El 13 de octubre de 1955 falleció, en Huixquilucan, Estado de México, el general Manuel Ávila Camacho, quien había sido presidente de la República, entre 1940 y 1946. Dijeran los efemeridólogos y versados en recordar cualquier suceso: en un día como hoy, pero ningún día es como hoy.
Quizá uno de los presidentes, no desconocido pero menos recordados, por su función de puente entre el militarismo y el civilismo; pasa desapercibido, primero como sucesor de un Cárdenas exaltado por la nacionalización del petróleo y casi santificado como –dijera don Daniel Cosío Villegas– conciencia de la revolución mexicana; después tras de un Miguel Alemán, recordado por ser el iniciador de los excesos auspiciados y cometidos –desde y en–la más alta esfera del poder en México.
Cierto es que se le recuerda también como el presidente caballero, aquel que desde su postura personal de católico se comprometió a dar una solución final a las ríspidas relaciones estado iglesia que se arrastraban desde el conflicto denominado cristero, y que si bien se habían solucionado desde principios de la década anterior, continuaban siendo ríspidas frente a la educación socialista promovida por el general Lázaro Cárdenas.
De ahí en fuera, pocos lo recuerdan, y los que lo hacen hablan de él como un hombre gris, quien según su hermano Maximino, era un bistec con ojos que nunca debió ocupar la presidencia de la República.
Otro de los hechos por los que se le recuerda es por hacerse de la vista gorda cuando el sábado 22 de enero de 1944, a las 13 horas, se celebraron en la iglesia de San Rafael Arcángel […] unas honras fúnebres dedicadas al descanso eterno –en los mismísimos infiernos– del alma del sanguinario chacal Victoriano Huerta. Según Alfonso Taracena, en sus sabrosos volúmenes La vida en México bajo Ávila Camacho (de los que tomo la cita anterior), durante la decena trágica, Ávila Camacho fue uno de los llamados ciudadelos, pues se le vio acompañando a su hermano Maximino en la Ciudadela.
Según el mismo autor, fueron ellos también de los involucrados en el asesinato de Gustavo A. Madero; así, la noche del 8 de febrero de 1913, coludido con los esbirros Manuel Mondragón y los demás, tendió una celada con los tenientes Peña y Castillo y con 16 aspirantes más, en las calles de Observatorio, en Tacubaya, a unos policías enviados en tres camiones por don Gustavo A. Madero, que ya sospechaba que en la madrugada se iniciaría el movimiento contra el gobierno legítimo. Después, en plena lucha en los días de la Decena Trágica, se le vio a caballo […] combatiendo en favor de la infidencia.
Precisamente –sigue Taracena– un senador mal encarado, que nada tenía de “franco” y cuyo apellido recordaba a la bíblica mujer de Urías, me dijo una vez, bajo el gobierno del general Manuel Ávila Camacho, que andaba yo pisando chueco en mi búsqueda de los verdugos de don Gustavo A. Madero. Insinué que iría a recabar datos con el general Raúl Madero y exclamó: Raúl si sabe, sabe que los verdaderos asesinos de su hermano Gustavo fueron unos que hoy son poderosísimos.
Vaya manera de recordarlos.
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Los recuerdos siempre aparecen, unos para bien y otros para bien –también– pero de otros. Hace unos días, por ejemplo, recordaban en redes sociales cuando el hoy alcalde de la capital, casi de la mano, o al menos del brazo, con el desquiciado Desfassiux, se comprometían a enviar los pestilentes desagües a las Lomas. Gallardas notas de un pasado no muy distante.
Y es que son las aguas las que se convierten en incomodidad para Xavier Nava, recordemos que el pasado jueves, el marioneta alcalde de Soledad, protagonizando un berrinche al más puro estilo gallardista, arremetió contra la recién designada delegada del Interapas, a la que pretendió desalojar con lujo de violencia y apoyo de la fuerza pública soledense. Una de dos, o es imbécil e ignorante de la ley, o al igual que él lo son sus asesores jurídicos, quienes ignoran que el titular jurídico del organismo está facultado para nombrar a sus delegados.
A quien no los recuerdos, pero sí su pasado de crápula sin preparación lo están alcanzando, fue al flamante diputado Ricardo Gallardo Cardona, que de nueva cuenta cometió un dislate lingüístico, antes fue lo ponido y ‘ora fue lo resolvido. Sociolecto le llaman a la forma de expresarse en nuestro entorno inmediato, en el que nos formamos, pues. Más las que faltan.
Ya que andamos en los entornos que son criados y formados nuestros políticos, la voracidad sigue siendo el toque de las Legislaturas; dicen los nuevos diputados que pura madre que se someten al plan de austeridad. Más de 293 millones de pesos son los que ejercerán para el próximo año. Menesterosos que hasta en los almuerzos de bufet piden para llevar los sobrantes; si no me doy a entender, pregunten al hipócrita de Edson Quintanar. Eso que apenas empiezan.
Ojalá que tampoco quede sólo en promesas, el actuar contra las corruptelas hechas por la anterior administración municipal; ayer el Frente Ciudadano Anticorrupción, pidió a la Sindicatura del Ayuntamiento, actúe y presente denuncias penales por el caso Sandra Sánchez Ruiz. Desde luego, aquí se verá la verdadera disposición del alcalde si da curso al asunto.
Ayer también nos enteramos que Aquismón fue declarado pueblo mágico; designación que si bien, en algo ha de beneficiar al municipio y al estado, no garantiza el buen funcionamiento de la figura gubernamental; mucho turismo y poca seguridad y orden en el estado. Me recuerda las cándidas y fatuas aficiones del emperador Maximiliano a proponer condecoraciones y diseñar uniformes, mientras el imperio se le deshacía en pedazos y a la vista.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan, aunque se animen a ir al Festival San Luis, que sigue sin inspirar (al menos para eso debería regresar Marcelo).