Talento, mas no título

La eliminación de Francia en el Mundial 2026 recuerda grandes equipos talentosos sin título mundial.

No siempre el equipo más talentoso es el que levanta la copa. El ejemplo más fresco y doloroso lo acabamos de vivir este martes en Texas, donde la selección francesa —repleta de una constelación de estrellas, especialmente de tres cuartos de cancha hacia adelante, tanto en el once titular como en el banquillo— se estrelló de frente con la realidad. Sin restar mérito a una España sobresaliente que supo neutralizarlos por completo, el adiós de los galos nos obliga a mirar al pasado.

La historia de los mundiales tiene capítulos enteros reservados para aquellos gigantes que maravillaron al planeta pero se quedaron con las manos vacías. Estos son los más memorables:

El Maracanazo de 1950: El carnaval interrumpido

Brasil era una aplanadora total en su propia casa. Liderados por un implacable Ademir (goleador del torneo con 9 dianas) y un Zizinho elegido como el mejor futbolista del campeonato, el cuadro amazónico llegó a la última jornada con la mesa servida para festejar. Sin embargo, ante casi 200 mil almas en el mítico Maracaná, la férrea defensiva de Uruguay y el coraje charrúa firmaron la tragedia más grande en la historia de la canarinha.

El Milagro de Berna de 1954: Los "Magos" sin corona

Aquella Hungría de oro, comandada por el revolucionario estratega Gusztáv Sebes y el legendario Ferenc Puskás, cambió la forma de entender el juego. Implementaron un sistema táctico flexible y dinámico adelantado a su época. En Suiza 54 barrieron a sus rivales imponiendo un récord de 27 goles anotados. Llegaron invictos a la final, pero Alemania Federal obró el "milagro" y los venció 3-2 en una de las tardes más sorpresivas de este deporte.

La "Naranja Mecánica" (1974 y 1978): La revolución inconclusa

Los Países Bajos de Rinus Michels y Johan Cruyff introdujeron al mundo el "Fútbol Total". En 1974, destrozaron a potencias como Argentina (4-0), Alemania Democrática (2-0) y Brasil (2-0). Parecía que la final ante Alemania Federal sería un trámite tras ponerse en ventaja al primer minuto, pero la pegada de Gerd Müller apagó la fiesta naranja.

Cuatro años más tarde, en Argentina 78, la oranje volvió a acariciar la gloria. Llegaron sin Cruyff, víctima de un violento intento de secuestro en su casa de Barcelona meses antes —un suceso que durante años alimentó el mito de un boicot político contra la junta militar argentina—. Dejando en el camino a Italia y Alemania, volvieron a tropezar en la final, esta vez frente al empuje local de Mario Kempes. Dos subcampeonatos para la generación más influyente de la década.

El Brasil de 1982: La poesía derrotada por el pragmatismo

Para muchos románticos, este es el mejor equipo que jamás ganó un Mundial. El mediocampo diseñado por Telê Santana era pura fantasía: Zico, Sócrates, Falcao, Toninho Cerezo y Éder personificaron el jogo bonito en su máxima expresión. Devoraron la fase de grupos con 10 goles a favor y despacharon a la Argentina de Maradona por 3-1. Pero en Sarriá se toparon con la astucia italiana y un inspirado Paolo Rossi, cuyo triplete firmó un definitivo 3-2 que rompió el corazón de millones de aficionados alrededor del planeta.

¿Una nueva página en el libro de los gigantes caídos?

¿Pertenece esta Francia de 2026 a esa selecta y agridulce categoría? ¿Exageramos al poner la eliminación de Mbappé y compañía a la par de las grandes tragedias históricas?

Solo el paso de los años pondrá en su justa dimensión a una plantilla que sobre el papel asustaba, pero que en el momento cumbre se quedó sin respuestas ofensivas —marchándose de la semifinal sin lograr un solo remate directo al arco de Unai Simón—. Al final de cuentas, nos queda ese sabor amargo de saber que tenían el potencial para dominar el mundo, pero el fútbol volvió a recordarnos su regla más sagrada: el talento emociona, pero en la cancha, el rival también juega y siempre tiene la última palabra.