Entre la serie de recuerdos que he venido integrando aquí las últimas semanas, intercalo hoy una de mis columnas habituales para volver más adelante con aquéllos y así alternar los meses siguientes.
El pavor y la locura de López Obrador lo forzaron a salir y confirmar la narrativa que le dicta a Sheinbaum. En su disparatada encíclica defiende a su partido y a los narco-gobernadores que impulsó. Igual dice que Trump era bueno, pero ¡se volvió malo… por sus asesores!
Es el responsable del actual desastre y ahora no sólo pone en riesgo el gobierno de quien él eligió; también la viabilidad del país.
Las farsas en defensa de sus amigos delincuenciales recurren al concepto de soberanía como escudo protector. Simulan un poder político de principios jurídicos a partir de elecciones populares, pero eso se ha viciado a su conveniencia.
En México la soberanía se quebranta porque gran parte de la población es muy pobre, amplias regiones están bajo control del crimen organizado, el gobierno es demasiado inepto y corrupto, la frágil economía ya no crece, y se agravan los desencuentros con un vecino muy poderoso que se ve afectado y desafiado. Todo ello incrementa la vulnerabilidad de nuestro país.
Dicen que con los acusados de narcoterrorismo se da un caso de injerencismo, pero entre México y Estados Unidos se tiene un tratado de extradición que está vigente y con reglas explícitas.
Y el problema no sería que otro país investigue acá algo que realmente le afecta, sino que México no investiga eso que también nos daña a nosotros. No lo hace tras los pactos de impunidad, que vienen de décadas y ahora se han desbocado con una elevada criminalidad, junto a facetas electorales que los deslegitiman.
Son numerosos los contrasentidos, como aferrarse a una impunidad que se ha desbordado desde el nivel más alto el sexenio anterior. Gobernar pasa así a segundo plano.
La idea obradorista de mantener el poder en forma indefinida a pesar de sus claros fracasos, no choca tanto con Trump o la oposición interna, sino con la realidad: esos desastres y su descrédito. De entrada, ojo, un país sin posibilidades de crecimiento económico no tiene futuro.
Y no es cuestión de sólo entregar a Rocha y sus sinaloenses, sino también a muchos más… con graves consecuencias para el movimiento y su fundador.
Persiste la esperanza de que con votos vamos a salir de ésta: que si en el 2027, o en el 2030 con Harfuch o Anaya o De la Madrid… Recordemos aquí al politólogo británico Karl Popper: “Hay que sustituir la pregunta ¿quién debe gobernar? Por esta: ¿cómo organizamos instituciones políticas para impedir que gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño?”.
A su vez, el obradorismo continúa con sus intenciones de anular elecciones a modo y prolongar el mandato de sus magistrados electorales. Resuena la frase atribuida a Cicerón: “Mientras más cerca está el colapso de un imperio, más demenciales son sus leyes”.
Con todo, esos intentos de poco les van a servir en medio de un colapso económico-social. La economía va de mal en peor.
Es tal la decepción con “la política” y los malos gobiernos, que Carlos Slim diserta sobre cómo se debe manejar la economía nacional (sin criticar a la 4T, que tanto lo consiente), lo cual me recuerda que el Premio Nobel Paul Krugman hizo ver que los grandes empresarios suelen favorecer sus intereses, pero difícilmente entienden Macroeconomía.
Otros, como el cuestionable Ricardo Salinas Pliego, tendrían menos idea de cómo gobernar, si incluso se inclinan por que desaparezcan los gobiernos y los impuestos, en busca de ‘libertad’.
Ante el derrumbe de la credibilidad presidencial hay ciudadanos que festejan, en tanto que otros ya no quieren saber nada de cochineros. De poco sirven una y otra reacción.
Miren, luego de su pésimo gobierno, López Obrador dicta lo que le interesa a él y sus cercanos, sin atender lo que requiere el país. No le preocupa sacrificar a Sheinbaum y a México, con tal de salvarse él mismo… hoy y en la historia.
Y al hacer que la presidenta desafíe al gobierno del abusivo Trump con desplantes políticos, sólo la empuja a más desgracias… como su inmolación.
Creo que tenemos que exhibirlo y denunciarlo, ahora más que nunca.
La soberanía nacional no está para defenderla con discursos, y menos contra Estados Unidos. Coincido en que la protegeríamos mucho mejor con fiscalías capaces de investigar a criminales en un auténtico estado de Derecho.
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