Polvo de la batalla

Inexorablemente se aproxima el proceso electoral; cada día más es un día menos para que vivamos en México una de las elecciones más importantes de los últimos tiempos.

No es temeridad ni falsa convicción lo que me lleva a realizar la afirmación anterior. No es que, en sí mismo, el futuro de la patria se juegue en la boleta. En realidad, siempre he pensado que el diseño del sistema político mexicano le permite sobrevivir y autocomponerse de manera autónoma, casi como si tuviera vida propia. Por eso sobrevivió al Partido Revolucionario Institucional tantos años, luego al Partido Acción Nacional y, finalmente, de nuevo al PRI. Con sacudidas y estremecimientos, México sigue siendo México.

Sin embargo, hablo de que es una elección importante, ya que es, tal vez, en la que se perciba mayor cinismo de Partidos y candidatos y se juegue más como pleito de gamberros.

Como nunca, la izquierda se estrecha con la derecha con el ánimo de golpear al centro: el Partido de la Revolución Democrático, antagonista ideológico del Partido Acción Nacional (digan lo que digan los que pretenden justificar esta relación antinatural), se une con su adversario natural, con el fin de “sacar al PRI de Los Pinos”, como ya lo hicieron en el año dos mil. De Movimiento Ciudadano ni me ocupo, porque solo es un patio trasero al portador y hoy lo invitaron a jugar los mayores.

Veamos: sacar al Partido Revolucionario Institucional de Los Pinos no tiene mucho chiste; de hecho, se ha estado saliendo solito gracias al empeño que el presidente Peña ha puesto en cometer errores y fallos para echar a perder la histórica reconquista. Hay que reconocer que, más que fortalecer las murallas defensivas del castillo, de cuando en cuando baja, abre la puerta y olvida cerrarla.

Aun así, la siniestra alianza verde (azul PAN y amarillo PRD da verde, con un matiz bilioso que le da el naranja de MC) se ha enfrascado en una lucha frontal contra el tricolor, el cual, como era de esperarse, dirige sus baterías para contrarrestar los ataques de quienes quieren, otra vez “sacarlo de Los Pinos”. Perdonen si reitero la expresión, pero es que me asombra que, en apariencia, basta con eso para que México se convierta en la Tierra de Nunca Jamás, como lo plantea Ricardo Anaya.

Mientras tanto, acecha el señor López, viejo lobo de mar en campañas (y derrotas) por la Presidencia de la República. El sigue en lo suyo y, solo de cuando en cuando, lo voltean a ver los Partidos antagonistas, mientras se enzarzan en ver quien puede calumniar más al otro.

López tiene, tal vez, un menor porcentaje de votos posibles, según me lo dijo un priista de viejo cuño que, con una sonrisa de excesiva confianza, no dudó en señalar que, si sumamos los votos en contra de López, son más que los que pudiera tener a favor. Y no le falta razón, porcentualmente hablando, solo que, por López, su porcentaje es firme y sólido, en tanto que los contras se dispersan y desbalagan. De esta forma, un menor porcentaje, puede ganar a los rijosos, preocupados más por la denostación mutua.

En medio de la polvareda levantada por Anaya en contra de Meade y el PRI en contra de Anaya, López avanza poco a poco a esa puerta que el señor Peña, de seguro dejó abierta o, por lo menos, sin echarle llave. Luego no se quejen.

@jchessal