Esta semana conocí de manera virtual a Ansel Kiefer y les dejo la referencia por si quieren “googlelearlo”. Lo vi, no con el tiempo o la circunstancia que amerita, pero suficiente como para querer regresar a él virtualmente y a lo que hay detrás de sus piezas, interpretando el mundo, su belleza, su caos y su poesía.
Ya les he dicho que me refugio en esos sitios cuando el alma se cansa de escuchar tonterías oficiales, absurdos e inquietantes, de palabras de quienes deberían exhalar y transmitir certeza, coincidencias y no desencuentros y confrontaciones.
Con su nueva exposición como fondo en Gagosian, Le Bourget el artista y el historiador del arte James Cuno --y una presentación de ballet debut de Hugo Marchand, habla de dónde surgen sus paisajes, sus campos y sus tierras. Una de ellas es la memoria de los acontecimientos y la memoría de sus conocimientos, convertida en poesía en dos planos bajo la inspiración de los versos de Paul Celan. Se los dejo para la tregua entre la nota de los migrantes, los granaderos, la pregunta de referendum y lo que se aglutine en la opinión pública, antes de que alguien como ustedes, llegue hasta aquí.
De corazones y cerebros
De corazones y cerebros
brotan los tallos de la noche,
y una palabra, dicha por guadañas,
los inclina a la vida.
Mudos como ellos
soplamos al encuentro del mundo:
nuestras miradas,
cambiadas, para su consuelo,
avanzan a tientas,
nos llaman con oscuras señas.
Sin vista
se calla tu ojo en mi ojo,
caminando
elevo tu corazón a los labios,
elevas mi corazón a los tuyos:
lo que ahora bebemos,
calma la sed de las horas;
lo que ahora somos,
lo escancian las horas al tiempo.
¿Le gustamos?
Ni ruido ni luz
se desliza entre nosotros, a decir verdad.
Oh tallos, vosotros.
Tallos de la noche.
Paul Celan