente tan solo cuando encuentra eco en otras voces.
El problema del sesgo de confirmación viene cuando se crean “cámaras de eco” o “burbujas informativas”, es decir, cuando las personas solo se informan por medios de su propia tendencia ideológica y por tanto, construyen y transmiten una percepción de la realidad basada en los estrictos límites de esas narrativas. Frente a la realidad objetiva se impone la interpretación subjetiva que propicia en alguna porción de la ciudadanía una percepción tergiversada de los asuntos públicos.
¿Alguna vez ha escuchado a algún amigo o familiar decir que habla sobre un tema con la firme convicción de que “todos” piensan de la misma forma? ¿o le ha ocurrido -si es que Usted es usuaria/o de redes sociales- que de repente se descubre en medio de información en redes que parece estar modelada a la medida de sus intereses o creencias?. Más allá del sesgo de confirmación -que es una conducta humana-, las “cámaras de eco” o “burbujas informativas” constituyen espacios inducidos desde las redes sociales por medio del uso de algoritmos que garantizan que uno pueda ver solo la información que se ajuste a nuestras preferencias, con la que nos sentimos cómodos; con información que confirma nuestras creencias.
Insisto en la siguiente idea: las redes sociales son espacios diseñados para que nosotros nos sintamos cómodos. Funcionan como enlaces que conectan a grupos de personas que comparten preferencias, ideas o intereses. Si uno se siente bien dentro de la red, pasará más tiempo en ella y eso genera mayores beneficios para sus anunciantes y clientes. Eso está en el contrato y no tiene nada de raro.
Regreso al problema de origen. ¿Será que nuestras posiciones políticas -cada vez más polarizadas y segregadas- están basadas en burbujas de información?. Hay cientos de miles de personas que, sin ser conscientes de ello, comienzan a negar al diálogo y a la política desde una realidad (auto)validada por su red. Y eso sí es peligroso.
Vemos lo que queremos creer. Dijo alguna vez Robert McNamara.
Twitter. @marcoivanvargas