“Algoritmo de la prevalencia”
Cada año desde el 2012 el INEGI exhibe la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública ENVIPE. Antier presentó los resultados de la encuesta del año pasado. Para bien o para mal el grueso de la gente no le hace caso o no la analiza, y lo que es peor, hay ciudadanos que próximamente va a ser autoridades y van a tomar posesión en los tres niveles de gobierno, que se sienten aún sorprendidos y apanicados por lo que van a “encontrar” de inseguridad en sus territorios y ni en cuenta de la lectura criminológica de su entorno.
La mejor manera de saber y comprender los fenómenos delictivos, es el análisis de los indicadores cuantitativos, visualizar y disponibilidad para quien quiera tratar de hacer comprensible la realidad actual en forma por demás metodológica, rigurosa y profesional.
Nosotros los mexicanos nos tanteamos en inseguridad de dos formas: Con las denuncias presentadas en la Fiscalías y con encuestas sobre quien ha sido víctima de algún delito. Las primeras sirven para saber, en teoría, las tasas de denuncias por hechos presumiblemente delictuosos y por consiguiente el número de delitos por cien mil habitantes de las que conoce la autoridad y; la segunda, las encuestas de victimización que es la real criminalidad sufrida en carne propia. Por consiguiente a nivel mundial, a estas últimas les dan un peso significativo para comprender el problema social-delictual.
Otra cosa que logra ENVIPE, es saber la percepción sobre la inseguridad y la delincuencia en este año 2018, en esta última encuesta como en las anteriores, sigue siendo para el grueso de la población su mayor preocupación por encima del aumento de los precios de los productos y el desempleo.
Son los cajeros automáticos en la vía pública, el transporte público, la calle, la carretera y los mercados, en donde nos sentimos más inseguros. Lo que ha llevado a cambiar nuestros comportamientos y las maneras de hacerlo, están ahora en función de lo que nos dicen, vemos y oímos, para ya no dejar salir a los menores de edad a la calle, usar joyas, salir de noche, llevar dinero en efectivo o tarjetas de crédito.
Pero lo que más va impactar en la sociedad dramáticamente de continuar así, aparte de la impunidad, es el costo de la inseguridad por delito per cápita que ya es de $7,147.00 pesos, y donde el costo total a nivel nacional fue de 300 mil millones de pesos, el 1.65% del PIB. Sin embargo, según un estudio del Instituto para la Economía y la Paz, -el impacto económico de la violencia en México es de 4.72 billones de pesos, lo que equivale al 21% del PIB nacional. Cifra que es siete veces mayor que el presupuesto de educación en 2017 y ocho veces mayor que la inversión pública en salud y, en términos per cápita, el impacto económico de la violencia fue de $33,118.00 pesos, más de cuatro veces el salario mensual de un trabajador mexicano promedio-.
TAPANCO: Los nuevos gobiernos, en especial los Municipales se enfrentan a su talón de Aquiles, la gobernabilidad de la política pública en seguridad. Misma que no se extingue con la publicación mensual o anual de estadísticas o resultados de encuestas, ni mucho menos sin tener la capacidad de mutar y ajustarse a los cambios que advierte la delincuencia y los propios avances sociales.
Si en verdad van en plan de estadistas, la ejecución de sus políticas criminológicas debe tener un perfil subsidiario, lo que representa igualar junto a la dificultad a la institución más capacitada para hacerse cargo de ello. Y por último, deberá contar información local y georreferenciado del diagnóstico y predictibilidad del inconveniente delictual, en el esquema del plan o la forma de contener la inseguridad en su territorio. Otra cosa más que habría que agregar, les está infiltrando gente en puestos estratégicos el crimen organizado y ni por enterados.