Donde no hay esperanza debemos inventarla.
Camus
Ya instalados sobre el andamio del nuevo año, recorremos la segunda semana del primer mes y nos encaminamos a alcanzar la primera quincena.
Sin que pueda ser de otra manera, transcurrimos en un tiempo que compartimos mientras que nuestra presencia en el mundo perdure. Que lo hagamos de la mejor manera posible, es la expectativa de quienes colaboramos en esta columna.
Ciertos estamos de que la existencia está sembrada de expectativas y, por ello mismo, constituida de retos. Valoremos que, a cada inicio de un nuevo ciclo, tenemos la oportunidad de alimentarnos de la esperanza de un mundo mejor.
Ante esta posibilidad subjetiva, en el presente, nos proponemos hilvanar sucintamente una representación de la idea que une esa parte de violencia de nuestra realidad social y la próxima elección presidencial del país.
Parafraseando la frase que el actual presidente de la república expresara y se convirtiera en slogan de su campaña como candidato y luego como presidente en funciones: “por el bien de todos, primero los pobres”, hemos sustituido a “los pobres” por “los afligidos”; de ahí: “Por el bien de todos, primero los afligidos”.
El tema es que, si bien esta noción de dar prioridad a los pobres desde las acciones del gobierno de la república como condición de llevar al país a mejores niveles de bienestar social; y sin menoscabo de los logros que se han obtenido con las políticas de atención a la pobreza, lo cierto es que nos abraza un sentimiento de temor motivado por los índices de violencia en las diferentes regiones de la nación.
Entendemos por “afligidos”, siguiendo su etimología, a quienes experimentan dolor, tristeza, abatimiento, sufrimiento.
En tal sentido, consideramos que, “por el bien de todos”, debe ser prioridad de la próxima administración federal atender este fenómeno social de violencia que nos aflige porque carcome las entrañas del tejido social, que nos impone dolor y miedo, tornando incierto el futuro de cuantos constituimos este país, “sin excepción de nadie” (como se dice popularmente).
Posiblemente usted considerará que estos párrafos representan un pensamiento utópico y, está en lo correcto. Sí, sí lo es.
Sin embargo, es pertinente decir que el pensamiento utópico juega un papel relevante en el devenir sociopolítico de muchos países, de la vida humana pues, construir la idea de un mundo mejor (entendiendo “mundo” como un orden) ha sido y es, sin duda, motor del cambio.
Decía Ernest Bloch (1885-1977): “Un mapa del mundo que no incluya Utopía no es siquiera digno de ser visto”, retomando a Oscar Wilde (1854-1900) para sustentar la idea de que en la vida de los seres humanos son sus acciones y sus decisiones las que van construyendo el rumbo de su “destino”.
Hay quienes creen que las utopías son expresiones trasnochadas, pero si no se construye la esperanza de que cambiar la situación actual de violencia es posible, el cambio hacia el bienestar social no tendrá futuro.
A punto de instalarnos en el andamio de la elección presidencial, encaminados a alcanzar la primera quincena del mes, hagamos votos para que, por el bien de todos: primero los afligidos.
joseramonuhm@hotmail.com