Ser o no ser

Seguramente Usted ha ido atendiendo a lo largo de las últimas semanas los movimientos de los “precandidatos” a la Presidencia de la República por las diversas coaliciones, dándonos cuenta que se tratan prácticamente de campañas en forma, aunque “dirigidas” a sus respectivos órganos electores; los afanes de las y los candidatos independientes sí conllevan un trabajo real, sea para obtener las firmas ciudadanas de manera legítima, o para comprar la base de datos del padrón, o robar datos sin consentimiento de sus titulares –aiga sido como aiga sido, dijera el clásico etílico– sin que el Instituto Nacional Electoral se de por enterado.

Me pregunto por qué no existen en nuestro país unas elecciones primarias reales que nos alejen de cualquier simulación, de ese modo podrían inscribirse todas las personas que lo desearan e ir participando en los procesos internos de los partidos sin temor a dados cargados, trampas y marrullerías.

La inexistencia de mecanismos abiertos y transparentes al interior de los partidos permite la toma de decisiones discrecionales, y la consiguiente violación disfrazada de los derechos políticos de los militantes de tales institutos, mire si no lo que ha ocurrido al interior –por ejemplo– del Partido Revolucionario Institucional PRI en donde a por lo menos dos fuertes aspirantes potosinos les impidieron inscribirse rumbo al Senado de la República.

Puse el ejemplo más clásico –el PRI siempre ha tenido el serio problema del dedazo– y reiterado, pero en todas las franquicias ha ocurrido en mayor o menor medida.

Es una regla nueva, prácticamente en todos los partidos, que se puedan anotar ciudadanos no afiliados, lo que significa un avance sin precedentes, pero cómo los traten al interior ya es harina de otro costal.

Las coaliciones nacionales y los pactos entre las dirigencias centrales han acarreado otros muchos problemas, que si bien en algunos casos han ido solventando, en otros agrieta poderosamente la estructura electoral que pretendían armar.

Aterrizar luego esos pactos y coaliciones en el contexto local potosino tiene también sus campanadas, porque hasta el momento la única que lo hizo sin aspavientos –aunque sí con algunos problemas que todavía no se solventan– fue la coalición “Juntos haremos historia” que integran MORENA, el Partido del Trabajo PT, y Encuentro Social PES; su pares, conformadas por el PRI, Partido Verde Ecologista de México PVEM y Nueva Alianza PANAL, no lograron conformarse en San Luis Potosí, ni siquiera de forma parcial, lo que evidenció la rispidez de las negociaciones, dado que además pretendían sumar al estatal Partido Conciencia Popular PCP; y el Frente por México integrado por el Partido Acción Nacional PAN, el Partido de la Revolución Democrática PRD y el Movimiento Ciudadano MC, hizo su presentación estatal de manera parcial, en pocos municipios nada más, y sin decir media palabra sobre las diputaciones locales.

Los problemas de “Juntos haremos historia” palidecen frente a la problemática que enfrentan el PRI, PVEM, PANAL y PCP, porque hemos oído de todo, desde que no se ponen de acuerdo en lo más elemental, hasta que los llamados partidos “chicos” están pidiendo la propiedad del Santo Grial y los priistas no acaban de rechazar las candidaturas, al tiempo que a los buenos posibles candidatos los rechazaron primero.

Sin embargo los problemas del priismo y sus aliados apenas comienzan, se irán a peor, así que podemos dejarlos en paz un tiempo, que ya bastantes dolores de cabeza padecen, pero oiga, los que está teniendo el PAN sí que dan para escribir el guión de un tremendo culebrón, un auténtico embrollo, cual telenovela de horario estelar.

Y es que no es para menos, mire Usted: Desde que Xavier Azuara Zúñiga inició a encabezar la dirigencia estatal hubo de darse cuenta que el partido estaba hecho pedazos, no sólo por la derrota a la que los llevó la Senadora Sonia Mendoza Díaz en su aventura electoral por la gubernatura y la suya propia a la alcaldía, sino por el reparto de puestos, señaladamente los del Congreso y las regidurías; ahora resulta evidente que las heridas siguen abiertas, y que este proceso electoral puede significarles una división aún más grande si no toman las decisiones acertadas.

En ese tenor polarizado el PAN eligió dirigencias municipales, entre ellas la de la Capital del Estado, proceso interno que para nada fue suavecito y en el que hubo más litigios en tribunales que consultas a la militancia; finalmente se impuso Max Jasso Padrón e inició sus trabajos por construir oposición a eso que llaman “gallardía” y que ni Dios sabe que sea, de manera pertinaz, por momentos muy enérgica, la posición de PAN capitalino fue dibujando una réplica continua, contundente y claridosa a los excesos de los Sumos Pontífices de color pajizo, reencauzando incluso a su extraviada fracción en el Cabildo –de la que por momentos parecía que sólo tenía regidoras– y mostrando a la ciudadanía que estaban dispuestos a señalar sin miedo las malas cosas del gobierno amarillento.

Huelga decir que el propio Azuara se erigió en crítico al PRD y a sus gobiernos, señalando en no pocas ocasiones que eran populistas y clientelares, además de opacos y promotores de la violencia.

Todo marchaba como en día de campo, hasta que en la estrategia nacional panista se planteó que irían en coalición con sus históricos adversarios, y en San Luis, sus más encarnizados.

Ahora el PAN potosino se debate entre dos amores, por un lado, consolidar e impulsar sin dobleces la alianza nacional del Frente por México que postula a su exjefe nacional Ricardo Anaya Cortés, llevando su alianza a todos los estamentos locales, y con ello garantizar sin fisuras el triunfo de Anaya; y por otro lado, evitar que la necesaria fusión electoral con el PRD no acabe por borrarles del mapa local, de hacerles perder su identidad política, y manchar su marca electoral. Entre tanto, si son pollos o gavilanes, el PAN ya perdió un escaño en el Senado –que ya tenían– y la posibilidad de tres en San Lázaro, y eso que aún faltan cinco meses para las votaciones; ya nomás faltarían sus decisiones municipales, no les vendría mal un perredista de candidato, aviar o vergonzante, dolerá igual.

Ingenuidades

De cuando en cuando le recordaré que no sea Usted mula, que no tenga la ocurrencia de andar votando por lángaras, delincuentes y corruptos… ya se perfilaron varios de ellos, Usted ya los vio… una al Senado, dos a diputados federales… de veras que el PRI no entiende, teniendo gente decente salen con su batea de babas.

leonelserrato@gmail.com