Hay un carácter público de las políticas, donde público no equivale a gubernamental
sino que define el espacio institucionalizado en el que los ciudadanos interactúan
y dialogan con las autoridades con el fin de definir las necesidades comunes
y convertir objetos y estrategias
para satisfacerlas.
Ejeda Mendoza, 2006
A través del constante flujo de información, hoy nos es muy fácil acceder a distintas realidades que se miran cercanas, aún cuando éstas no sucedan justo en la comunidad en la que habitamos. Esto ha permitido que como sociedad nos sensibilicemos y empaticemos al grado de identificar problemas sociales que consideramos comunes y que requieren de atención colectiva. Y es así como socialmente podemos “empujar” asuntos de importancia local a la agenda pública nacional, con el objetivo de que al definirse como problemas públicos se conviertan en una política pública que administre, o en el mejor de los casos, resuelva la cuestión. Así ha ocurrido con el “grave problema del sargazo” en el Caribe mexicano.
Me atrevo a decir que sin importar a que estado de la república pertenezcamos, si hay algo de lo que los mexicanos siempre nos hemos sentido orgullosos, es de la belleza de las playas mexicanas. Allí sí que aplica el dicho: “como México no hay dos”. Por ello, ante tan terrible problema público en el Caribe mexicano, que está afectando enormemente al país en términos turísticos y muy directamente a las economías locales de quienes viven de éste paraíso terrenal, muchos nos sentimos dolidos, preocupados y con la imperiosa urgencia de ver que ésta contingencia ambiental se atienda efectivamente, de manera presupuestal y técnica, como una verdadera política pública en la que intervengan los sectores y actores correspondientes.
El sargazo como problema público
El sargazo es un alga flotante que “viaja” a la deriva impulsada por las corrientes oceánicas, al tiempo que se mueve como una “isla” viviente que sirve de alimento y hogar para varias especies marinas. Pero en exceso, no solamente afecta la belleza de las playas y su potencial turismo; también resultan afectadas las diversas especies de flora y fauna que enriquecen el ecosistema de la zona: arrecifes coralinos, pastos marinos, así como peces, crustáceos y otros animales que cohabitan el Mar Caribe. El problema del sargazo no se trata de una cuestión local de las costas mexicanas, pues abarca todo el Caribe e, incluso, al Atlántico Ecuatorial. Estamos frente a un problema internacional que requiere atención global, pero por supuesto, también focalizada.
De acuerdo con expertos de la UNAM (2018), esta hierba que llega del mar a las playas caribeñas de México proviene del Mar de los Sargazos, una enorme concentración de algas flotantes ubicada en el Océano Atlántico, situada dentro del célebre Triángulo de las Bermudas, y que alcanza una extensión de tres millones 500 mil kilómetros cuadrados, con una profundidad de hasta un metro y medio.
Se discute a qué se debe el aumento del volumen del sargazo y se tienen distintas hipótesis. Además del aumento de temperatura por el calentamiento global, se cree que este arribo masivo se debe a un cambio en las corrientes de aire de los hemisferios norte y sur; a un aumento en las cargas de fosfato del desierto del Sahara; y la contaminación de las aguas provenientes del Río Amazonas que entrega su caudal de agua dulce al mar en el Cono Sur. Estos factores provocan el aumento de nutrientes en el agua, lo que favorece el crecimiento del alga. El hecho de que haya más nutrientes en el agua no es una buena señal, pues, de hecho, el agua cristalina del Caribe se debe a que tiene pocos nutrientes.
Las actividades humanas e industriales están haciendo llegar a estas aguas fertilizantes contaminantes que desequilibran el ecosistema. En México, unos 1.000 kilómetros de playas se han visto realmente afectados, entre ellos los destinos más famosos e importantes para la economía como Cancún, Playa del Carmen y Tulum en el estado de Quintana Roo.
Evolución del problema del sargazo
y de la política de combate
El esfuerzo para quitar el sargazo de las playas del Caribe mexicano, ha sido desde hace algunos años una rutina diaria que de tradición laboral se ha tornado en una pesadilla para los habitantes y hoteleros de la región.
