Tejiendo el 2024

Como quien teje con hilo invisible empieza el año: pletórico de novedad y encanto como si después de seis décadas no conociéramos este inicio que se anuncia con fanfarrias, aplausos, uvas y espumosos para acompañar una celebración con tarros de ponche, copas con burbujas y abrazos. 

Siento ternura ante la candidez con la que despedimos el año que termina y abrazamos el que se inicia como si nos invadiera una súbita ingenuidad cubierta con un betún hecho de esperanzas y deseos por mejorar lo que a nuestros ojos debe mejorarse y eliminar lo que no nos ha dado resultado. Y henos aquí recién acabado el brindis con los deseos y los propósitos por convertirnos en una especie de bien. Y no me desagrada ni me burlo de la idea. Solo me gustaría que tuviera un delicioso centro de consistencia y conciencia para que todo lo que manifestamos durante los últimos minutos del año viejo, tuviera el andamiaje necesario para erigirse y así ponernos en el camino de cumplir y acercarnos lo más posible a las metas figuradas en nuestros propios idearios. 

Pero quién dice que no es al menos buena señal imaginar sobre un papel o frente a nuestro mejor amigo, la realidad en la que nos gustaría habitar ¿Por qué no creer que podemos madrugar al menos unas tres veces por semana, diseñar una dieta que nos favorezca o bien leer al menos un libro al año? Quien lo intente al menos va de gane...creo. 

Por supuesto hice mi proyecto anual; así con letra manuscrita y bien hecha; le asigné prioridades y fechas y nada más de imaginarme el escenario de mis propósitos para el 24, salté de gusto en mi corazón y los ojos me sonrieron y los demás pensaron que me había bajado la presión de lo relajada que resulté parecer... bueno no tanto pero así se escucha más emocionante. 

Fuera de bromas, creo que nos hemos inventado estos ciclos de 365 días para darnos un break que nos permita tomar aire para la aventura que implica reiniciarnos en la vida al final de estas 52 o 53 semanas del 2023. Terminar un año es como pasar por un puesto de abastecimiento en una competencia de fondo, es como llegar a un refugio antes de iniciar el camino hacia alguna cumbre o como tomar aire al llegar al extremo de una alberca de 50 metros para volver sobre el carril hasta completar la distancia que nos hemos propuesto. 

Y en este juego psicológico de cambio anual, automáticamente entramos en un proceso de análisis de lo vivido en esos doce meses: una decantación de lo inútil, un aprecio por lo perdido y un anhelo por ensayar y explorar nuevos territorios emocionales que nos lleven a un destino labrado por las experiencias de vida hasta ahora recorrida. 

Me gusta la idea de reiniciar, rediseñar, retomar, desechar, reconstruir, innovar y observar a la distancia del transcurso del tiempo. Como el artista que toma distancia de su obra antes de lar la siguiente cincelada o pincelada sobre el lienzo. Me siento afortunada de poder estar aquí, en este nuevo ciclo reconociendo la sutileza de las cosas sencillas en el contacto con otros y con la naturaleza y la profundidad y riqueza de los momentos a solas, así como de los encuentros sinceros y breves con los que la vida nos obsequia más de una vez durante estas doce lunas que tendremos el privilegio de observar. Quizá en este ánimo de “estreno” nos demos la oportunidad de tomar mejores decisiones y de responder en agradecimiento simplemente por el hecho de haber llegado a este mundo. ¡Que tengan un gran inicio de año y doce meses de amorosas lecciones durante este 2024, como tejiendo con madejas de hilo invisible una vida llena de generosidad y buena voluntad!