“Nos respetan narcos en retenes”. AMLO.
Reten: “Control Provisional Preventivo Criminal”.
En los últimos decenios del siglo pasado, quién esto escribe tenía que recorrer un tramo considerable de una carretera que era, por decir los menos, paso obligado de bandoleros y narcos. Enlaza la ciudad de Toluca en el Estado de México con el Pacifico, atravesando por Ciudad Altamirano en el Estado de Guerrero para llegar a Ixtapa Zihuatanejo, la famosa carretera federal 134.
Célebre, porque es en la que sufriría un “accidente”, el político Carlos Loret de Mola Medíz, abuelo del periodista Carlos Loret de Mola. Mismo, que causó furor por un artículo que escribió en el Excélsior que tituló: “El ejército no da Golpes de Estado, los recibe”. El vehículo Mercedes Benz del político y periodista cayó en una de las tantas barrancas de la 134 a más de 150 metros de profundidad, conocida como Filo Mayor, muriendo él y una acompañante.
Mucho se especuló de ese accidente, ya que fueron enterrados los cuerpos en una fosa común en Vallecitos de Zaragoza y también porque Don Carlos previamente había pasado por un retén militar en el poblado “El Cuirindalito”, donde le habían decomisado una pistola calibre .38 con todo y permiso del propio Secretario de la Defensa el General Arévalo Gardoqui.
Para poder rescatar la placa metálica de identificación del vehículo, y constatar que era el vehículo del político el que se había accidentado, un helicóptero de la entonces PFC, descendió a la profundidad del barranco y en su ascenso fue alcanzado por una racha de viento que lo precipitó al talud de la carretera, y tristemente falleció el Capitán Amezcua.
Bueno, el caso es que era o ¿es? Una carretera vigilada, como casi todas actualmente, patrullada y con controles de paso por toda suerte de autoridades y de pobladores que hasta con un simple mecate atravesado en la carretera paraban a cualquier vehículo. Sabían quién subía y quién bajaba. Una vía importante de conexión y tráfico de marihuana y opio, en ese entonces.
Como decía San Tomas, el hombre como microcosmos, como un mundo en miniatura, las carreteras son en sí microcosmos, tramitos pequeños que tienen su propia vida paralela, nacen, viven y mueren en razón de ella sus pobladores a la orilla de la misma y de aquellos que las transitan diariamente. Todo lo inimaginable acontece en las carreteras mexicanas.
Si, es una utopía el 11 constitucional: “toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar su residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes”.
TAPANCO: Pequeños feudos criminales. No puedes entrar a México sin un pollero y salir sin ser mercancía humana, viajar por la República es ya un deporte extremo, existen cientos de miles desplazados por el crimen organizado, recientemente en comunidades de Chiapas. Un conocido me dijo que por la inseguridad ya radica en su casa de San Antonio Texas, mínimo ocho meses del año; le digo, ¡Ah!, eres un desplazado VIP.
Hoy, necesitas pagar para cruzar de un lado a otro, cartas de seguridad por previo pago de cuota de paso, hay claves de paso para transportistas y no ser molestados hasta su destino, previo moche claro. Existen salvoconductos para ingresar a zonas controladas, valles, montañas, ríos e inclusive lagunas. Y si señor Presidente, hay retenes del crimen organizado y drones sobrevolando amplios tramos de caminos y carreteras. Existen sistemas de CCTV o cámara trampas en caminos de aeropistas, sembradíos, casas de seguridad y de almacenamiento.
@franciscosoni