Los gobiernos tienen múltiples retos hoy en día para cumplir su función, que primordialmente se manifiesta en que sus administraciones públicas busquen satisfacer el interés público, cualquiera que este sea y así lo asuman las comunidades a las que sirven.
Uno de esos retos que mayormente se presentan en el ejercicio cotidiano de la función pública es contrarrestar la desconfianza con la que la sociedad percibe a su gobierno, la cual también limita la legitimidad como valor para ostentar autoridad y hacerla valer para desplegar las políticas públicas, como regulador de la vida pública.
Es decir, sin confianza no hay legitimidad, y sin legitimidad no hay autoridad, y sin autoridad no hay política pública que sea digna de llamarse así, por lo que las administraciones públicas se convierten en aparatos obsoletos que funcionan de manera inercial, y los funcionarios y políticos en meros actores de farándula, y malos.
Así, bajo esas premisas las administraciones públicas han recurrido a diferentes herramientas de gestión para fortalecer institucionalmente a las organizaciones gubernamentales, desde la planeación estratégica, los presupuestos basados en resultados, y los sistemas de calidad, entre otros.
En cuanto a estos últimos, los gobiernos han tendido en las últimas décadas a certificar procesos bajo normas como la ISO 9001, con una filosofía y visión de origen industrial, para de alguna forma acreditar ante la sociedad que se está trabajando de manera efectiva.
Al respecto, México ha sido pionero en desarrollar una metodología ISO propia para los gobiernos locales, impulsando ante el Consejo Mundial de la Calidad un estándar específico para que el orden básico de gobierno como el municipio adopte de la mejor manera la cultura de la calidad, teniendo como propósito el que éstos sean precisamente gobiernos confiables.
Esta ISO especial para los gobiernos locales del mundo, impulsada desde México y denominada 18091, tiene como basamento dos grandes columnas:
La primera, la llamada Agenda Desde lo Local, que es una herramienta construida por décadas y que mide lo que todo gobierno municipal no debiera dejar de hacer, compuesta por 39 grandes indicadores temáticos, agrupados en cuatro cuadrantes: el desarrollo institucional, el desarrollo económico, el desarrollo social y el desarrollo sostenible.
La segunda columna en la que se basa es la constitución de un Observatorio Ciudadano Integral, en el que un grupo considerable de la sociedad, informado y con conocimiento desde la perspectiva de usuarios de los distintos temas de la Agenda Desde Lo Local, verifican y dan seguimiento al logro y consecución de cada uno de los indicadores de desarrollo.
Así, con esas dos columnas que además se construyen desde un sistema de gestión de la calidad basado en las Normas ISO 9000 y 9001, los gobiernos locales que adoptan este modelo debieran garantizar que las unidades administrativas aseguren la identificación y cumplimiento de los requerimientos de los clientes, en este caso de los ciudadanos.
De esta manera, un gobierno que asume el reto de trabajar con una filosofía de calidad, bajo las directrices de la norma 18091, son administraciones públicas que atacan de frente el origen de muchos de los malestares que le aquejan, la desconfianza de su comunidad.
En resumen, el empoderar a los ciudadanos respecto de sus gobiernos municipales, es una estrategia certera para realmente hacer de las administraciones públicas municipales unas mejores instituciones, más allá de las figuras decorativas de consulta ciudadana, y que demuestra el valor y voluntad de los gobernantes.
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