Positivo o negativo

“La muerte en pueblos y ciudades se volvió parte de la vida diaria de las personas, hasta que el papa Clemente VI ordenó que se hicieran disecciones en los cadáveres de aquellos infectados para encontrar una cura.”

Nuevamente viviremos un año atípico que marca el inicio de una etapa de años anormales a los que paradójicamente, nos iremos acostumbrando y por lo tanto, aprenderemos a tomarles la medida y a vivir con y a pesar de ellos.

Estaremos fluctuando entre el aislamiento y el contacto moderado, los contagios en masa, las nuevas variantes y una domesticación del virus y sus cepas, hasta de alguna de las dos partes -el reino viral y el reino humano- se quiebre o se empaten. 

Hoy, algunos hemos capoteado el contagio y por fortuna hemos contado con un sistema inmunológico que no se doblegó ante los síntomas que si bien molestos, lastimosos y lastimeros, nos devolvió a nuestro estado de ánimo y a un equilibrio en nuestro estado de salud.

Han sido dos años de sobresaltos, pérdidas, impredecibles, defunciones y consecuencias del paso del coronavirus por nuestro sistema de vida. Nos ha pegado en lo económico y lo moral aunque nos ha permitido volver a mirar la vida desde ángulos olvidados. O desde la desesperación, para quienes tuvieron que conseguir oxígeno a precio de oro molido, buscar camas en hospitales, o despedir para siempre a hijos o abuelos en la puerta de un hospital, sin mayor noticia que un acta de defunción.

Una especie microscópica que ha arrasado y puesto de cabeza al mundo entero, uniéndonos en un solo objetivo: mantenernos vivos y cuidar de los demás cuidándonos a nosotros. 

Tarea difícil porque en múltiples ocasiones hemos transgredido las recomendaciones que advertían los riesgos de reuniones, fiestas o eventos masivos lo que trajo consigo una tercera o cuarta ola de contagios con una variante menos letal quizá pero altamente contagiosa.

Todo ello nos regresó a nuestras cuatro u ocho paredes, a nuestro departamento o a nuestra residencia. Cambió las dinámicas y sacó tremendo susto a moros y cristianos con o sin cubre bocas que, sintiéndose merecedores de la salud por ser un elegido, pasaron a ser parte de una estadística  en la que solo hay dos categorías: positivo o negativo.

Como siempre, el horror o la muerte son motivo para los maestros de humor y del sarcasmo y gracias a ellos, la vida amenazada por la muerte, nos ha mostrado su mejor sonrisa  aunque sea pasajera o superficial. Nos dimos cuenta de que todos somos mortales aunque esta mortalidad está en muchos casos determinada por el monto de un seguro de gastos médicos o bien por la posibilidad de pagar una cama de hospital privado.

No creo que la vida sea justa o que “al final” las cosas caigan por su propio peso o “en ese mismo final, la verdad salga a flote”. 

Y por ello no estoy esperanzada en que las cosas cambien por arte de magia o bien porque nos volvamos una sociedad madura que exige lo que corresponde como ciudadanos. Ya que al parecer nos hemos convertido en un signo de pesos, en un contribuyente con un código que nos perseguirá más allá de un campo de refugiados liberados o un inolvidable número de matrícula otorgado en tu primer ingreso a la universidad.

Hoy el Covid 19, coronavirus, Delta, Omicron y futuros sinónimos de riesgo seguirán siendo parte del trending topic de nuestro vocabulario. La agenda seguirá siendo definida por estos y otros vocablos a la par de las estadísticas de contagios y bajas humanas así como de caídas en bolsas, salidas de los mercados, cierres de bancos, escape de capitales y otras también, variantes económicas que dan el pretexto perfecto para que muchos justifiquen el alza de precios o la determinación de ciertas políticas públicas debido a la contingencia sanitaria.

Vacuna o no vacuna, la humanidad se divide por un nuevo motivo mientras no haya certezas que permitan a figuras como el número uno del tenis mundial, participar en uno de los principales torneos o sucumbir ante su ataque como no lo pueden contar un gran número de personalidades del mundo del espectáculo, la política, la moda o la vida cotidiana.

Tengamos la fiesta un poco más en paz y busquemos el bien común para que podamos regresar a nuestra vida o a la versión más cercana de lo que ésta era antes del 2020 como en su momento lo hiciera Clemente VI.