“La libertad y la salud se asemejan:
su verdadero valor se conoce
cuando nos faltan”.
Henri Becque
Con la venia de los médicos especialistas en temas oncológicos, el respeto y admiración que me merecen los pacientes oncológicos, humildemente abordaré este sensible tema de salud pública que además es, de un tiempo a la fecha, mediático, por todas las situaciones que han girado a su alrededor.
Para hablar que es lo que sucede ahora en México al respecto, mencionaré en primer lugar que los medicamentos oncológicos atienden el cáncer, patología (enfermedad) de células anormales que se dividen sin control y pueden invadir otros tejidos. Estas células pueden diseminarse a otras partes del cuerpo por el sistema sanguíneo y el sistema linfático. A esto se le llama células cancerosas.
El cáncer son muchas enfermedades; hay más de 100 diferentes tipos de cáncer, la mayoría toma el nombre del órgano o de las células donde empieza a manifestarse.
A su vez, la oncología es la especialidad médica que estudia los tumores (neoplasias) que derivan en cáncer. Estos tumores pueden ser benignos o malignos. La oncología da especial atención a estos últimos.
Los fármacos, medicamentos oncológicos, o agentes genotóxicos, son aquellas sustancias qumioterapéuticas que afectan los ácidos nucléidos y alteran sus funciones. Sin entrar en tanto detalle médico y científico, limitaré mi comentario al decir que la meta de un tratamiento con cualquiera de estos fármacos oncológicos es eliminar las células cancerosas.
Desafortunadamente estos medicamentos son caros, y con muchos efectos secundarios adversos para la salud de los pacientes tratados con ellos. Los efectos negativos más visibles son pérdida de cabello, náuseas, vómito, dolor de cabeza, o debilitamiento general.
Por si solo este delicado tema de salud ocasiona un desgaste físico y emocional tanto a quien lo padece, como a quienes conviven con el paciente oncológico.
A lo anterior, hay que añadir que desgraciadamente a finales de 2018 inició un desabasto de medicamentos oncológicos en México. Esta grave situación en nuestro país significa, como diría en un artículo publicado por Ricardo Raphael “una crisis constitucional de proporciones graves: el artículo 4º establece la obligación del Estado para proteger la salud de las personas, y hoy no hay fármacos suficientes para el tratamiento quimioterapéutico de decenas de miles de pacientes”.
¿Qué sucedió o que hay detrás para que se presentara, de manera aparentemente súbita esta crisis de escasez de medicamentos oncológicos?
Quienes han investigado en el tema, indican que todo inició con el fallido cambio de “paradigma” vía compras consolidadas de medicamentos por la nueva administración federal.
Esta nueva política pública se estructuró con base en un diagnóstico realizado por Oficialía Mayor de la SHCP según el cual, “80% de las compras realizadas en la anterior administración se hicieron sin licitación pública y que existían más de 1 mil 500 unidades compradoras”.
Cabe destacar que previo a esta decisión, ya existía un modelo de compras consolidadas desde 2013, donde participaban el IMSS, ISSSTE, PEMEX, la SEDENA, Secretaría de Marina y gobiernos de 22 estados. A partir de enero de 2019, todos debieron sujetarse al nuevo modelo de contratación consolidada.
En el segundo semestre de 2019 la situación se agrava, al adquirir solo 16 de los 36 fármacos necesarios para atender el tratamiento de cáncer en niños y adolescentes. Para intentar subsanar esta primer crisis, el gobierno federal realizó una compra de emergencia en septiembre de 2019 a una farmacéutica francesa.
También a inicios de 2019 el gobierno federal “vetó” a las tres principales distribuidoras de medicamentos oncológicos, achacando situaciones de corrupción, tráfico de influencias en los procedimientos de adquisición, compra y distribución de estos medicamentos, además de considerarlas un monopolio.
Expertos comentaron en su momento que esta decisión de tipo administrativo afectó en que se perdió el conocimiento de funcionarios expertos en el tema. Al no tomarse las medidas necesarias, los procesos de compras iniciaron tarde.
También se detectó que lo que en realidad ocurría, era que esas tres distribuidoras compraban a otras empresas y distribuían, por lo cual había acaparación de mercado; además, las medidas implementadas no se hicieron de manera adecuada, y se generó la situación de desabasto de la que aún no se sale del todo, teniendo como efecto la afectación en la salud y tratamiento de los pacientes oncológicos.
Aunque las cifras oficiales de desabasto se desconocen, al tenerlas resguardadas celosamente las instituciones de salud, hay indicadores, como el número de denuncias presentadas ante distintas instancias, sobre la gravedad del problema. A diciembre de 2020 había más de 3 mil 700 reportes.
Para “intentar” tapar este contexto, el 31 de julio de 2020, el gobierno federal anunció la firma de un acuerdo entre la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) y el INSABI, donde el organismo internacional se encargará de las compras consolidadas de medicamentos para el periodo 2021-2024. El gobierno mexicano pagará 6 mil 800 millones USD por el encargo.
Hoy en día se desconoce cuáles han sido las consecuencias de esta decisión. Mediáticamente ha dejado de ser un tema de actualidad, y solo se tiene conocimiento que los pacientes afectados buscan protección de la justicia dentro y fuera del país.
De esta lamentable situación podemos extraer algunas reflexiones.
La primera es que LOS PACIENTES ONCOLÓGICOS SON SOBREVIVIENTES de todas las situaciones adversas que los rodean, iniciando por escuchar el diagnóstico, la pérdida de la salud, las adversidades familiares, laborales, económicas… y administrativas por las que atraviesan en su proceso.
La segunda, y no menos grave que la anterior, está relacionada con lo importante que es tomar buenas y oportunas decisiones desde la planeación hasta la ejecución de una política pública, especialmente las relativas a temas de salud, y en específico las estrategias a seguir para abastecer y distribuir los medicamentos necesarios para atender la recuperación de la salud.
La tercera reflexión es que, si queremos realmente cambiar un paradigma, en este caso, el abasto oportuno de medicamentos oncológicos, había otras rutas, distintas a la elegida. Lamentablemente se escogió una donde a quienes se intentaba proteger resultaron ser los más afectados por la fallida decisión tomada.
Malas decisiones, nos llevan a malos resultados, en este caso, el lamentable riesgo de perder vidas por una mala decisión política, de planeación y gestión administrativa, y presupuestal.
Finalmente, mi reconocimiento a todos los pacientes oncológicos diagnosticados, a los que hoy se encuentran en tratamiento, a quienes felizmente lo superaron, POR SER SOBREVIVIENTES, pero especialmente, a quienes ya no están entre nosotros, por su valor, entereza, y porque ESTÁN EN NUESTRA MEMORIA.
jmanuelrmoreno@gmail.com