Poner tu marca

En el camino por las calles de un San Luis de antes, reviso las piedras para no tropezar con ellas. Piedras o adoquines salidos, banquetas chuecas por la fuerza de las jacarandas ya centenarias quizá, y me digo que todo ello está tan torcido como quienes las pisan y las ignoran, gobierno tras gobierno que las ven y se siguen de largo partido tras partido. 

Algunas resaltan por las posibilidades de algún vecino pudiente que decide poner su ánimo y sus recursos para evitar que se sigan estropeando las jardineras y las matas que se secan con el humo de escapes maltratados o simplemente fuera de tiempo. 

Habría que enderezar calles y banquetas, pero quienes toman las decisiones en el uso de recursos como que ni siquiera lo consideran... “que lo hagan otros”, quizá se dicen o se piensan mientras el tiempo pasa por ahí sabiendo que no podrá colarse sin dejar huella en las fachadas y los caminos de primeros cuadros de una ciudad antes orgullosa de su limpieza y del cuidado de sus vialidades y espacios públicos. 

Esta tarde no me atrevo a salir porque chifla un viento helado que me da el pretexto ideal para quedarme en casa después de un 20 de noviembre deslucido y hueco de significado: La Revolución - con mayúsculas- no suena como antes y no hay “desfilantes “que conozcan el verdadero impacto de este movimiento y el trasfondo detrás de las cortinas de humo que se expanden en las ceremonias de efemérides que las escuelas públicas o los funcionarios de rotondas rimbombantes, intentan no perder en el calendario de un siglo con muchos avances y retrocesos. 

Me late que a México y a sus mexicanos nos espera una contienda peliaguda en cuanto a tensiones y distensiones. Un despliegue o más bien derroche de recursos para exaltar personajes protagonistas y otros “extras” que harán el caldo gordo al año electoral que se avecina. Algunos pensarán que tenemos que votar por el menos malo, por el que diga mejores chistes, o el que salga mejor en la foto, o el que regales más y mejor que los otros, o el que nos ofrezca una buena chamba, o una beca para los chamacos que aspiran a ser la nueva camada de jóvenes buscando un trabajo en el futuro. 

Me atrevo a decir que no tengo idea de lo que se pueda venir con candidatos que mienten, se retractan o echan la culpa al vecino o al que estuvo antes o después que ellos en algún cargo en donde hayan quedado mal parados.  

Yo tengo mi “favorite”, que, aunque no es no binario, se cuece aparte en autenticidad y transparencia: “me lo dice el corazón", aunque los hechos en algunas circunstancias digan otra cosa. Así estamos los ciudadanos, pensando votar por el que nos “lata” o el que suene más y mejor. Estamos sin memoria y porque no decirlo, algunos con una moral acomodaticia según la cuenta de nómina que pueda convenir o la carrera política que alguno quiera proseguir, empezar o culminar. 

Escribo esto con cierto humor negro, mucho desencanto y una esperanza que no quiere desparecer pues éste es el país de mis hermanos y mis hijos, de toda mi familia y de todos mis amigos, y me encantaría poder escribir mejor o más optimista, pero será que el viento de hoy congeló mis ideales. Lo bueno es que somos muchos que queremos y sentimos lo mismo y aunque esta vez nos toque ser minoría, estoy segura de que habrá quien pueda encausar y acrecentar esta masa crítica que hoy, con conocimiento de causa, se preocupa por el futuro social de nuestro país. Ojalá coincidamos en el anhelo de construir un México sin polaridades, pero diverso, un México plural pero respetuoso, una república orgullosa de serlo con todo lo que esta palabra lleva, un país que más que tolerante apueste por la inclusión, un territorio de gente que busca el bien común y que antepone la honestidad sobre la conveniencia.  

Si creen en algo similar, no dejemos que el país se derrumbe el próximo año y analicemoX las opciones con la objetividad del que se interesa y entiende lo que está en juego, pensando que la próxima elección sea posible recuperar las libertades y las instituciones que hoy agonizan ante nuestros ojos.