La semana pasada tuve la gran oportunidad de participar en el XIV Congreso Internacional de Derecho Procesal, organizado por el Instituto de Costa Rica para la Promoción del Derecho Procesal y el Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, a invitación del Doctor Luis Alberto Canales Cortés, director ejecutivo del Instituto.
Asistí por segunda vez a esta reunión académica de manera presencial y, por tercera ocasión, tuve el gusto de poder participar con sendos ensayos en los tres libros que se han publicado en relación con las actividades de esta agrupación entusiasta en torno a la academia y al conocimiento.
Sería imposible en poco espacio dar cuenta de todo aquello que se expuso por los participantes, pero que me lleva a decir, sin lugar a dudas, que ojalá nuestras universidades tuvieran la entereza y empeño con la que este Instituto lleva a cabo su evento anual, escuchando las voces de magistrados, jueces, académicos y abogados de Costa Rica, México, Colombia, Ecuador, Panamá y Bolivia hablando sobre temas de interés para quienes hacemos del derecho nuestro diario quehacer,
Bajo el título de “Avances del Derecho Procesal en los Inicios del Siglo XXI” se habló de derecho concursal, penal, constitucional, civil, familiar, laboral, ambiental, compliance y derechos humanos, abordando desde diferentes perspectivas temas de corte procesal vinculadas a estas áreas.
Recuerdo que allá en mis épocas de estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí pude asistir a dos congresos, el Tercer Congreso Nacional de Criminología y el Cuarto Congreso Mexicano de Derecho Penal, grandes experiencias académicas en las que tuvimos la oportunidad de escuchar a extraordinarios exponentes, algunos de ellos autores de los libros con los cuales estudiábamos las materias de la carrera.
¿Dónde han quedado este tipo de eventos académicos, en los que la posibilidad de interacción con los expositores era un valor agregado al aprendizaje que pudiera adquirirse en las sesiones de trabajo?
Fueran universidades públicas o privadas, ya de manera previa a la aparición de la pandemia de COVID-19 se había abdicado en buena medida de esas actividades complementarias de la formación de los abogados que son los congresos con participación internacional, foro excelente para aportar experiencias adicionales a estudiantes y profesionistas a la par que conocimiento.
Es urgente que se recupere la formación de las nuevas generaciones de abogados por parte de las instituciones de educación superior, desde una perspectiva de retos a enfrentar, corrientes por remontar y luchas por vencer, tirando el lastre de su excesiva y compleja burocracia académica-administrativa, que quiere enseñar con la vista puesta en siglos pasados.
Resulta necesario que existan quienes quieran encabezar los esfuerzos de convocar congresos, de coordinar libros, de fomentar la discusión y el aporte de ideas, venciendo las resistencias, las comodidades y la perniciosa abulia de quienes se satisfacen simplemente con estar en nóminas y cobrar sueldos y prestaciones, sin pensar en la elevada tarea de formar y construir profesionistas de valía, eficiencia y eficacia.
El Instituto que preside Doña Dora Henríquez, con los titánicos esfuerzos de Luis Alberto Canales, Fernando Rojas y el resto del equipo, demuestran que las palabras de Hernán Cortés en el discurso que dirige a sus tropas en la isla de Cozumel, al emprender la conquista de la futura Nueva España son tremendamente presentes: “…a convertir en obras las palabras; y no os parezca temeridad esta confianza mía, pues se funda en que os tengo a mi lado, y dejo de fiar de mí lo que espero de vosotros”.
No hay obstáculo que no sea vencible siempre que se tenga la mirada fija en el horizonte y se marche con la firmeza de la convicción plena.
¿Por qué negar a los futuros abogados la oportunidad de aprender, al amparo de pretextos y excusas?
@jchessal