Bueno, tendríamos que captar mejor cada vuelta que da la vida. Eso sí, parecía cruel que nuevamente el puntero hubiera perdido su amplia ventaja y los de la mafia se recuperaran, aunque la realidad suele ser mucho más cruda que bonita.
En 3 largos meses de campaña primaveral, resultó muy significativo lo que tenía que cambiar. Más que nada se nivelaron ciertas fuerzas y se definieron algunas cosas. Con lo que pasó los partidos se dieron cuenta de que, al desbocarse el proceso, todos iban a perder y eso ya les preocupó.
Ricardo Anaya le puso contenciones a su ambición personal e incluso dejó de actuar como si no tuviera ningún pasado de negocios o de colaboración con el priismo. Al verse forzado a madurar, claro, perdió algo de su suerte de principiante pero ganó respeto hacia un futuro más factible.
El candidato no priista del PRI, José Antonio Meade, dominó los debates y se deslindó cuanto pudo de los gobiernos corruptos. La gente no le creía hasta que promovió acciones concretas y efectivas, tal vez con acuerdos secretos al más alto nivel, y aun así el precedente del Estado de México nunca ayudó a despejar las dudas ante una victoria forzada y, quizá, contraproducente.
Con su terca ignorancia, Andrés Manuel López Obrador siguió excomulgando a los “conservadores” y acabó como un verdadero anti-liberal: autocrático; lejano a la democracia; dado a pontificar y renuente a debatir; intolerante a la crítica de quienes no coincidían con él; de giros religiosos nada juaristas; hostil a las instituciones electorales y del Poder Judicial; descalificador de medios e intelectuales que lo cuestionaban; creyente de la intervención económica del Estado y el proteccionismo; admirador romántico del Che y Fidel Castro, así como del populismo de Echeverría y López Portillo.
La duda aquí era, oigan, si venían a ser sólo posturas electorales y este duro competidor ya se aplacaría en la responsabilidad del poder. O bien se decía que, si así se manifestaba en la campaña, sería peor en el ejercicio de un poder que suele trastornar. No dejó de abastecer de municiones a sus adversarios para que, con o sin campañas en medios, lo confirmaran como un peligro.
Los candidatos independientes, a su vez, vieron de cerca que los partidos pueden tener sentido y utilidad. Ellos finalizaron peleando contra los anuladores o abstencionistas, y su potencial habrá de esperar a otras elecciones.
En fin, eso es lo que pasó. Y, entre tantos factores que intervinieron, la mayoría ciudadana de ninguna manera quedó contenta.
Hoy lunes 2 de julio nadie está muy convencido de los resultados y tampoco se ve claro qué sucederá de aquí a la toma de posesión ni qué nos va a traer el próximo sexenio, tras las broncas post-electorales y legales. Para México han sido horas más bien oscuras, pero fue una guerra de la que todos los candidatos pudieron terminar vivos. ¿No es así?
* DEL DESASTRE DE MÉXICO con la corrupción, como lo hemos percibido estos años ya sea de forma exagerada o volteando la vista a otro lado, tuvimos hace días una certificación a nivel mundial en los datos de Transparencia Internacional.
Miren, eso de estar entre los países más corruptos del mundo no sólo es vergonzoso y humillante, sino frena nuestro desarrollo, debilita el Estado de Derecho y va contra la estabilidad política. ¿Catastrofismo? Creo que no exageran emisarios tan distintos como Agustín Carstens, Ernesto Zedillo, Lorenzo Meyer, la ONU, Guillermo del Toro, Diego Valadés o el Parlamento Europeo.
Al ser el tema central de una campaña que tiene al austero Amlo en primer lugar y a Meade (por el PRI) bastante atrás, nos damos cuenta de que todos los candidatos hablan en contra de la corrupción e incluso ninguno habría tenido ni malos pensamientos, pero no han aterrizado lo que harían diferente de los fallidos intentos hasta ahora.
Es evidente que “el voto del 2018 será… un voto sobre la corrupción. Una forma de protesta” (J. Silva-Herzog, Reforma, 26/II), y que “después de la transición a la democracia, los dos gobiernos panistas… quedaron mucho a deber en materia de combate a la corrupción” (L. Zuckermann, Milenio, 26/II). Sin denuncias en 2013, el actual sexenio de indignación social ha catapultado a Amlo y Anaya.
Lo que más afecta es la impunidad. No la ausencia de corrupción en otros países, sino la capacidad del Estado para perseguir y sancionar, tal como lo aclara mi amigo Lupillo González. Fíjense, EPN se debe arrepentir de no haber dicho al iniciar su gobierno ¡Sacamos al PAN corrupto! Ahora la doble moral exclama “Saquemos al PRI corrupto”.
* EN ESTA CANCELACIÓN DE la primera visita a Trump del presidente de México por un descontrol de aquél en cuanto a quién paga su muro, no he percibido algo que deberían explicarle.
Ningún presidente mexicano podría negociar esas ocurrencias. No puede ser una discusión de sí o no… Simplemente no es tema para nosotros a partir de razones históricas, sociales, culturales, políticas, económicas, nacionales e internacionales.
Igual tendríamos que preguntarles a nuestros 4 expresidentes vivos si habrían considerado y negociado el pago de ese capricho personal. En forma similar, ver si los candidatos Anaya, Meade y Amlo estarían dispuestos a eso. Es absurdo que Trump se enoje con cualquier mexicano por ello, ni siquiera como ‘bluff’ o chantaje en una negociación.
* JOAQUÍN SABINA NOS DICE mucho con su poesía y sus actitudes, que se confirmaron en las ganas de cumplir a pesar de que, según explicó en su último concierto en México, tuvo un mareo en San Luis Potosí tras una gripe y al caer se dio un tremendo golpe en la cara. Canceló presentaciones en dos plazas, aunque luego volvió sonriente y de lentes oscuros que cubrían su ojo amoratado.
No cabe revisar aquí las letras de sus canciones, pero sí varios títulos del disco con el nombre de la gira ‘Lo niego todo’… hasta la verdad: ‘Quién más, quién menos’ (le ofrece felicidad sin ninguna bronca a los mexicanos); ‘No tan deprisa’ (¿Anaya?); ‘Lo niego todo’ (Cada uno de los candidatos); ‘Canción de primavera’ (Conseguí llegar a viejo verde/Mendigando amor/Qué esperabas de un pendejo como yo… Letra de Sabina con música de Pablo Milanés); ‘Sin pena ni gloria’ (La inexperiencia de Amlo y Anaya en el Poder Ejecutivo Federal); ‘Las noches de domingo acaban mal’ (Esperemos que este primero de julio sea la excepción); ‘Por delicadeza’ (no digan tantas mentiras), y ‘Postdata’ (Que mejoren ya los gobiernos priistas y no empeore la impunidad de todos los partidos).
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