En una intrascendente plática de mesa cafetera me entero que un amigo construyó en su casa un aljibe de diez mil litros, que no son muchos pero ya cuentan. Hace algunos años, cuando en cualquier casa de dos pisos el agua llegaba a los tinacos de azotea con la simple presión de la red urbana, esto hubiera parecido una exageración, ¡ni que tuviera huerta! diríamos algunos. El argumento de éste, luego de percatarse de la mirada de diversión e incredulidad de los que con él conversábamos, fue que el precio de la pipa de agua a domicilio es el mismo por una cubeta de 20 litros o por un depósito de aquella capacidad y –¡argumento irrebatible!– “lo del Realito se pondrá peor”. Como si se bañara del diario.
En efecto, aunque la crisis de agua a la que comenzamos a enfrentarnos (porque apenas comienza) obedece a varias razones, entre ellas la antigüedad de la red abastecedora y, por supuesto, la sobreexplotación del acuífero, la más mencionada en tiempos recientes (como si en ésta se diluyera toda la problemática) son las constantes fallas en la red de distribución de la presa El Realito. No es, definitivamente la única, incluso quizá ni la de mayor peso, pero su tratamiento mediático, la incapacidad de la empresa operadora, la abulia de las autoridades y la politización del asunto, hacen suponer a muchos que de la multicitada presa se abastece toda la ciudad de San Luis Potosí.
Sin embargo, con todo y que esta presa no sea la principal causante de la problemática del suministro hídrico, es conveniente señalar que su red de distribución sólo funciona en un 25%, el 75% restante es inexistente. Me explico, en octubre de 2008 se aprobó el programa de modernización de Interapas en el que se incluía la construcción de la cortina y el acueducto; este último, según se establecía en el manifiesto de impacto ambiental, debía de distribuir también agua en los municipios de Tierra Nueva, Santa María del Río y Villa de Reyes, pequeño apartado que nunca fue cumplido.
Por otro lado, vale la pena preguntarse qué ocurriría en estos días, al margen de las fallas constantes del acueducto, si se distribuyera agua a esos municipios; obviamente sería todavía menor la cantidad de agua con que se dotaría a la capital del estado; recordemos que según cifras del propio Interapas sólo se utiliza entre el 35 y 40 por ciento del volumen contratado, o sean, 350 litros cúbicos por segundo, de un total de 1,000. La realidad, aunque no se quiera reconocer, es que el trasvase (obra hidráulica cuya finalidad es incrementar la disponibilidad de agua en una población adicionando agua desde una cuenca vecina) del Realito resultó un método ineficaz, que no sólo generó el abatimiento del acuífero, marginación, desajustes estructurales y ahora consecuencias de daños en la red de distribución.
Hace dos semanas reventó el acueducto a la altura de Tierra Nueva; luego, al tiempo que los afectados por el siniestro cuestionaban y los medios de comunicación visibilizaban el daño patrimonial, la Comisión Estatal del Agua se ocupaba de arremeter contra los perjudicados. Tan sencillo que era simplemente reconocer que el acueducto falló respecto a flujo y volumen de agua, sistema de gravedad y –sobre todo– calidad de la obra.
Hasta ahora ninguna autoridad ha reconocido, además es imposible que argumentaran desconocimiento, que poco más de 50 kilómetros de los 132 que mide el acueducto son inservibles. Nadie asume directamente el problema y desestiman la magnitud de un desastre mayor; para la propia empresa operadora resultaría imposible, por el alto costo, la sustitución del tramo; las autoridades estatales, fieles a su afición por el pleito de verduleras, sólo fomentan el encono y, comiéndose el taco de lengua, prometen formidables convenios con el gobierno federal; y el presidente municipal, pobrecito, pareciera ser inexistente.
Las fallas ocurridas de manera sucesiva en la red de conducción, incluyendo las afectaciones en el patrimonio de las personas, que necesariamente conllevan a la interrupción del servicio pueden ser consideradas como tolerables, pero existe el riesgo constante de un daño mayor a futuro; por ejemplo, ¿qué ocurriría si el acueducto reventara en un tramo compartido con el gasoducto, en una gasolinera, o bajo el tendido de una red eléctrica?
También hay que decir que aunque se pueda señalar como responsables a las actuales autoridades estatales y municipales actuales, éstos son los menos; abúlicos, faramallosos e irresponsables, pero no más. Los verdaderos responsables son las autoridades gubernamentales que en busca de un beneficio personal impulsaron el proyecto con recursos del Banco Mundial en el 2004, es decir el gobernador del estado, Marcelo de los Santos (respaldado por Vicente Fox, tal como en el caso Minera San Xavier), Jorge Lozano, alcalde de la capital y presidente de la Junta de Gobierno de Interapas (el mismo que solapó la entrega de Aguas del Poniente al “barón del concreto”), así como María Rosaura Loredo, alcaldesa de Cerro de San Pedro, y Juan Manuel Velázquez Galarza, alcalde de Soledad; tampoco queda fuera Urbano Díaz de León, director de la Comisión Estatal del Agua entre 2003 y 2009 (además socio de Gran Peñón, uno de los fraccionamientos con tanque de almacenamiento del sistema de El Realito). Evidentemente ninguno de éstos sabe lo que es vivir sin agua.
Mientras la ciudad sigue sin agua en muchos sectores, y los diputados ven viable –pero no actúan– cancelar el contrato con la empresa que opera El Realito, ésta continúa sin atender a fondo el problema, ocultando y manipulando la información, y recibiendo ganancias millonarias.
En vez de andar de picapleitos amenazando con tomar el control de las casetas de peaje allá por el rumbo de Logistik, de encapillar a los alcaldes que no se vuelvan verdes, o sacándose autorretratos con reguetoneros colombianos, el gobernador del estado debería de convencer al gobierno federal de intervenir y tomar el control absoluto de la cortina de la presa, del acueducto y de la red de distribución, además de ordenar una investigación que incluya peritajes y auditorias sobre el proyecto, a efecto de establecer condiciones reales del mismo y actuar de forma inmediata para evitar un siniestro generalizado. Al fin, aparte de presumirlo, para algo debe servir el andar diciendo que se tiene un amigo presidente de la República.
Gracias por la lectura. ¿Alguien que me invite a comer chiles en nogada?