“Declara el pasado, diagnostica el presente, pronostica el futuro. Practica estos actos.”
Hipócrates
Hoy tenía pensado hablar del sensible, legítimo y poderoso movimiento femenino del pasado 9 de marzo vivido en muchas ciudades de nuestro país, incluida San Luis Potosí.
Sin embargo, la agenda de los acontecimientos ha cambiado radicalmente estos últimos días y los temas de interés social rápidamente se movieron y la realidad, al menos la mediática, se impone.
Hace no más de tres semanas parecía algo relativamente lejano el asunto que hoy abordaré: la pandemia del coronavirus; o dicho de manera “rimbombante, “políticas públicas frente a emergencias sanitarias”.
No me detengo a explicar que es el coronavirus, o los conceptos de epidemia o pandemia. A estas alturas ya todos los entendemos y comprendemos.
Si compartiré la definición de emergencia sanitaria, elaborada por el núcleo de investigación de salud y derecho en su línea de emergencias sanitaria, que se define de la siguiente forma: “situación anormal que acontece de manera imprevista que puede causar daño a la sociedad y propiciar un riesgo excesivo para la seguridad e integridad de la población en general o afecte e impida la vida normal de una comunidad, región o país”. Más claro, ni el agua.
Señoras y señores, hoy estamos aparentemente enfrentando una situación de este tipo a nivel mundial y, desde hace aproximadamente 72 horas, también en el ámbito nacional y local.
Socarronamente utilizo el adverbio “aparentemente” porque en un escenario ideal, de esta definición parten los objetivos centrales de una política pública que pretende enfrentar de manera exitosa una emergencia sanitaria.
Uno de los objetivos fundamentales de las políticas públicas es precisamente contar con información disponible y confiable para la toma de decisiones, y consecuentemente disminuir el nivel de incertidumbre que permita una eficiente y concertada respuesta ante situaciones de emergencia. Pregunta básica ¿se está haciendo esto hoy ante la actual contingencia sanitaria? Lo dudo, y me explico.
Por momentos pareciera que el Estado ha claudicado en una de sus tareas básicas (promover la buena salud en sus ciudadanos) dejando a la población abandonada a su suerte, y esta, ante la información deficiente, o desinformación, comienza a tener una espiral de conductas poco racionales provocadas por el miedo, que a su vez tiene su origen en la falta de conocimiento… o información proveniente de una fuente confiable, que ayude o permita tomar una decisión… racional.
Mientras escribo esto me llega un video enviado por un “ciudadano anónimo” que se dio el tiempo de grabar una larguísima fila de espera para entrar a una gran superficie especializada en vender artículos al mayoreo. Aparentemente se filmó en Estados Unidos hace unos pocos días. La fila llegaba… ¡hasta la calle, cruzando todo el estacionamiento! Confío o hago votos por que no fuese únicamente para comprar papel sanitario. Si esa era la finalidad, entonces ya no entendí.
Todo el esquema preventivo ante una emergencia sanitaria debería girar en torno a tres importantes elementos: Evidencia e información disponibles; reducción de los niveles de incertidumbre; y acciones concertadas que disminuyan riesgos a la población.
En tono de autocrítica y ante la evidencia de nuestra actuación poco racional de este pasado fin de semana (autoridad y ciudadanos), se convierte en urgente reorientar acciones para enfrentar una emergencia sanitaria como la que hoy vivimos, debido a que carecemos de elementos reales, que se sostengan en el tiempo, de participación y responsabilidad pública de los sectores público, social y privado.
Pero también somos nosotros los ciudadanos quienes tenemos una responsabilidad de vital importancia para enfrentar emergencias sanitarias. Bajo el marco de un gobierno abierto y socialmente responsable, de manera conjunta se debería determinar el marco jurídico con el cual trabajar, comenzando por delimitar el alcance del derecho a la libertad de decidir sobre los asuntos de salud pública; así como determinar de manera informada que vamos a hacer.
Para que nosotros como ciudadanos tengamos una decisión consciente, es importante obtener una información básica, a fin de tener una capacidad de reflexión que contribuya a mejorar nuestra calidad de vida y nuestro entorno.
El Estado, a su vez, de manera comprometida y responsable, deberá reforzar la voluntad e incentivos de participar en el diseño de políticas específicas en caso de presentarse una emergencia sanitaria.
Con estas competencias básicas tendremos, Estado y ciudadanos, las condiciones mínimas básicas de participar en el diseño de políticas que mantengan un elevado grado de exigencia ética para enfrentar una emergencia sanitaria como la actual.
En caso contrario, estaremos reducidos a la ejecución de acciones desarticuladas y a destiempo por parte del Estado; y nosotros los ciudadanos nos limitaremos a hacer largas filas y entrar en “modo compra de pánico”… de papel sanitario y, en el mejor de los casos, gel desinfectante.
jmanuelrmoreno@yahoo.es