Hace poco le preguntaron a Andrés Lira González, profesor emérito del Colegio de México sobre la inamovilidad de las Constituciones y el respondió que pretender que una constitución permanezca inmutable, es como querer ponerle puertas al campo. Claro que después acotó que hay de cambios a cambios.
En lo que va de poco más de un siglo, el texto constitucional que tenemos aún en vigor comenzó con más o menos, veintiún mil palabras. A la fecha, ya podemos contar más de sesenta y cinco mil. La Constitución de 1917 ha sufrido más de 700 modificaciones desde su promulgación. Y no duró mucho sin ser tocada: en el período de Álvaro Obregón, es decir, entre 1921 y 1923 tuvo sus primeros ocho cambios y a partir de ahí, no ha habido período presidencial en donde no haya sido modificada.
El doctor Lira tiene claro por qué: una Constitución es algo que va mucho más allá de ser la ley suprema de un país, mucho más que la norma que establece los derechos mínimos de las personas que habitan y los techos máximos a donde se puede llegar sin trastocar los límites sociales; mucho más que el texto que organiza la vida de un país. Una Constitución es la manifestación clara del legado de un gobernante. Es su herencia política para la posteridad. Es la huella que quiere dejar para ser recordado en el futuro. Es su manera de hacerse eterno… hasta que alguien más llega y la modifica, por supuesto.
Bajo ese tenor, resulta simpático revisar cuántas modificaciones constitucionales ha tenido el país. Bajo el mandato de Calles, despuesito de Obregón, hubo 18 modificaciones. Con Portes Gil, 2 y con Ortiz Rubio, 4. Después de ahí, ya no se ha vuelto a bajar a la decena. Abelardo L. Rodríguez realizó 22 modificaciones, Cárdenas 15, Ávila Camacho 18, Miguel Alemán 20, Ruiz Cortines, más modestamente, 11, subió con Díaz Ordaz a 19. Luego, ya se destrampó la cosa: en el período de Echeverría fueron 40 modificaciones, con López Portillo 34, De la Madrid (que era profesor constitucionalista) 66, Salinas de Gortari -contrario a lo que popularmente se cree- realizó menos, 55, luego con Zedillo 78, Fox 31. Después se rompió el récord con Calderón, cuando se realizaron 110 modificaciones, pero no duró mucho el récord, porque en el sexenio de Peña Nieto, se realizaron 156 cambios y hasta la fecha conserva el récord de todos los tiempos, ya que en el sexenio anterior, el de López Obrador, se realizaron 96.
Aunque los número hablan (por ejemplo, ya vimos que resulta inexacto decir que Salinas posee récord) también en cierto que cantidad no es calidad. Puede, como en muchas leyes, haber modificaciones que, francamente, mejor no se hubieran realizado por inútiles; y de manera contraria, hay casos donde una sola modificación sí cambia el rumbo completo de México.
Los cambios resultan inevitables, en la vida y en la Constitución, y ciertamente pretender cerrar a piedra y lodo el texto máximo sí es tan inútil como querer instalar puertas en el campo. Sin embargo, más allá de la cantidad de modificaciones, habrá que cuestionar el calado de las mismas y entender que fuera de discusiones legales, está la discusión de legados. Y contra eso, no hay procesos normativos todavía.