Malabarismos macabros. En los templos católicos —y en las calles, caminos y veredas de muchos pueblos— empiezan las conmemoraciones del tormento y muerte de Jesucristo. Numerosos participantes de estos rituales llevan clavada una espina en el corazón por sus propios muertos o desaparecidos o “todavía sin identificar”, la nueva columna de víctimas de los cárteles inventada por el régimen para adelgazar la de muertos en sus macabros malabarismos estadísticos que elabora para el autoengaño.
A quién engañan. Porque es imposible engañar a un pueblo —o a una sociedad— que vive en la inseguridad y el temor en grandes territorios bajo control de las bandas criminales. O a merced de la guerra entre ellas bajo la ley de la selva, del más fuerte, una vez destruidas por el propio régimen las instituciones del estado de derecho. Y menos factible sería engañar a Trump y a sus halcones con esos reacomodos de cifras, si con ellos se busca quitarse de encima su amenazante supervisión de México desde la premisa de que el país está gobernado por los cárteles.
Camino de cruces. Quién sabe si a los niños del catecismo de hoy —sobre todo en los territorios “gobernados” por los cárteles— tampoco les dijeron —como a los de mi remota infancia— que “vía”: camino y “crucis”: cruces significaba “camino de cruces”, o señalado por cruces y altares, construidos en las últimas moradas de los muertos. En México hay también caminos de altares, como los que flanquean a los peregrinos en la Calzada de Guadalupe, o en la de los Misterios, rumbo a la basílica del Tepeyac. E igual se suele referir la expresión al camino que debían recorrer los penitentes cargando la cruz rumbo al calvario, como Jesucristo.
Fosas sin nombres. Las palabras en latín, incluso las misas en latín del pasado le agregaban a la práctica religiosa el atractivo del hermetismo y el misterio. Pero para los niños de varios estados no hay misterio ni cruces en los caminos de Sinaloa, Guerrero, Michoacán, entre otros, porque sus muertos de los caminos yacen en fosas clandestinas: el objetivo de madres buscadoras para poner una cruz por sus deudos en el camino en que los “levantaron”, “cazaron” o “ejecutaron”: para llevar el vía crucis de sus vidas en paz.
La neolengua. La inventiva engañosa de los no informes del régimen no parece tener límites. No sólo en materia de inseguridad y violencia. Todavía no informa del origen de la mancha de petróleo que causa estragos ecológicos, hace perder a los pescadores veracruzanos la venta de Semana Santa y amenaza con llegar a las costas de Texas y provocar algo allá. Todavía en la mañanera de ayer la presidenta ofreció investigar lo que se publica en la prensa, reforzando la especie de que se encubre a otro hampón del huachicol inserto en el poder político. La secretaria de Medio Ambiente ofreció una muestra acabada de la “neolengua” de 1984, la novela cumbre sobre el totalitarismo, de George Orwell: “No es derrame: es descarga”.
Sala de redacción chafa. Si la función de la Comisión de Derechos Humanos es ahora encubrir o justificar excesos de los aparatos de seguridad, la secretaría del medio ambiente sirva ahora para proteger a sus depredadores. Acertada, la observación del fundador del Cisen, Jorge Carrillo Olea, reunido por La Aurora con otros cuatro exdirectores de ese organismo: “El gabinete de Seguridad es como una mesa de redacción de tercera” en la que —digo yo— seguro deciden qué se pública, qué se oculta, qué se distorsiona, a quién se culpa.
@JoseCarreno
(Académico de la UNAM)