Stay home…life is beautiful

La mayoría de la gente con acceso a redes sociales y conexión a internet ha podido ver imágenes de todas las regiones del mundo, en donde las muestras de entusiasmo permiten sobrellevar este evento tan extraordinario que vivimos en todo el orbe. 

Hoy he querido ver con todos los lectores, solo aquello positivo que esta pesadilla mundial ha traído consigo.

La edición de este periódico del martes dedica un espacio a cincuenta imágenes que así lo muestran: letreros en muros a pie de calle, banquetas con arco-iris de colores en los accesos a los hospitales con leyendas de esperanza y buena voluntad, gente tocando algún instrumento en la ventana de otra persona, jóvenes entregando comida o haciendo mandados a quienes no lo pueden hacer por sí mismos, médicos abrazándose en trajes especiales; animales inspeccionando casas habitación o entornos de resorts, canguros en ciudades desiertas, fiestas en los balcones y personal médico recibiendo equipo para tratar a los pacientes.

Todas ellas revelan el lado bueno del planeta y la parte noble de muchos de quienes lo habitan. Ese lado que hoy nos cuesta tanto apreciar. Y si bien la maldad subsiste, eso no ha limitado a cientos de miles de personas por mantener la calma y sobrellevar las circunstancias de la mejor manera, esperando que el confinamiento nos deje no tan solo desastres económicos o pérdidas de seres queridos y de personas desconocidas.  Sino un gran aprendizaje sobre lo que es importante no en apariencia

El haber experimentado semanas en claustro doméstico es una de las cosas más extrañas y atípicas que viviremos los que llevamos ventaja en eso de los años. Quizá, como dicen algunos futurólogos, ésta comience a ser una situación recurrente para las generaciones futuras.

Es cierto que no todos tienen acceso a internet, pero también estoy segura que esas personas han podido experimentar la solidaridad de gente sin filiación política o religiosa; gente que siente la carencia, la soledad, el desánimo del otro, como en carne propia y que por ello se organiza para que muchos otros ofrezcamos nuestra ayuda, haciendo sándwiches cada semana para quienes no tiene con que allegárselo.

Coincido con la frase de un muro en alguna ciudad del mundo que reza: 

“quédate en casa: la vida es maravillosa”