No sé si derivado del elogioso y protector discurso que el presidente López Obrador pronunció durante su última visita a San Luis Potosí o del respaldo que la pragmática Claudia Sheinbaum le prodigó hace una semana, también en esta tierra, pareciera que el gobernador Ricardo Gallardo anda más sobradito que de costumbre. Habrá quienes digan que son comentarios inofensivos, propios de las campañas políticas, y quizá lo sean, pero no gratuitas; la factura por la abundante sopa de cebolla acabaremos pagándola todos los potosinos.
Tampoco es posible confirmar el dicho del presidente en el supuesto del cariño que el gobernador tiene por el pueblo potosino y éste por aquel; parecieran percepciones derivadas de lo que le cuentan, porque pueblo son los burócratas estatales, los trabajadores del Poder Judicial del estado, los jubilados, la comunidad que integra la Universidad Autónoma, y todos aquellos que han sufrido los abusivos caprichos de la gallardía. Es decir, en un simple ejercicio de lógica es imposible que quien prodiga estos maltratos sea querido y más que quien los recibe pueda quererlo.
Se podrá decir que es popular, sí, pero popularidad no es aceptación ni querencia, ya lo han dicho y escrito muchas veces, pero curiosamente en muchas ocasiones la popularidad deriva, al menos en este caso, de los constantes y casi permanentes señalamientos que en medios nacionales se hacen del personaje. Sí, los motivos podrán ser fundados pero también la popularidad, positiva o negativa, que le generan.
Mezquino con los de casa, obsequioso con los de afuera, ahora condiciona el ilusorio segundo piso al casi inminente triunfo de la candidata oficial, el abastecimiento de agua también son de los milagros que ocurrirán en esta tierra olvidada por Dios, si los potosinos de-votos la apoyan; ella sabrá agradecer. La realidad es que con o sin el voto de los potosinos ella llegará a la presidencia, pero es necesario ofrecer el capital político con el que se dirá popular, querido y respaldado, aunque es sabido que no se realizará el innecesario segundo piso, simplemente porque no hay recursos federales y el agua seguirá escaseando en la medida que pueda seguirla utilizando como elemento de chantaje frente a sus intereses.
Por eso no son gratuitas ni injustificada las actitudes que asumen frente a la crítica y la opinión pública; todo lo que les (el plural es válido porque se incluye a varios de sus colaboradores, entre ellos su ignorante secretario de Gobierno) sea incomodo, como la crítica fundamentada y la evidencia de sus atrabiliarios procederes, acaba convirtiéndose desde sus limitadas percepciones, en actos encaminados a frenar el progreso, a combatir el desarrollo que nos trae su buen gobierno.
Siguiendo los absurdos razonamientos del gobernador y su secretario, quienes consideran que los amparos interpuestos contra algunos de sus actos son parte de lo que ellos llaman la herencia maldita, no sería ocioso recordarle que él salió de la cárcel gracias a algunos (muchos) amparos interpuestos por su equipo de abogados, por consiguiente él y su gobierno son también parte de esa herencia que se nos convirtió en una presencia maldita.
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En 2018 el entonces coordinador del Consejo Consultivo del Centro Histórico, Horacio Sánchez Unzueta, (supongo que por sugerencia de un amigo común) me invitó a colaborar de manera directa en uno de los proyectos más ambiciosos que en materia de conservación del patrimonio histórico documental –después del Archivo Histórico– he escuchado. Con todo y las cuestiones legales y técnicas que argumenté y que Horacio Sánchez se ocupó de una a una objetar y señalar cómo se abordarían, se inició algo resultaba un poco complejo pero no imposible; desafortunadamente la abulia de los otros y la llegada de los hunos, no sólo no permitió que se le diera continuidad a esa proyecto sino que acabó de lleno con todo el notable trabajo que realizaba la mencionada dependencia. Hago este comentario no a propósito del político potosino que acaba de partir y cuya ausencia cierra un ciclo de la política potosina, (tampoco por el lector sabatino cuyos comentarios voy a extrañar) sino del potosino que por interés en el patrimonio histórico de la ciudad de San Luis Potosí, con conocimiento de causa y de manera comprometida trabajó en su rescate. Mi sentido pésame a su familia y amigos.