Recordé una frase del señor López dicha en su pasarela mañanera del 14 de febrero de 2024, en aquel entonces todavía presidente de México, que hoy viene “como anillo al dedo” (otra frase de López). En aquel día, refiriéndose a las publicaciones que cuestionaban su gobierno y el ya iniciado proceso electoral en redes sociales, López hablaba de ejércitos de bots que estaban dedicados a denostar y demeritar sus logros, por lo que abrió en su conferencia matutina diaria la sección “Quién es quién en los bots”.
En ese contexto, dijo el gurú cuatrotero: “Todo tiene una explicación, sí aplica esto de que ‘lo que no suena lógico suena a metálico’, siempre es el dinero, que es la mamá y el papá del diablo”.
Hoy carece de toda lógica la reticencia y la defensa de la presidenta y sus seguidores en cuanto a reconocer a los cárteles de la droga como agrupaciones terroristas. ¿Cómo le suena?
Analicemos un caso. El 17 de octubre de 2019, Culiacán vivió una jornada violenta cuando el Cártel de Sinaloa respondió con una ofensiva sin precedentes a la detención de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Durante varias horas tomaron el control de la ciudad, incendiaron vehículos, bloquearon vialidades y atacaron instalaciones militares y civiles. Las imágenes de hombres armados con fusiles de asalto y ametralladoras en camionetas blindadas, circulando por las calles sin oposición, dieron la vuelta al mundo. Al final, el señor López instruyó la liberación de Ovidio Guzmán, argumentando que se buscaba evitar una masacre.
El hecho generó un precedente peligroso: un grupo criminal sometió al Estado mediante el uso de la violencia y el terror. Si atendemos al contenido del artículo 139 del Código Penal Federal, los hechos del Culiacanazo encajan en la definición de terrorismo. Dicho artículo establece que se considerará terrorista a quien, mediante actos violentos, cause “alarma, temor o terror en la población” con el objetivo de presionar a la autoridad para tomar una determinación. No hay duda de que el Cártel de Sinaloa cumplió con estos elementos: usó la violencia extrema, sembró el terror en la población y logró su objetivo de obligar al gobierno a liberar a uno de sus líderes.
A pesar de esta evidencia, la administración de Sheinbaum y sus amigos han evitado, sistemáticamente, catalogar a los cárteles como organizaciones terroristas. El argumento es que estas organizaciones carecen de un fin político o ideológico claro, a diferencia de grupos terroristas convencionales.
Lo que llama la atención es que se digan sorprendidos los morenistas. El 27 de noviembre de 2019, siendo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anunció su intención de hacer la declaratoria que hoy es ya una realidad.
Siguiendo esa línea proteccionista inexplicable de abrazar y no combatir a la delincuencia, la entonces diputada federal Dolores Padierna dijo en esa misma fecha en un comunicado de prensa que las amenazas del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de incluir a los cárteles en la lista de grupos terroristas, eran un arrebato y no debían generar alarma. Padierna también señaló que la declaratoria y cualquier otra clasificación o etiqueta que le quiera imponer el mandatario estadounidense solo es parte “de su verborrea mediática a la cual ya deberíamos de estar acostumbrados”.
De manera errónea y con nulo conocimiento del artículo 139 del Código Penal federal, dijo Dolores Padierna que: “Los cárteles de la droga mexicanos, explicó, operan como verdaderas instituciones criminales de carácter internacional, pero no tienen una motivación política, religiosa, fundamentalista, social o ideológica para realizar sus acciones, por ello, no pueden clasificarse como grupos terroristas, sino únicamente como criminales de alcance internacional”.
Ante una realidad, vemos que doña Claudia le copia la plana a la entonces diputada, con la diferencia de que hoy la cosa va en serio.
Insisto ¿le suena lógico? ¿metálico acaso?
@jchessal