Populismo, tan de moda

[gview file="https://blobcore.pulsoslp.com.mx/uploads/2018/03/B07-3.pdf"]

Al arranque de las campañas presidenciales, la discusión política nacional aparece ampliamente centrada en el concepto Populismo. Las referencias al mismo se registran sobre todo en el ámbito de la opinión publicada de especialistas académicos, politólogos y analistas, y vienen casi siempre con una carga negativa. Se alude cada vez con mayor frecuencia al populismo como una seria amenaza a la democracia liberal -objetivo aspiracional que se supone llevamos décadas persiguiendo en México-; como el enemigo mayor del stablishment, eso que aquí identificamos mejor como El Sistema.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de populismo? Lo primero que hay que apuntar es que no existe una definición universalmente aceptada. Sus diferentes conceptualizaciones tienen puntos básicos de coincidencia pero luego se diferencian con mayor o menor profundidad.

En la búsqueda de una respuesta que facilite la comprensión del tema y que ofrezca una perspectiva actualizada, me topé con la referencia que el historiador y politólogo Carlos Tello Díaz hace (Milenio 25/01/2018), del libro Populism: a Very Short Introduction, publicado hace apenas un año por los especialistas Cas Mude (holandés) y Cristóbal Rovira (chileno).

Dicen ellos (siempre según la traducción de Tello Díaz) que “El populismo es una ideología ligera que identifica dos grupos antagónicos: el pueblo (puro) y la élite (corrupta), y que tiene como objetivo implementar la voluntad del pueblo. El pueblo, en este sentido, es una entidad que no corresponde a la población total del país. El criterio para determinar quién es parte de ese pueblo, no es empírico sino moral. Hay de hecho personajes que, purificados, dejan de ser parte de la élite (corrupta) para pasar a formar parte del pueblo (puro). El populismo, así definido, está opuesto al elitismo, que también divide al mundo en dos: el pueblo y la élite, pero favorece a la élite, y está también opuesto al pluralismo.

“El populismo es una ideología mínima, una visión maniquea y una perspectiva monista. Al ser una ideología ligth, necesita estar acompañada de un ideario secundario. Este ideario es el que distingue al populismo de izquierda del populismo de derecha. Al margen de su ideario secundario, el populismo en sí mismo suele ser visto como un peligro para la democracia liberal. ¿Siempre? No necesariamente.

“El populismo tiene ventajas y tiene desventajas. Las desventajas son de sobra conocidas: 1) desgasta a las instituciones, 2) limita los derechos de quienes no son parte del pueblo, 3) polariza a la sociedad, a la que divide en dos, 4) hace difíciles los acuerdos por su visión maniquea del mundo, 5) erosiona a los partidos, identificados con la élite que es impura, y 6) personaliza la política, en la que a menudo aparece un caudillo que representa el Bien.

“Pero el populismo tiene también ventajas, aunque son menos conocidas: 1) da voz a los ciudadanos que sienten que no están representados por los partidos, 2) integra a la vida política a los excluidos, 3) es un reto que sacude a la partidocracia, 4) subraya la importancia de la voluntad frente a quienes afirman que hay problemas sin solución, y 5) pone nuevos temas en las agendas políticas de los países.

“¿Cuáles son las condiciones para que el populismo tenga éxito? Dos: que haya una oferta y que haya una demanda. Entre los factores que incrementan esta demanda están variables coyunturales como la baja gobernabilidad, la crisis de representación, la debilidad de los partidos, el desencanto democrático y la insensibilidad política, y también procesos de más largo alcance como la globalización, la inmigración y el libre comercio. Estas condiciones estaban dadas en Estados Unidos al ganar Trump. Y están dadas también en México, donde existe una muy atractiva oferta populista: la que representa López Obrador”. (Fin de la cita, en la que, como es fácil descubrir, se mezclan las voces de los autores del libro y la de Tello Díaz).

EL CALDO DE CULTIVO

Una pregunta obligada es: ¿Existen en México condiciones para el establecimiento de un régimen populista (que en el caso del que acaudilla López Obrador no es posible saber por ahora si sería de izquierda o de derecha) con todos los riesgos que entraña? Antes de aventurar una respuesta, es pertinente revisar unos datos y recuperar una reseña sobre un libro reciente cuyo contenido es igualmente vigente.

Latinobarómetro es un estudio de opinión que se realiza cada año en 18 países de América Latina. Sus 20 mil entrevistas se enfocan a investigar el desarrollo de la democracia, de la economía y de la sociedad en su conjunto, utilizando indicadores que permiten medir actitudes, valores y comportamientos. Este monumental trabajo lo realiza Corporación Latinobarómetro, una Organización no Gubernamental sin fines de lucro radicada en Santiago de Chile.

El trabajo demoscópico de referencia es muy amplio y arroja numerosos resultados en distintos campos. Por lo que hace al punto que hoy nos ocupa, creo que bastará con resaltar uno solo de su edición más reciente (2017): México aparece casi al fondo de la lista de países en el tema de satisfacción con la democracia, con sólo el 18 por ciento de respuestas positivas.

Es decir, 82 de cada 100 ciudadanos mexicanos NO están satisfechos con lo que la democracia ofrece.

Por cuanto hace al libro mencionado, se trata de How Democracies Die (2018), del catedrático alemán de Harvard Yascha Mounk. No existe traducción al español, por lo que me valgo de la reseña que hace el periodista mexicano radicado en Los Ángeles, León Krauze (El Universal 26/03/2018):

“En estos tiempos que vivimos, tan necesitados de una carta de navegación, pocos libros más relevantes como el que ha publicado Yascha Mounk sobre la amenaza que enfrenta la democracia liberal en el mundo. Mounk ha dedicado los últimos años de su vida a pensar el futuro de la democracia en tiempos de desconsuelo económico y social. Lo que encuentra es preocupante.

