“Data de ayer la historia de San Luis. Para la serie que el mundo cuenta de siglos, ¿qué valen los cuatro de documentos escritos de esta tierra y de su gente?” Así inicia Primo Feliciano Velázquez su monumental Historia de San Luis Potosí, cuyo primer volumen (en el que aparece esta apertura, es publicado en 1946, gracias al generoso mecenazgo de Roberto García Larrañaga, y por iniciativa de Ramón Alcorta Guerrero y Jesús Silva Herzog.
Y sí, apenas hace 29 años bajo el lema “Cuatro siglos de esfuerzo”, celebrábamos los cuatrocientos años de la ciudad. Nada hay ahora que celebrar; no por otra cosa, los 430 serán el siguiente.
Potosí, del quechua poctosi: cerro que explota, cerro que truena; cerro que expele una abundante riqueza. Quizá la atribución lingüística es inexacta y proviene del aymara: putukh, ruidoso. Como fuera, en aquel (el boliviano) y en éste (el novohispano) sus riquezas resultaron atronadoras.
“Dióse el bramo, anotó el cronista agustino Basalenque, voló la fama y acudieron de todas las ciudades y demás reales de minas…”, el cerro, las minas, fueron el nuevo Potosí, y comenzó el expolio de su riqueza. Hoy la riqueza no es la misma, pero algo ha de aportar, ha llegado gente de todas partes.
Algo debe llevar incluso en su esencia el nombre que en él repararon los nuevos gobiernos, el estatal y el municipal, en el lema llevan el nombre. Así, mientras el primero conforta: Potosí para los potosinos, el segundo reafirma: PotoSí.
El potosí gallardista que no será otra cosa que una repetición de los primeros años del real minero, vendrán gambusinos de todos lugares a nutrirse de las ricas vetas del recurso estatal; vemos importados de otras latitudes, pocos del entorno. La doctrina Monroe guchichil resulta contradictoria frente a la evidente presencia de las legiones extranjeras; son es el potosí para los potosinos, sino siervos impuestos al gusto del señor feudal.
Muchas de las dependencias estatales, de las que ya se ha despedido al personal de confianza y honorarios, se encuentran todavía medias vacías; el lunes será otra cosa, los burócratas del ayuntamiento soledense han llegado al cambio de administración y pronto se sumarán a los puestos ahora vacíos. Burocracia a modo.
De igual forma, las calles del centro histórico (ese que fue trazado en los primeros años de bonanza) se ven invadidas por camionetas con placas foráneas, o sin ellas, en las que despreocupadamente reposan, esperando la voz de mando, escoltas que se saben intocables. Guaruras hasta el exceso, que ni en las mayores paranoias de Toranzo y su esposa habían sido vistos. Del tamaño del arma es el tamaño del miedo, decía el general Obregón.
El generoso Potosí sigue arrojando riquezas que se repartirán según el gusto y estado de ánimo del gobernante; nada a qué temer, finalmente el Congreso, los órganos fiscalizadores y los aparatos encargados de la procuración e impartición de justicia, están bajo su control absoluto. Cándido, su gran aliado, el estratega en la reestructuración de éstos últimos; ya veremos en diciembre quién es la nueva presidente del Supremo Tribunal de Justicia. El ejercicio entre hermanos.
El nuevo alcalde, retomó la propuesta de campaña de Octavio, su compañero de fórmula, el sí del Potosí, la propuesta, la innovación, la nueva historia que dicen se escribirá. Ésta, sin embargo, al parecer será al gusto del gobernante: “el gobernador dará al alcalde…” según dijo en el discurso de la toma de posesión el día de ayer.
Forma es fondo (invirtiendo la sentencia del oráculo de Atlacomulco), difícilmente habrá escapado de la percepción de los intérpretes y conocedores: el estado es él, aún en la ciudad gobernada por un ayuntamiento autónomo.
Quizá la nueva historia a la que se refiere el inicio de la administración local, aunque pudiéramos pensar que es, por oposición a la administración anterior un nuevo inicio, también nos hace suponer la resurrección del priísmo agonizante, del cual rescató a la mayor parte de los integrantes de su gabinete. Una historia sin el lastre del panismo que lo llevó a la presidencia municipal; el mismo error del antecesor.
Por cierto, interesantes resultan los nombramientos de la secretaria de Cultura, y del director del Archivo Histórico, es sorprendente hasta dónde llegan el atrevimiento y la falta de respeto hacia un gremio o hacia la propia Historia. Ignorancia y desprecio.
Nada hay nuevo en las historias, éstas se omiten, desaparecen, adecúan o reescriben al gusto del autor que la redacta; abundan los escritores fantasma que maquilan. Da vuelta una página, concluyó un libro, inicia otro, ya veremos el colofón.
Gracias por la lectura.