En agosto del 2018 expertos de la UNAM y de la SEMARNAT, a solicitud del Gobierno de la República, conformaron un comité científico de alto nivel como grupo de trabajo permanente para aportar conocimiento y soluciones de ciencia aplicada, enfocados a “atacar al sargazo” en las playas de Quintana Roo. Al mismo tiempo, el gobierno federal destinó a cientos de trabajadores en cuadrillas que llenaban carretillas y volcaban en camiones el alga que muta en colores ocres y negros. A los jornaleros se les pagó con recursos que la federación tiene destinados para las catástrofes naturales.
Entre mayo y agosto de 2018, las autoridades y hoteleros de Quintana Roo removieron alrededor de 130,000 metros cúbicos de sargazo de 17 playas en siete municipios de la entidad. Para ello el gobierno federal aportó 62 millones de pesos que se sumaron a los 20 millones de pesos con los que contribuyó el gobierno del estado de Quintana Roo. Se reveló que en ese periodo los hoteleros gastaron alrededor de un millón de pesos al mes para retirar el sargazo de las playas. Se registraron 275 mil metros cúbicos del alga en apenas seis kilómetros de playa; si esto se contabiliza para todo el municipio que tiene 17 kilómetros de litoral, supuso casi 800 mil metros cúbicos, cifra que se correspondería con unas 300 piscinas olímpicas.
El asunto se agravó nuevamente en mayo de 2019, por lo que el gobierno de Quintana Roo declaró un estado de emergencia al respecto, describiéndolo como un “desastre natural inminente”. No obstante, la federación no lo observó así. Con la llegada del nuevo gobierno federal y su austeridad republicana, el problema del sargazo se minimizó; no se alcanzó a dimensionar, no se identificó como prioridad y por tanto no se integró a la agenda pública. Por ello, los habitantes del estado de Quintana Roo le hicieron llegar una carta al Presidente López Obrador quejándose de que las autoridades no estaban reconociendo la magnitud real de la “grave situación”.
Escribieron: “Nuestras playas han perdido el color cristalino de sus aguas y sus tonalidades azul y verde turquesa; los pastos marinos y los peces mueren por la falta de luz y del oxígeno que les roba el sargazo, las tortugas se ven afectadas al igual que el arrecife coralino”. “La recolección del sargazo en la playa produce erosión y su putrefacción un gas ácido con olor a huevo podrido que puede ser nocivo para la salud humana”, advirtieron.
A finales del mes de junio, López Obrador visitó Cancún. Dijo que la llegada de algas a las playas eran un “problema menor” y que “no le preocupaba que causara daños importantes a la economía de la región”, comentario que generó la molestia de empresarios, gobernantes locales y sobre todo de residentes. Tras dicha declaración, el asunto enfrentó a la comunidad local con el Presidente de México, ya que para los habitantes de los populares destinos turísticos en los estados de Quintana Roo y Yucatán, el sargazo es uno de los más graves problemas que enfrentan en los últimos años.
Luego de las críticas, López Obrador dijo que el gobierno federal ya está trabajando en ello y prometió “todos los recursos necesarios” para hacerle frente al problema. El Almirante Rafael Ojeda, Jefe de la Armada de México, dijo que las autoridades gastarían alrededor de 54 millones de pesos para construir cuatro barcos destinados a recoger el sargazo en el mar, así como nuevas barreras para retenerlo.
Es poco probable que el problema, que también afecta a otros países del Caribe, desaparezca pronto. Pero sí es claro que de no tomarse acciones colectivas y coordinadas para evitar que cantidades masivas de sargazo lleguen al Caribe mexicano, se corre el riesgo de que las hermosas aguas azul turquesa y las magníficas playas de arena blanca dejen de existir dentro de pocos años.
Se ha necesitado la voz ciudadana local y no local para que este problema regrese a la agenda pública y se atienda a través de una política de combate permanente de ésta ya nociva alga para el ecosistema y la economía de la región. Pero por obvias razones, el problema del sargazo representa un reto multisectorial que tiene que ser abordado y atendido tanto por todos. Colectivamente debemos participar. Sumándose: los tres niveles de gobierno; las industrias contaminantes; académicos y científicos; empresas privadas que conforman asociaciones del sector turístico; residentes, turistas y ajenos. Todos queremos recuperar las playas del Caribe.
anacristinales@gmail.com