“Para Mounk, el mundo sufre una tormenta perfecta. El crecimiento económico se ha detenido y la movilidad social, promesa toral del siglo veinte en el primer mundo, se ha vuelto inalcanzable para la generación milenial y, quizá peor, para la que sigue. Como consecuencia, los ciudadanos no solo han perdido la fe en la clase política; la resienten y rechazan activamente, muchas veces con sobrada razón.

“Decepcionados con los políticos -y con la democracia que los puso ahí- muchos votantes han comenzado a buscar refugio en figuras populistas que prometen soluciones mágicas a problemas que, por desgracia, no admiten semejante cosa (‘solo yo puedo arreglarlo’, repetía Donald Trump en campaña)…

“A todo esto, dice Mounk, hay que agregar la erosión de la calidad del debate público y la posibilidad de manipulación del electorado a través de la propaganda nefaria en el mundo de las redes sociales y la televisión. El resultado de este coctel explosivo es, explica Mounk, el momento de mayor fragilidad de la democracia global en nuestra historia moderna”. (Fin de la cita).

Como potosinos, no necesitamos ir muy lejos para entender el porqué de ese desencanto con la democracia, de esa pérdida de fe en la clase política y ese rechazo a los políticos y a la partidocracia que los puso ahí.

Motivo suficiente para el desencanto y el rechazo –sin hablar por ahora de un enojo grande o de una furia mayor- lo encontramos aquí, en nuestra ciudad, en nuestras casas, con esa partidocracia que nos ha venido a arrojar a nuestros patios clanes familiares que se reparten el poder y el botín como si no hubiera ni mañana ni ley ni huevos; con esos partidos y sus jefes reales que nos demandan el voto para que sigan siendo prohombres y promujeres, y pro ladrones y pro ladronas especímenes como Oscar Bautista, Manuel Barrera Guillén, José Luis Romero Calzada, J. Guadalupe Torres Sánchez, Cándido Ochoa Rojas, Rebeca Terán Guevara, Xitlálic Sánchez Ortiz, Janos Segovia, Raquel Hurtado y demás. De una vez deberían postular para la reelección a Mariano Niño y a Enrique Flores.

Es hora de responder la pregunta que encabeza esta sección: ¿Existen en México condiciones para el establecimiento de un régimen populista con todos los riesgos que entraña?

Creo que sí, y no son pocas ni frágiles esas condiciones. Como igual creo que son muchos los millones de ciudadanos mexicanos dispuestos a encarar esos riesgos; a dar un salto al vacío y, dicho coloquialmente, encomendarse a Dios. Todo, con tal de darle una lección a esos políticos abusivos o cobardes que todo hace menos cumplir sus responsabilidades; a esos candidatos que babean solo de pensarse tres o seis años más con las arcas públicas a su disposición, a esos partidos convertidos en agencias de colocaciones, en casas de subastas de candidaturas o en franquicias familiares inescrupulosas pero muy rentables.

¿AMLO solucionaría todos estos males? No lo creo, pero veo cómo se acerca a ser mayoría el numero de mexicanos que están dispuesto a correr el riesgo, a dar el triple salto mortal sin red.

COMPRIMIDOS


  • Las que empiezan mañana son las campañas de los candidatos a presidente de la República, a senadores y a diputados federales. Las locales comenzarán el penúltimo día de abril. Tres meses y medio después de iniciadas y cumplidas las precampañas y las intercampañas, los candidatos presidenciales parten igual que comenzaron: Andrés Manuel López Obrador arriba, ampliando diferencias; Ricardo Anaya en segundo, sin haberse desplomado pese a todo, y José Antonio Meade, en el tercer sitio con ligeros descensos.


  • La clave para que las campañas permitan remontar distancias en las preferencias electorales son las propuestas de los candidatos, y para hacer buenas propuestas hay que conocer muy bien las circunstancias de la comunidad que se quiere gobernar o representar, así como las demandas auténticas de la población. La chambonería de muchos candidatos los conduce a proponer tonterías, ante un electorado cada vez mejor informado, más despierto y más exigente.


  • En eso pensaba cuando Luis Antonio Mahbub fue registrado como candidato a senador, y en las primeras entrevistas que concedió dijo que su empeño sería traer más inversiones y generar nuevos empleos en San Luis. Sabe en que andaría pensando. Actualmente aquí hay sobre oferta de empleos; las empresas comenzaron a reclutar operarios en municipios vecinos y ahora vienen de estados lejanos como Oaxaca. En el caso concreto de la capital, sus problemas más urgentes derivan de esa circunstancia: una saturación vial a punto de colapsar toda la movilidad urbana; encarecimiento de las rentas y de la construcción de viviendas. Ofrecer traer más empleos da ternurita. Es tema de hace dos o tres sexenios.


  • Héctor Mendizábal quiso ser presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador de la bancada del PAN y lo logró. Sigue siendo presidente de la Comisión de Vigilancia. Así es que no se haga el occiso: entre él y Fernando Chávez tienen las atribuciones y los votos suficientes para resolver ese broncononón de las cuentas públicas 2016, entre las cuales, por cierto, está la del Ayuntamiento de la Capital con cero observaciones. ¡Sí como no!

Hasta el próximo jueves.