Día de los “santos inocentes”, de bromas ligeras o pesadas que pueden menudear y llevarnos a caer en la trampa de, por ejemplo, prestar bienes propios para que, luego, nos digan que no serán devueltos porque… así es la tradición de tanto tiempo atrás. Día, también, de noticias en falso para que… si no llegas a caer, termines por resbalar. Día en que es “permitido” mofarse de la (in)credulidad ajena, espetando el clásico enunciado: “inocente palomita que te dejaste engañar, no sabiendo que hoy es día que no te puedes confiar”.
Pero hay desde palomitas de maíz con sabores varios, hasta santos a los que no les llega tanto la lumbre que los pueda quemar… ni tanto que no los pueda alumbrar. Y, dentro de ese berenjenal, aún es posible encontrar “inocentes” que alegan no romper un plato, pero ya tienen la vajilla completa hecha pedazos. Se trata de aquéllos que no solamente no se dejaron engañar sino que, por el contrario, pretendieron engañar a todo mundo, pero la hebra se les reventó, finalmente, por el hilo más delgado.
Personajes de cierta clase política, por ejemplo, empeñados en cubrir las apariencias mientras se despachaban con la cuchara grande del erario, abusando de la confianza del pueblo hasta que éste, cansado de tanta tranza, ya no se deja engañar tan fácilmente y se apresta, desde hace rato, a poner a cada quien en su lugar, cuando sea necesario. Que los “santos inocentes”, pues, ya no sea una metáfora del abuso cotidiano, sino mera anécdota ligada a una tradición religiosa que alude al recelo político de aquel poderoso que no digería que un nuevo rey le hiciera sombra al caminar.
Lecturas e interpretaciones variadas se pueden hacer de la narrativa, mitos y tradiciones de la religiosidad cristiano-católica, pero como se ha dicho por allí, se reconoce que estos días representan la esperanza renovada de un mejor amanecer, fincado en la palabra de quien siempre defendió a los débiles y a los pobres, en un mensaje de paz y armonía con nuestros semejantes que sigue alcanzándonos todavía. Hay quienes han visto, en el Apocalipsis, por ejemplo, un libro que subvierte los símbolos de fraternidad de otros capítulos bíblicos (como en el clásico texto de D.H. Lawrence), pero terminan por admitir que no es lo mismo la “cristiandad” (que desde la Baja Edad Media priorizó el dominio terrenal), que el cristianismo (aún el más primitivo) que hacía de la comunidad humana su horizonte de verdad.
Así las cosas, si el día de hoy le dicen algo así como “los marcianos llegaron ya”, pregunte si lo hicieron bailando cha, cha, chá; entre bromas y veras, lo importante es no dejarse engañar porque, luego, no falta quien pretenda hacer de la necesidad una malsana virtud, sobre todo en ésta época de acelerada comunicación a través de las redes sociales digitales, y se puede terminar agarrando fuera de base hasta a quienes se asumen como las meras cuerdas de cualquier trompo que a la uña se puedan echar, como le pasó a una conocida conductora de televisión que se adelantó a este día y ahora se dice inocente palomita en el caso de una renombrada actriz del cine nacional que, aseguraba, ávida de lucrar con la primicia, no tardaría en dejar el plano terrenal. En fin, ya casi se acaba 2021 y solo resta desear que 2022 sea mejor en todos los aspectos.