Política marciana

Puede parecer descabellado el título mencionado, pero no lo es tanto si nos atenemos a las evidencias que nos ofrecen, con su actuar cada vez más cotidiano, no pocos servidores públicos mexicanos. Y no se trata solamente de una metáfora que aluda a un comportamiento extraño, como de otro mundo, propio de seres distintos a los humanos, tal vez “marcianos”; sino de la referencia explícita a ese otro lugar en el espacio, el célebre planeta “rojo” que, de tanto mito creado en derredor suyo, ya se le tiene como parte corriente de nuestro terrenal paisaje. El ejemplo más cercano que tenemos a la mano es el de la desafortunada declaración del comisario del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño (“La Jornada”, 22 de octubre de 2019), cuando señaló que “así sea que vengan de Marte (los migrantes que están de forma irregular en territorio mexicano) serán deportados…”. Aunque luego se disculpó, públicamente, se ocasionó un daño institucional evidente que, inevitablemente, pega en la imagen distinta que pretende el actual gobierno del presidente AMLO en un tema de por sí complejo y complicado.  

Por supuesto que la metida de pata del funcionario de marras no es menor. Revela que en el actual gobierno federal aún hay personajes que no están en sintonía con el horizonte de cambio delineado por el presidente AMLO, por lo que tendrán que ajustar su actuar, so pena de ser destituidos del cargo. Por lo menos este servidor reconoció el error, emplazándose a sí mismo a no promover el racismo y la xenofobia que asomaron en sus palabras; pero hay otros que, señalados como presuntos responsables de variadas irregularidades, se tienen a sí mismos como intocables. Incluso, vale recordar, aunque se trate de un “organismo autónomo”, el caso de quien sigue presidiendo el INE (Instituto Nacional Electoral), Lorenzo Córdova, quien llegó al extremo de mofarse de la forma de hablar de los representantes de una comunidad indígena como si se tratara de seres de otro planeta, aludiendo a la necesidad de hacer -citando el título de una famosa obra del escritor Ray Bradbury, “Crónicas marcianas”, de 1950- una “crónica” de las vivencias tenidas por él con personas que le han parecido “extrañas”, como los indígenas y los padres de los estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala, según el audio que, en su momento, circuló profusamente. 

Y se va más allá de la metáfora “marciana” porque, también, ese actuar de funcionarios como esos pareciera tener el propósito deliberado de “echarle más leña al fuego”, y eso se acerca mucho a la irónica “distopía” que describe el mismo Ray Bradbury citado por Lorenzo en su otra obra célebre titulada “Fahrenheit 451”, en la que el personaje central, Montag, es un bombero que se dedica a echar lumbre a las hogueras para avivarlas, suministrando como combustible todos los libros encontrados, porque se trata de terminar con un modelo de sociedad en que “leer libros impide la felicidad y propicia desigualdad”, hasta que se convence que está equivocado. En el caso de las “Crónicas marcianas”, Bradbury relata en el capítulo “Un camino a través del aire”, el asunto de “los negros que se marchan al planeta Marte” y son presionados por un blanco propietario de una ferretería que, molesto de que se vayan sin avisarle, los conmina a quedarse con el argumento de que, poco a poco, van ganando algunos derechos, pero al no lograr convencerlos se conforma con que, hasta el último momento, le sigan llamando… “señor”.  

En el plano local sobran casos, de representantes populares y funcionarios, que se han vuelto emblemáticos por los excesos en sus comportamientos registrados, quizás buscando que los ciudadanos terminen entre “locos y divertidos” (como temía, para sí, el consejero Lorenzo con su “desencuentro” reseñado), por tanto desfiguro de “políticos” que parecen “marcianos” o, por lo menos, perdidos en el espacio (público).