Salud universal

“En marzo tenemos resuelto 

el problema de la salud pública. Vamos a tener funcionando el mejor sistema de salud pública del mundo”. 

Andrés Manuel López Obrador, 21.11.2023

Es difícil suponer que fue un golpe de suerte. Alguien hizo un buen trabajo de relaciones públicas o repartió mucho dinero. La semana pasada la presidenta Sheinbaum se hizo viral en redes, pero no en México, sino en Estados Unidos y otros países, por su “servicio universal de salud”. 

El 23 de mayo una cuenta de X llamada Spot World Affairs, de 75,800 seguidores, publicó unas simples líneas: “La presidenta mexicana anuncia un servicio de salud universal gratuito para 130 millones de ciudadanos empezando el año que viene”. Nada más, no había un artículo; solo una fotografía de la presidenta. El mensaje tuvo, sin embargo, 4.3 millones de vistas. Nancy Sinatra, la cantante, comentó: “Así que México puede pagar esta gran cosa para su pueblo, pero EUA, el país más rico del mundo, ¿no puede?”. Esta sola respuesta obtuvo un millón de vistas. 

NewsWire, otro servicio en X, publicó antes, el 11 de abril, también unas líneas con una foto de la presidenta: “Sheinbaum firma un decreto que establece servicio universal de salud para todos los mexicanos”. Nada más, pero tuvo 1.5 millones de vistas. Otros mensajes en redes anunciaron o ensalzaron el nuevo “servicio universal de salud” de México, sin aclarar nunca que hasta ahora es solo una fantasía. 

Xavier Tello, especialista en salud pública y autor de La tragedia del desabasto, ha escrito en LinkedIn: “En el papel, el anuncio parece el tipo de reforma estructural que los diseñadores de políticas públicas de todo el mundo (y particularmente de Estados Unidos) han debatido por mucho tiempo y se han esforzado en aplicar. No sorprende que el mensaje haya viajado bien. Parecería que México está logrando lo que naciones más ricas no han podido: una cobertura universal de salud. El problema es que no está ocurriendo. No está ni siquiera cerca”. 

Parte del problema es de dinero. El gasto total en salud en México alcanza 5.9 por ciento del producto interno, contra un promedio de 9.3 en la OCDE. En dólares ajustados por paridad de compra, nuestro gasto es de 1,588 dólares por persona, “apenas una cuarta parte del promedio de la OCDE”. Además, solo una cuarta parte viene en México de fondos gubernamentales. En contraste, en los países de la OCDE el “financiamiento público”, “que combina el del gobierno y los seguros obligatorios”, “cubre alrededor de tres cuartas partes del gasto en salud”. En México, una tercera parte sale de los bolsillos de las familias, lo cual puede destruir el patrimonio familiar en enfermedades catastróficas. 

El servicio universal de la presidenta no resuelve ningún problema de fondo. No elimina la centralización y burocratización del sistema, no etiqueta más fondos. Repartir tarjetas para que quienes no tienen seguridad social puedan atenderse sin pagar en el IMSS y el ISSSTE solo deteriorará más el servicio de estas dos instituciones. Lejos de resolver los problemas del sistema, la presidenta está condenando a la quiebra al IMSS y al ISSSTE. 

López Obrador quiso resolver los problemas del sistema de salud con costosas ocurrencias: acabó con el Seguro Popular, eliminó las compras consolidadas del IMSS, creó el INSABI para luego abolirlo, le dio al IMSS Bienestar una carga imposible de sobrellevar y construyó la Megafarmacia. A cada paso dijo que esto nos llevaría a tener un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. Hoy la presidenta sale con la afirmación de que, si reparte tarjetas, México tendrá un servicio universal de salud. Es un engaño. 

Sin clases

La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, anunció ayer que el secretario de educación Mario Delgado le informó que “el 11 de junio no habrá clases de educación pública básica, primaria, secundaria y media superior” por la inauguración del Mundial. El circo es más importante que la educación. 

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