Sofo Democracia

Uno de los principales críticos de la democracia en tiempos de la Grecia Clásica fue el entonces joven filósofo Platón, quien fue enfático en señalar los riesgos que corren los pueblos cuando se gobierna en nombre de una multitud, misma que, convertida en masa sin control ni formas de discernimiento previo, pueden llegar eventualmente a cometer atrocidades e injusticias tal como ocurrió en aquellos tiempos con el sabio Sócrates, víctima de un sistema si democrático pero a todas luces imperfecto. 

Con el devenir de los años, el joven Platón maduró, en ese devenir entendió, con base en experiencias y vivencias propias, como la democracia per se no era un sistema del todo negativo, por el contrario si se lograba evitar su expresión más primitiva que es la demagogia, era posible alcanzar una forma de vida ordenada en que los habitantes de las polis tendrían gobiernos que privilegiaran el bien común por encima de medidas populares que sólo dieran sensación de satisfacción a las masas. 

De modo que, en su obra Las Leyes, Platón habla por primera vez de una Sofo Democracia, un modelo híbrido en el que fundamentalmente propone que aquellos que accedan al poder político a través de la vía democrática sean las personas mejor preparadas para enfrentar los retos que supone el ejercicio del gobierno, pero que, en el caso de que esto no ocurra así, quien acceda a los cargos públicos tenga como obligación el obtener la mejor preparación para encabezar tan importante tarea. En ese sentido Platón sostenía: “que los filósofos de hagan Reyes o bien que los reyes se hagan filósofos.” 

El moderado Platón deja entrever en su análisis, que en las democracias el pueblo debería elegir en una contienda entre los mejores, y da por hecho que, en las Polis de su tiempo sus habitantes electores son personas que han tenido acceso a una formación cívica. 

Luego entonces, tan importantes reflexiones platónicas, nos conducen necesariamente a los tiempos actuales, a efecto de verificar la vigencia de sus postulados, aplicados por supuesto a democracias más que imperfectas como las que vivimos en prácticamente toda Latinoamérica. 

La premisa que de inmediato destaca, es que Platón suponía -en su realidad y tiempo-, que los electores deberían al menos haber tenido acceso a disciplinas como las ciencias, las artes y la filosofía para mejor elegir; en el caso de nuestra realidad el fallo de la mayoría de las democracias latinoamericanas es el muy escaso acceso de sus poblaciones a sistemas educativos de calidad, es decir, que el sueño platónico “sofo democrático”, se ve truncado colocándose en riesgo grave ante una mala decisión desde el mismo momento en que ésta se toma. 

No obstante lo anterior, nada está perdido, pues el buen gobierno puede aparecer, según Platón, en la medida en que el gobernante de a poco se aproxime más al filósofo, entendiendo a la filosofía como el más profundo amor a la sabiduría, que va acompañado siempre de las ciencias, el arte, pero sobre todo de la práctica de la virtud. 

En conclusión, Platón no deja de ser actual, y al trasladar sus ideas a nuestros tiempos se coloca el dedo en la llaga, advirtiéndose lo que le ha dolido a las democracias latinoamericanas desde su origen, los pueblos requieren modelos educativos accesibles y de calidad, en los que además de enseñar a leer y escribir a la niñez, el magisterio ocupe gran parte del tiempo académico en formar ciudadanía, para que, pensando platónicamente un día sea posible acceder quizá, a la Sofo Democracia como un verdadero punto intermedio, aquel del que hablaba otro fuera de serie (Aristóteles), el llamado Justo Medio. 

Excelente inicio de semana.