“Saber más que los otros es fácil.
Lo difícil es saber algo mejor
que los otros.”
Séneca.
La policía secreta de la antigua Roma (apropósito, el martes pasado Roma cumplió 2773 años de su fundación), siempre como figuras controvertidas por sus quehaceres y a la vez protagonistas forzosos en los procesos de complots y de derrocamientos de Emperadores, no se les fija una fecha exacta de su “creación”.
Algunos historiadores dicen que fueron hechura durante el imperio de Marco Ulpio Trajano, el primer Emperador de origen provinciano, que los utilizo como una especie de correos imperiales. Y otros estudiosos, dicen que fuera probable que sus funciones y organización se dieran en el periodo de Domiciano en el año 96 d.C., principal conspirador, perseguidor y asesino de Senadores.
Lo que sí se sabe de los frumentarii es que estaban centralizados en Roma, en la “Castra Peregrina”, una especie de sede de sujetos informadores que iban desde los especulatori, una suerte de infiltrados en las provincias que habría de conquistar y que generaban información antes de cualquier carga militar. Luego los exploratori, los de avanzada para conocer el terreno antes que las Legiones se adelantaran y por último, los frumentarii, que en sus inicios eran los encargados de buscar trigo, las cosechas, para alimentar a las tropas.
Es el Emperador Hadriano, quien los utiliza como la policía secreta de Roma, hasta que Diocleciano les “pone fin”, a finales del año 300 d.C. Pero antes, en al año 202 d.C., iba a darse un suceso de intercepción de una misiva imperial. Al efectuar misiones de correos imperiales, les daba acceso a una fuente de información privilegiada que era vendida y manejada al mejor postor.
Aquilio Félix era el temido jefe de los servicios secretos, había trabajado con cinco Emperadores los últimos cuatro decenios, ahora informaba a Caracalla. Y como ahora, dos mil años después, los agentes de información no cuentan con buena reputación, son chaqueteros, con información y dinero cualquiera navega según los tiempos.
*Plauciano, prefecto de la Guardia Imperial con Septimio Severo, quería hacerse del poder y utilizó para sus fines al jefe de la policía secreta. Julia Domna esposa de Septimio, necesitaba de apoyos y quien mejor que Geta hermano del emperador que estaba cargo de varias Legiones en Mesia, lo que es hoy Serbia y Bulgaria, así que le envió una misiva relatándole los planes de Plauciano para hacerse del poder. El jefe de los frumentarii la intercepta y al leerla supo de inmediato que debería informar a Plauciano. – ¿Y cómo sabes que iba dirigida a Geta, al hermano del emperador? -inquirió Plauciano. –Tengo…mis métodos –respondió Aquilio de forma ambigua. El prefecto no pregunto más sobre ese asunto. No le interesaba la forma en que el jefe de los frumentarii obtenía la información, si mediante dinero o mediante tortura. Lo único relevante era la información en sí. La misiva nunca llego a su destinatario. *Fragmento del libro “Y Julia reto a los Dioses”.
TAPANCO: En México es en el siglo XIX cuando se empiezan a formar agentes secretos o encubiertos, muy distintos a las policías políticas posrevolucionarias, que iniciaron con su “Departamento Confidencial”. Los orígenes de la policía secreta tenían dos fuentes: militares y ladrones que informaban sobre actividades sediciosas y también de delitos en forma esporádica.
-Carta en el archivo histórico de México-. “Procedí a practicar con todo detenimiento una minuciosa investigación a fin de comprobar si era cierto, como se afirmaba, que existían al servicio de la policía reservada peligrosos asesinos ex compañeros de las bandas del fatídico Tigre de Santa Julia, y del terrible Regato, pude saber que presta actualmente sus servicios en dicha corporación Vidal Flores. Es un viejo criminal compañero de hazañas del antes mencionado Tigre de Santa Julia”.
Francisco.soni@uaslp.mx
twitter: @franciscosoni